13 de mayo de 2021
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El centenario de Otto Morales Benítez

13 de agosto de 2020
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
13 de agosto de 2020

Varios medios de comunicación nos recordaron que el pasado 7 de agosto se cumplieron cien años del nacimiento en Riosucio del exministro y escritor caldense Otto Morales Benítez. Los periódicos El Tiempo y El Espectador dedicaron amplio espacio en sus ediciones físicas a sendos ensayos escritos por Jorge Emilio Sierra Montoya, exdirector de La República, que hacen parte de su libro sobre el ilustre caldense, publicado en Amazon. Lo mismo hizo este medio virtual que, además, publicó un nostálgico artículo de Oscar Domínguez donde evocaba su imagen de caballero con prosapia intelectual, emparentado con Porfirio Barba Jacob. Además, la Academia Colombiana de la Lengua realizó una sesión solemne sobre la importancia de su pensamiento.

La conmemoración del centenario del nacimiento de Otto Morales Benítez nos sirve para hablar sobre el hombre de ideas liberales a quien los colombianos le quedamos debiendo la Presidencia de la Republica, sobre el investigador profundo de las raíces del mestizaje, sobre el ensayista que escribió paginas brillantes sobre nuestra nacionalidad y sobre el político que con su pensamiento crítico le dio majestad a la actividad proselitista. Otto Morales Benítez fue la última gran figura intelectual del Partido Liberal. Su formación humanística lo puso al lado de líderes como Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Palacio Rudas y Alfonso López Michelsen, nimbados todos por el brillo en la exposición, por la excelente oratoria y por la versación literaria.

¿Cuál fue la faceta en la que más se destacó Otto Morales Benítez en su vida pública? Definitivamente, la de escritor. Estudioso del devenir histórico de la nación, preocupado por la forma cómo los partidos políticos tradicionales fueron perdiendo arraigo popular, convencido de la importancia del estudio de las ideas políticas dedicó sus esfuerzos intelectuales a descubrir esa Colombia que había construido su historia con el aporte de sus grandes hombres. Sus libros sobre el maestro Darío Echandía, sobre Eduardo Santos, sobre Alberto Lleras Camargo, sobre Silvio Villegas y sobre Rafael Uribe Uribe son estudios afortunados sobre el pensamiento de unos colombianos que con su inteligencia ayudaron a consolidar nuestra vocación democrática.

“Estudios críticos” fue el primer libro publicado por este abogado caldense que fue secretario privado de Alberto Lleras Camargo, y que además de Representante a la Cámara y Senador de la Republica ocupó los ministerios de agricultura y trabajo. A este libro le siguió “Testimonio de un pueblo”, una obra sobre la colonización antioqueña en Caldas. “Revolución y caudillos “ y “Muchedumbres y banderas”, son dos libros importantes en su producción literaria porque en ellos abordó la historia de Colombia desde una perspectiva original. En ellos rescata del olvido los nombres de líderes y movimientos que en determinado momento buscaron cambiar las estructuras políticas del país. En “Itinerario”, “Aguja de marear” y “Momentos de la literatura colombiana” se acercó al pensamiento de nuestros grandes escritores.

Otto Morales Benítez fue un dirigente comprometido con el destino de Colombia. Hizo parte de la Comisión de Paz que logró la desmovilización de las guerrillas de los llanos orientales que comandaba Guadalupe Salcedo. En el gobierno de Belisario Betancur presidió la Comisión de Paz que buscaba una negociación con los grupos armados para la dejación de las armas. Pero renunció cuando se dio cuenta de que la paz tenía “enemigos agazapados”. Aceptó esa tarea después de negarse a ser Ministro de Gobierno. De ese ofrecimiento fue testigo quien esta columna escribe. Una mañana de julio de 1982 charlaba con él, en su oficina, sobre la obra novelística de German Espinoza, cuando entró la llamada de Belisario. Después de un largo diálogo le contestó: “No, señor presidente. No lo acompaño”.

Si algo admirábamos los colombianos de Otto Morales Benítez era su sencillez. Se desplazaba por las calles bogotanas en taxi, porque no le gustaba tener carro propio. German Santamaria, que era entonces el cronista estrella de El Tiempo, me dijo, cuando le hizo una crónica por su trabajo al frente de la Comisión de Paz, que se sorprendió de que caminara a pie por la carrera séptima diez o quince cuadras antes de tomar el taxi que lo llevaría hasta su residencia en el barrio Santa Bárbara, al norte de la ciudad. Tuve el honor, varias veces, de acompañarlo en ese caminar hasta la calle 40. Era sorprendente ver cómo la gente lo saludaba con afecto durante el recorrido. Siempre llevaba el sombrero en la cabeza, la gabardina sobre el brazo izquierdo y el paraguas en la mano derecha.