29 de junio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Don Fabio

12 de agosto de 2020

“Pensar es difícil.
Por eso la mayoría de la gente
prefiere juzgar”.

Carl Gustav Jung 

Álvaro Marín Ocampo

Intentar siquiera un croquis mínimo de la inmensa e intensa parábola vital de FABIO QUINTERO CARDONA es como iniciar –en su compañía– una tertulia interminable salpicada de anécdotas, de ideas, de lecciones y de muchísimo ingenio entre muchos otros factores, que lo transformaron en gestor de múltiples iniciativas regionales, en el centro de gravedad de importantes realizaciones y también, en referente obligado de los retos reservados a los líderes excepcionales.

Palabras más, palabras menos, su singular hoja de vida fue la del trabajador infatigable, disciplinado, imaginativo, luchador, ajeno a los alardes, a las pequeñas vanidades, a la improvisación en cualquiera de los frentes de decisión y responsabilidades.

Era crítico de la frivolidad moderna, del humo digital y de los juicios mediáticos, censor agudo de los depredadores del idioma y de las buenas costumbres, de los destructores de las más altas tradiciones, de los traidores de las antiguas lealtades. En cambio, era capaz de romper alguna solemnidad fingida con su desparpajo inteligente y su espontaneidad sonreída. Ahí está pintao nuestro amigo inolvidable.

DON FABIO encarnó al auténtico hombre de negocios con mente siempre activa , alerta. A su vez, era una marca registrada que él dejaba a la manera de impronta en todas las empresas que lideraba, como el MARISCAL ROBLEDO, EL PLACER y la ALDEA DEL BUEN VIVIR, entre otros tantos ejemplos de su fecundidad creadora. En EL PLACER plasmó sus proyectos ilimitados para el desarrollo de Cartago, que lo llevaba en el alma. Su sello de calidad y éxito permanece indeleble en el emblemático HOTEL MARISCAL ROBLEDO, al que le dio el máximo esplendor al convertirlo en la joya de la corona de su ciudad entrañable. Ahora bien, su imaginación desbordada, unida a la perseverancia y a su mando tranquilo, le dieron forma a la más encantadora creación de la comarca: la ALDEA DEL BUEN VIVIR, hecha al tamaño de sus sueños, a la escala de todas las expectativas profesionales, institucionales y familiares.

Con este viaje sin retorno se apaga su chispa insuperable, el alcance mayúsculo de su sentido común, el acento inconfundible del maestro de la sabiduría popular, el valor sensible, generoso e incomparable de su autenticidad humana.

Queda el mejor de los recuerdos del dueño de esa naturalidad reconfortante que como una cajita de música –al decir de las gentes– tenía para todo un apunte, una evocación o una enseñanza.

Finalmente, DON FABIO alcanzó la libertad que nunca se agota en el corazón vibrante del Quindío, en las goteras de Montenegro y de su ALDEA, el más elaborado de sus proyectos, precisamente, cuando pulimentaba sus acabados finales, igual que hace el artista consagrado ante su obra maestra.

Para quienes estuvimos cerca –treinta años en mi caso personal–, va a ser muy difícil imaginar a Cartago, a la ALDEA o –sencillamente– a la vida sin la presencia tutelar, la voz y el gesto familiar, en una palabra, el perfil inconfundible de DON FABIO, el guerrero invencible que perdió la batalla desigual contra la incertidumbre y la plaga desalmada de los últimos tiempos.

En estos instantes, cuando ya es una brizna de luz en el reino de la perennidad, apenas empieza a sentirse el vacío, esa oquedad profunda de su ausencia a causa del trance inesperado que ahora nos conmueve con toda la dureza de las frías realidades.

Gracias, DON FABIO, por dejarnos compartir su extraordinaria travesía.