9 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Viernes cultural Diego Calderón, poeta.

28 de agosto de 2020
28 de agosto de 2020

Diego Calderón Jaramillo, nació en Manizales en 1923 y falleció en Palmira el 4 de octubre de 1989. Hijo del renombrado periodista y cronista salamineño Tomás Calderón, Mauricio, se domicilió en la ciudad vallecaucana donde ejerció su profesión de Bacteriólogo. Su producción poética está publicada en los diarios Occidente y El País de Cali y en La Patria de Manizales. Diego Calderón hizo parte muy destacada de la vida cultural de Palmira y del Valle del Cauca. Fue integrante del Grupo Literario La Trastienda y fundador y actor del Teatro Experimental de Palmira. Su poesía, que el autor reconocía como de tono menor, con cierta influencia de Rubén Darío y del argentino Héctor Pedro Blomberg, mereció estimulante crítica por parte de destacados literatos de su época como Lino Gil Jaramillo, Raúl Echavarría, y Julio Alfonso Cáceres. A juicio de José Gers, la obra de Calderón es de sensibilidad finísima, de buen gusto absoluto en el manejo del material verbal y con sentido innato para imprimir íntima música a su poesía. Mauricio Calderón Sáenz, uno de sus hijos, compiló sus poemas hace ya un año e hizo de ellos una pulcra edición a cargo de Hoyos Editores. Estamos seguros que para nuestros lectores será una grata sorpresa la lectura de algunos de ellos, por la claridad y fluidez de su inspiración.

CARTA A UN ASTRONAUTA


Dejo mi carta en un buzón-cohete
para que viaje dentro de un segundo
llevada por el viejo, siempre joven,
que pintó Langevin.
Tú puedes recibirla cualquier día
en la escala de Orión, en las Cabrillas,
en la huidiza Andrómeda,
y podrías, tal vez, recibirla anteayer
cuando cruces el puente de la Virgen
o el arco de los Peces.
Cuánto afán de decirte Capitán Astronauta
el pequeño alboroto de mi mundo distante.
Muchas veces
sentí la tentación de volar hacia ti
y agitaba mi ánima un oscuro temblor
al presentir la mancha de sangre
de mi cuerpo
en su fuga a la cuarta dimensión.
Los vecinos discuten la presencia
del agua
y la forma del pan. En tanto yo
estoy oyendo ahora las tragedias de siempre:
«que un pichón de oropéndola se cayó de la cama,
que el rey de la baraja se fugó con la sota;
que ya las damas chinas no bailan la gavota;
que resulta insensata la vida de los peces
sin conocer la historia del martín pescador;
que los gatos hicieron asamblea felina
para subir el precio del ratón enlatado;
que un avión de transporte comunicó buen tiempo
sobre el monte Everest;
que la orquesta de grillos desafinó antenoche
(cosas del pato Donald
que llamó viejo verde al grillo director)
y otros muchos problemas de algas y sirenas
en la mar ancha y sola…».
Sigue tu rumbo, pues, Capitán ausente
sin angustia de hojas, de hormigas y de dalias.
Y cuando vuelvas a ser niño un día
y remontes siquiera unos milímetros
la velocidad límite,
yo seguiré aferrado a mi grano de arena
esperando el arribo de un extraño navío,
escribiendo en el aire un nombre de mujer,
olvidando una canción,

soñando un carrusel de lunas y de estrellas.

 

KÍNDER


Atención: Kínder de golondrinas,
están abiertas las matrículas.
Se reciben desde mañana

golondrinas grandes y chicas.

 

Local: un sitio del crepúsculo
con una violeta en la esquina.
Y un ángel parado en la puerta

con una ramita de oliva.

 

Apresúrese, no se tarde
que ya se cierran las matrículas.
Tome el tranvía de las plumas

en la avenida de la brisa.

 

Habrá clases por la mañana
para las golondrinas chicas:
abecedarios de alba y rosa

en tableros de aguamarina.

 

Por la tarde traerá el viento
las golondrinas creciditas,
para aprender a escribir nombres

como Lucía o Teresita.

 

Si yo tuviera siquiera una
ahora mismo la entraría
para enseñarle a escribir siempre

tu nombre y la palabra Mía.

 

 NOVIA MARINERA


¡Ay!, la sirena más rubia
mañana se va a casar.
¡Ay! quien pudiera asistir
a su boda bajo el mar.

Cuatro hipocampos dorados
su carroza han de tirar.
Ventanas de aguamarina
para verla, se abrirán.

Bajarán los invitados
por escalitas de sal,
traerán ostras rosadas
y estrellitas de cristal.

Un delfín será padrino
y un niño-pez llevará
las arras de madreperla
y el anillo de coral.

La novia portará un ramo
de algas y espuma de mar
y las sirenas hermanas
de alegría bailarán.

En un barco sumergido
la casará un Capitán
-viejo Ulises obstinado-
antiguo de naufragar.

Caracoles enjoyados
una marcha han de tocar
y surtidores de peces
en el agua saltarán.

¡Ay! mi novia marinera
reina en el fondo del mar.