5 de julio de 2022
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Postal romántica de mi pueblo

30 de julio de 2020
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
30 de julio de 2020

Aranzazu es un municipio ubicado al norte del Departamento de Caldas. Cuando Fernando González, el filósofo de Otraparte, lo visitó en 1928, en su libro “Viaje a pie” dijo que era el pueblo más pueblo de Colombia. Y lo acompañaba toda la razón. Esta población incrustada en las estribaciones de la Cordillera Central, a 52 kilómetros de Manizales, conserva la autenticidad de esos pueblos que surgieron gracias a la Colonización Antioqueña, proceso fundacional que se dio en el occidente colombiano después del año 1800, cuando cientos de antioqueños, con un machete al cinto y un carriel de nutria al hombro, abandonaron poblaciones del Cantón de Marinilla con el propósito de buscar nueva tierras para cultivar.  Así fueron abriendo caminos para fundar pueblos.

La Legislatura de Rionegro declaró fundado el municipio el 9 de noviembre de 1853. Inicialmente, le pusieron el nombre de El Sargento. Pero el 22 de agosto de 1855 la Legislatura de Antioquia, mediante decreto firmado por José María Martínez como presidente, le cambio este nombre por el de Aranzazu. Lo hizo atendiendo la solicitud de cambio que le hicieron algunos ciudadanos que no estaban de acuerdo con el nombre de El Sargento. Las razones para solicitar el cambio debieron haber sido, entre otras, la poca sonoridad que este nombre tenía, y porque no era atractivo el gentilicio de sargentanos. Este nombre se le dio en honor al sargento Buenaventura Escobar, primer poblador que tuvo el municipio, que se refugió en esta tierra después de participar en la Batalla de El Santuario.

¿De dónde provino el nombre de Aranzazu? La historia enseña dos razones para que la Legislatura de Antioquia le pusiera este nombre. La primera, rendirle un homenaje a Juan de Dios Aranzazu por haber sido Presidente de la República, en calidad de encargado, durante cuatro meses, en el año 1845. Este era hijo de José María Aranzazu, ciudadano español que obtuvo de la corona la propiedad de los terrenos donde fue fundado el municipio, realengo que se llamó Concesión Aranzazu. Segunda, un reconocimiento a la provincia española de Guipúzcoa, donde se encuentra el Santuario de la Virgen de Aránzazu. Esto en razón a que muchos de los primeros españoles que llegaron a territorio antioqueño eran originarios de esta provincia.

Aranzazu no tiene un entorno paisajístico diferente a los demás pueblos de Caldas. Lo que se observa a su alrededor es la misma naturaleza que se descubre mirando desde cualquier pueblo. Verdes arboledas, extensos pastizales, cañadas de corriente cristalina, inmensos cafetales, frutales de diversa índole, un cielo siempre azul en el horizonte, copos de nubes viajeras vestidas de blanco, carreteras que parecen líneas grises extendidas sobre el verde intenso, animales pastando en los potreros, pájaros que vuelan en el aire son parte de esa postal multicolor que identifica a la gran mayoría de los pueblos caldenses. Así es el paisaje de este pueblo que duerme arrullado por el sonido del agua que corre rumorosa por sus quebradas.

Cuando se observa el  horizonte desde el parque principal, el paisaje de Aranzazu tiene tonalidades diferentes. Aquí es la postal que pinta de azul, verde y blanco lo que la vista alcanza. Allí es el olor de los cafetales que parece derramarse por el contorno, el gorgoriteo del agua que corre apacible por un lecho de piedras, el encanto de los naranjos que aparecen a la vera del camino, el verde claro de las matas de plátano que le dan sombra a los cultivos de café. Mientras en la zona urbana se siente el viento que sopla en ráfagas desde las colinas distantes, en la parte rural ese viento mece las hojas de los árboles creando una como sinfonía de sonidos que se mete en el alma.

Aranzazu es un pueblo habitado por campesinos aferrados a sus principios cristianos, por hombres forjadores de progreso, por mujeres de virtudes acrisoladas. Heredero de una raza que descuajó montañas para fundar pueblos, el aranzacita lleva tatuado en el alma el respeto por sus valores ancestrales. Las costumbres heredadas de la Antioquia grande identifican a sus pobladores. Por esta razón, tenemos espíritu aventurero. Y también alma de negociantes. En el corazón llevamos nostalgia por el pasado. En Aranzazu se escucha el canto melodioso de los turpiales que despierta a los pobladores mientras en la torre de la iglesia, a las seis de la mañana, las campanas suenan para convocar a misa.