9 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Así nació el «Gorilato» en el periodismo colombiano

Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
15 de agosto de 2020
Por Orlando Cadavid Correa
Por Orlando Cadavid Correa
Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
15 de agosto de 2020

Contraplano

Expresidente Guillermo León Valencia. Imagen Wikipedia.

¿Cómo aterrizó el apelativo de los “Gorilas” que recibió en el periodismo colombiano la cuarteta reporteril que no le perdía pisada al entonces presidente Guillermo León Valencia en el segundo mandato frente-nacionalista?

A alguien se le ocurrió echarle mano al epíteto, porque era semejante al que les venía como anillo al dedo a los cuatro “Gulliveres” galos que escoltaban  en su visita oficial a Bogotá  al presidente de Francia, Charles de Gaulle. Los guardaespaldas parisinos medían dos metros, en promedio, cada uno.

Así fue como nació el “Gorilato” en el régimen a la valenciana con el beneplácito del “Hombre fuerte de Paletará”. Periclitó en la administración del presidente Carlos Lleras Restrepo, que no simpatizaba con la idea de transitar por el país custodiado por una corte periodística a bordo que no lo desamparaba ni en las idas al mingitorio.

El gorila es el mono antropomorfo, de estatura  igual a la del hombre, membrudo y muy fiero, que habita en África, según el Pequeño Larousse Ilustrado.

Iáder Giraldo

En el periodismo del altiplano cundiboyacense fueron cuatro los miembros del “Gorilato”: Iáder Giraldo, de El Espectador; Camilo López, de El  Tiempo; Alberto Giraldo, de El Siglo, y Darío Hoyos, de La República.

Aunque en las plantas de redacción hubo colegas probos para sucederlos, la idea de reajustar el equipo no prosperó, porque  el doctor Lleras Restrepo se cerró a la banda y no quiso cuarteta periodística que lo acolitara.

El mandatario tampoco permitía ningún brote de pequeños “Gorilitas” en sus desplazamientos a las capitales provinciales.

Salido del Palacio de San Carlos el 7 de agosto de 1966, el ex presidente Valencia solía decir en sus amables paliques con  la muchachada periodística: “A ustedes les fue mejor conmigo en Palacio en el segundo cuatrienio frente-nacionalista”.  Eso fue rigurosamente cierto.

Así cayó  el  telón  del  último  “gorila”, en  la clínica San Ignacio, de Bogotá, donde expiró Giraldo López el 22 de septiembre de 2005, cunando cumplía 70 años..

Alberto Giraldo. Imagen Colante.

Antes de incursionar en la radio, el joven Giraldo molió reportería como principiante en La Defensa, de Medellín, donde lo apodaron “Albertico Limonta” uno de los personajes de la exitosa radionovela “El derecho de nacer”.  En el mismo vespertino conservador también hizo sus primeras armas como reportero el futuro presidente Belisario Betancur.  Dio el salto de la periferia al centro gracias al padrinazgo de Juan Roca Lemus,

Compartió responsabilidades en la dirección y orientación del servicio informativo de Todelar, en su época de mayor esplendor, con sus coterráneos Alberto Acosta Penagos y Antonio Pardo García y con el caldense Gabriel Cuartas Franco.  En este noticiero hicieron historia sus “Tres minutos de escándalo”, modelo periodístico presentado en rápidas cápsulas que ulteriormente recibiría la clasificación genérica de “confidenciales” en todos los diarios y semanarios del país.

Ducho en el manejo de la información política, también lo fue en la parte financiera de los medios bajo su mando y un todo terreno en el arte de hacer lobby.  Tenía amigos a la derecha, a la izquierda, al centro, arriba y abajo.  Compartió por un tiempo la dirección de noticias en Caracol con Yamid Amat.  Y fue, asimismo director de Supernoticias, empresa que montó en sociedad con los Pava, y cabeza visible del proceso de resurgimiento de RCN como medio periodístico, al pasar esa cadena a manos del industrial Carlos Ardila.

El principio del fin del “Loco” sobrevino cuando decidió abandonar por completo el periodismo, su quehacer de toda la vida, para ponerse al servicio de sus amigos, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez, capos del cártel del “Cartel de Cali”, como jefe de relaciones públicas, malhadada etapa en la que -según cálculos del maestro Alfonso Castellanos- los sabuesos de la DEA le grabaron más de 5.000 horas de conversaciones telefónicas, entre ellas las que pusieron a transitar por la calle de la amargura durante sus cuatro años en Palacio al presidente Ernesto Samper y que lo llevaron a la cárcel como a decenas de personajes de la política por haber financiado sus campañas con donaciones del narcotráfico.  Quienes tuvimos la fortuna de estar bajo su mando periodístico somos los menos indicados para juzgarlo.  De ello se encargará la historia.

La apostilla: Dos lenguas “triperinas” fueron las autoras de este chascarrillo que ‘inmortalizó’ al ex presidente Valencia: Que se iba de cacería a sus predios de Paletará y se le iban los patos; que se iba a echar un discurso en un homenaje al presidente Charles de Gaulle, y se le iban las patas. Y que si se iba de rumba a la casa de lenocinio de doña Blanca Barón, ¡se le iban las putas!