15 de mayo de 2021
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Aeropuerto II

16 de agosto de 2020
Por Guillermo Trujillo Estrada
Por Guillermo Trujillo Estrada
16 de agosto de 2020

A raíz de un escrito reciente sobre el aeropuerto de Palestina, denominado hoy Aeropuerto del Café después del 11 de septiembre, cuando uno de los mas importantes dirigentes de la región les hizo caer en cuenta del riesgo que implicaría en New York, el arribo de un avión procedente de Palestina.

Como mi escrito era fruto de un diálogo coloquial, en el que solo enumeraba argumentos desordenados sobre la inconveniencia, inviabilidad e inoportunidad del gasto público, me permitiré entonces desarrollar cada uno.

En primer lugar, para mi tranquilidad, hasta el momento solo he recibido insultos y acusaciones dirigidas, pero sin nombre, de quienes se dicen líderes, pero no tienen el valor de nominar sus acusaciones, convencidos en su cobardía que de esa manera pueden silenciar a quienes disienten del supuesto auto consenso al que llegaron, sin que nadie se atreva a controvertir.

Desafortunadamente se convirtió el aeropuerto en un verdadero acto de fe, y como en todas las religiones no se admite cuestionamiento ni discusión, no se evalúa racionalmente, y quien lo haga es considerado un apóstata y por consiguiente recibe un anatema.

Ante la ausencia de argumentos siempre ha sido igual el trato para quienes se han atrevido a discrepar, advertidos,  que, para sobrevivir en la comarca es un error exponerse, por lo tanto, el proyecto se convirtió en milagro sin que ni siquiera las autoridades eclesiásticas lo comprobaran, para aceptar esta revelación divina, como lo hacen desde que Santo Tomas propuso que deberían tener pruebas sólidas.

Definitivamente considero que en el momento que vivimos, los escasos recursos públicos deben destinarse exclusivamente al rescate de las empresas, sin discriminar por tamaño, para restablecer el empleo al nivel del 29 de febrero. Las invaluables necesidades del tejido social no admiten que se despilfarren los recursos atendiendo la necesidad menos apremiante, congelándolos en una obra que no ha sido de la mayor urgencia por más de cuatro décadas. Familias enteras sumidas en la más absoluta pobreza, pos pandemia, protestarían aun con la violencia, al observar como los recursos se destinan a una obra suntuaria.

El hecho de que el presidente lo mencione en su alocución, para mi, tiene el mismo significado que el pronunciamiento que hicieron, López, Turbay, Belisario, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana,   Uribe  y Santos. Todos saben que una manera de alimentar los actos de fe es generando una esperanza.

Pero más grave aun es el compromiso de congelar los recursos del presupuesto departamental, para llevarlos con los de la nación a una Fiducia.

Igualmente absurdo, es el destino de los $59.000 millones para la carretera, cuando no existe el proyecto aprobado. Debería ser una exigencia de la comunidad, no asumir ese riesgo por ningún motivo. Ese si seria un absoluto despilfarro que pondría a los funcionarios a responder el resto de los días.

No puede suceder nuevamente, que por la opacidad de unos pocos dirigentes, como Gilberto Saffón en su época, uno de los apóstoles de este credo, puedan llegar a asumir compromisos sin debate público, como en el CONPES #3270 del 16 de febrero del 2004, sesión a la que fue invitado por el presidente Uribe.

Dice en el documento oficial, ”Adicionalmente, y con el fin de garantizar la sostenibilidad financiera del proyecto, las entidades territoriales convienen en establecer el cobro de una sobretasa adicional por pasajero movilizado de US$6.3 durante los primeros diez años de operacion del proyecto”, pero mas adelante dice ,” lo cual lo convertirá en el aeropuerto más costoso del pais para los usuarios. Sin embargo las entidades promotoras del proyecto como representantes de la comunidad afirman que los usuarios pagarán dichos derechos.”

Este es un ejemplo de como el proyecto ha sido el menos discutido y sin embargo, ha servido para entretener a los creyentes durante 45 años, por unos pocos que se han tomado atribuciones que no obedecen al plebiscito de los caldenses.