15 de mayo de 2021
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Por un líder

31 de agosto de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
31 de agosto de 2020

Resulta interesante, por decir lo menos, lo que se ha venido dando en el Centro Democrático. Todo a raíz de la detención domiciliaria que le ha proferido la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia al expresidente Uribe.

De una parte, aparentemente algunos dan por descontada la desaparición de Uribe del panorama político nacional por lo que alguien debe asumir la jefatura y saltar a la arena política con el vigor que el jefe siempre mostró, ya que los contradictores son fuertes y se muestran mucho más, dado el apoyo tácito que han recibido de algunos sectores de las cortes, como quiera que desde allí está armada una batería de acusaciones contra quién ha mantenido las banderas políticas del partido en alto hasta hoy. Claro está, este nerviosismo tiene asideros en lo que hasta ahora ha demostrado la Corte en la pretendida participación de Uribe en las declaraciones no conseguidas de un paramilitar, en lo que todo es posible, máxime cuando en el pasado al exministro Arias le condenaron por “dolo de pensamiento”, algo absurdo en materia penal, pero argumento válido para haberlo condenado a 17 años de prisión.

Y ese Partido, en su afán de encontrar a ese alguien, ha recorrido los nombres de los más destacados y activos militantes, y hasta han buscado promover a uno de los hijos del inmolado, en repetición de lo que Colombia ha realizado cuando uno de sus adalides desaparece. Allí están los ejemplos de López Michelsen y de Álvaro Gómez del ayer y en el presente con los hijos de Luis Carlos Galán y de Rodrigo Lara, y seguro mañana también tendremos en la palestra a Tomás y a Jerónimo Uribe y dentro de poco a Simón Gaviria para completar la baraja de la actualidad.

De estos delfines, como se les ha signado, sólo ha logrado en el país eternizar distancias y pretensiones, las que asoman con la frecuencia que las elecciones permiten. Y las posiciones que asumen para nada dinamizan la política y por el contrario  buscan sólo revivir lo que sus mayores plantearon ayer para los problemas del entonces.

Y lo que se sucede en el Centro Democrático se repite en los demás partidos y grupúsculos del hoy. Bástenos mirar detenidamente lo que en ellos se sucede. En la U aparece un Roy Barreras, quién de liderazgo sólo tiene lo que de oportunista le cabe. En el Polo Democrático sobresalen Jorge Enrique Robledo, quién, como incitador a tirar piedras no ha pasado y del que no se conocen propuestas ya que, por sus raíces en el Moir, no lo hacen creíble. Igualmente aparece Iván Cepeda, quién sólo puede esgrimir a su ancestro Manuel Cepeda en quién no hubo asomos de grandeza que hablen de su trasegar. Mi Partido Conservador, solo se la pasa enredado en quisicosas regionales y en juegos de ser hoy, mañana no, y pasado mañana de quién me pego, pero de liderazgos nada, perdiendo la oportunidad que hoy tiene de enarbolar banderas de centro derecha en un país con severos temores ante los avances de una izquierda radical y socialista de extrema.  El Partido Liberal, tan renovador, según predican, se muestra anquilosado e incapaz de promover jefaturas que puedan sostener principios sin necesidad de gritos y expresiones malsonantes y con argumentos sin envergadura.  Quizás, el único de los dirigentes con algún trasfondo y vigor es Germán Vargas Lleras, que sin dejar de ser un delfín, manda y piensa en el sector que dirige. Personalmente no es de mis afectos, dado su estilo extremadamente politiquero, quizás en extremo dañino, pero es quien propone soluciones, discutibles algunas, pero soluciones que sirven para alimentar la discusión y de las que algo extrae el país para solventar sus problemas.

Diré que estamos en el peor de los escenarios, pues quién más suena, o se hace sonar es Petro, un sujeto que carece por completo de orientación definida en el quehacer político, lo que lo hace en extremo peligroso, ya que todo en él se basa en lo que de la gleba obtiene  según se oigan los plausos. Sí, es Gustavo Petro, unos días es el adalid de la revolución socialista. Otros el defensor del capital, desde luego sin definir su defensa. Otros, habla de entregar todo a todos mediante la figura de que nadie tendrá nada para sí porque todo será del Estado, con lo que desconoce la propiedad privada, tipo Venezuela y Cuba. Sí, su galimatías mental y político lo hace no solo una amenaza, sino un grave peligro para todos, incluida la misma izquierda totalitaria, ante el caos prometido por él, sus inconsistencias y debilidades mentales y administrativas.

Manizales, agosto 31 del Año de la Peste