14 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿Dónde están los gringos?

5 de agosto de 2020
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
5 de agosto de 2020

​¿Que se hicieron los gringos?. Desde hace muchos años sus tropas andan por todas partes. Pero me refiero al grupo específico de militares estadounidenses que llegó a Colombia como a principios de junio y que fue anunciada su presencia en sendos comunicados de la embajada norteamericana y nuestro Ministerio de Defensa, en ese orden. Primero, el primero. Cuando los medios de comunicación dieron a conocer el hecho ya creado, arrancaron los discursos y los alegatos entre quienes defienden la tutoría norteamericana en el aspecto militar y en otros aspectos y quienes dicen que nada tiene que ver el coloso del norte con nuestros asuntos internos, de república independiente y soberana.

Y hubo debates, a vece ariscos, otras veces dóciles, en los que participaron miembros del gobierno y del parlamento, juristas y castrochavistas, los panelistas de los principales medios radiales y hasta el perro y el gato. Pero como es usual, al tema le echaron tierra, porque sobrevivieron otros y otros, candentes y entretenidos, como es usual aquí, por estas tierras, que cuando la conocen los extranjeros se pegan unas amañadas de miedo.

Pero al momento de ahora como que nadie sabe dónde están los jóvenes americanos, militares sin armas según le leí a alguien, que ya no recuerdo quien fue, que, de lo más queridos, en plena pandemia, dizque vinieron a darnos indicaciones y asesorías en la lucha contra el narcotráfico, en la que somos veteranos en Colombia desde los tiempos de la marihuana Gold de la Sierra Nevada de Santa Marta, merced a que en los Estados Unidos consideran que son los campesinos colombianos los que deben poner los muertos para proporcionar que ahí en plena Quinta Avenida de Nueva York, los adictos americanos a la cocaína, compren a buen precio sus dosis que luego se esnifean en los guetos y en las oficinas y clubes, de lo más bueno. Sniff o esniff, es un sonido que produce la nariz de quienes meten cuando se introducen el polvo blanco, para que me entiendan. Pero como les parece. Que vinieron a capacitar a nuestro Ejército, el mejor de latinoamérica, que, desde los albores del narcotráfico, anda por montes y valles y a cada rato anuncia el principio del fin de este flagelo, origen de todos nuestros males. No nos crean tan mar..ranos.

Han dicho y han escrito que quienes protestan por la presencia de militares extranjeros son logreros políticos y opositores gratuitos del gobierno. Yo, digo que no me cuenten dentro de ellos, gracias a Nuestra Señora de Chiquinquirá. Que yo le creo, rodilla en tierra, al Ministro de Defensa, Holmes Trujillo, que en un ejercicio de encumbrada inteligencia y después de exhaustivos días y noches en los laboratorios militares, acolitado por el comandante general de las Fuerzas Armadas, Luis Fernando Navarro, para explicar y justificar la pequeña e insignificante invasión americana, en descubrimiento que tiene asombrado a todo el mundo, a nivel nacional e internacional, produjo las siguientes explicaciones textuales, que me tienen sobrecogido y abrumado. «Para el gobierno colombiano la lucha contra el narcotráfico es una prioridad compartida con Estados Unidos, ya que este flagelo es uno de los motores principales de la violencia que afecta a las comunidades, a los líderes sociales. El narcotráfico asesina a nuestros campesinos, destruye los bosques, la fauna y contamina los ríos y mares de Colombia».

Como decíamos en la Escuela Mariscal Sucre de Anserma, mi pueblo, cuando alguno de nuestros compañeros descubría el agua tibia: a éste se le fue medio cerebro. A Holmes y al general Navarro se les fue medio cerebro, con semejante descubrimiento.

Pero a todas estas, ¿dónde están los gringos?

Post Scriptum: el ex presidente de la República Álvaro Uribe Vélez dio a conocer que la Corte Suprema de Justicia le dictó auto de detención domiciliaria dentro de la sonada investigación en que está incurso. La determinación de la Suprema Corte es acatada por el Dr. Uribe, según se deduce de su escueto comunicado. Por mi formación de Abogado, debo expresar que las providencias judiciales deben ser acatadas, así no se compartan. Y que el derecho al pataleo, debe ser respetado y su ejercicio garantizado. Tengan la seguridad de que si los jueces declaran infundados los cargos contra el Dr. Uribe, no tendré la menor duda en reconocer su vigencia.