25 de mayo de 2022
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El 20 de julio en Cartagoviejo.

19 de julio de 2020
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
19 de julio de 2020

Siempre se habló de una inmensa soledad que acompañó al doctor José Francisco Pereira Martínez cuando se instaló en donde estuvo ubicada la población de Cartago. De alguna manera quienes escribieron la historia de esas soledades que tuvo que soportar quien fuera un prestigioso abogado cartagüeño, consideraban que la población indígena y la esclava no merecían ningún comentario al respecto. El mismo prócer Camilo torres cuando envió al Rey de España el Memorial de Agravios le decía que en este territorio habitaban los hijos de los españoles que habían derramado su sangre para que España tuviese el poder que ostentaba. Y le decía que los “naturales”, o sea, los indios, eran poco o “eran nada”.

Pues bien, en el mes de febrero de 1810, el mismo año que se produjo el grito de independencia, en el mes de febrero culminó la compra de tierras que hizo Manuel Antonio Gómez de Lasprilla a la Corona, terrenos que iban desde lo que hoy es el aeropuerto de Matecaña (quebrada de las Partidas) hasta el Contadero de Egoyá (hoy Parque Olaya Herrera. Fueron cincuenta cuadras castellanas, es decir, 4 kilómetros de Occidente a Oriente.

Cuando el doctor Pereira Martínez fue derrotado en Santander por los españoles, se refugió en estas tierras, que ya tenían dueño, y no estaba solo,  existía una comunidad indígena en Pindaná de los Cerrillos (lo que hoy conocemos simplemente como Cerritos) y además  había un grupo de esclavos trabajando en el salado de Consotá, y cuyo dueño estaba radicado en Cartago.

Cuando las fuerzas realistas fueron cediendo terreno, el doctor José Francisco Pereira Martínez abandonó a Cartagoviejo y al llegar al actual Cartago, formó un ejército que estaba compuesto además de mestizos, por indígenas y esclavos, y le permitió con esas fuerzas, enfrentar a los ejércitos españoles que se encontraban en la región, derrotándolos de una manera contundente.

Cuando se revisan los documentos de aquella época se puede constatar que cuando se hizo el censo en Pindaná de los Cerritos, fueron muchas las mujeres que dejaron constancia que su esposo había sido enrolado en los ejércitos por el doctor Pereira Martínez y que nunca regresaron, es decir, murieron. Igualmente podríamos decir con los esclavos, muchos de los cuales dieron su vida por la independencia, creyendo que una vez conseguida irían a gozar de libertad, cosa que sólo fue posible 41 años después.