3 de agosto de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Contraplano. Carlos Arturo Rueda, de fabricante de ataúdes a rey de la sintonía

Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
4 de julio de 2020
Por Orlando Cadavid Correa
Por Orlando Cadavid Correa
Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
4 de julio de 2020

Veintitrés palabras le bastaron al gran narrador Pastor Londoño Pasos cuando le preguntaron: ¿Cómo recuerda a su par Carlos Arturo Rueda?

“Como el gran maestro, el que trajo la narración deportiva a Colombia; aquí, antes de él, nadie conocía y menos sabia de esto”.

Nacido en San José de Costa Rica en 1918, murió en Bogotá en 1995 a los 77 años. Comenzó a formarse en Manizales como el gran pionero de las transmisiones deportivas en Colombia. En la capital caldense se desempeñó antes, en la década de los 40,   como boxeador amateur, cantante aficionado de boleros y fabricante de ataúdes en la funeraria “La Equitativa”, de Aparicio Díaz Cabal. Llegó a dormir en cajas mortuorias por falta de hospedaje. Su patrón lo dotó de mullida cama que conservó como reliquia cuando la radio lo hizo famoso.

“El Colorado” era hijo de Alfredo Rueda y de Lola Calderón. Se casó en Manizales con Lilia Tirado, unión de la que hubo cinco hijos: Carlos Alberto, Norma, Germán, Luis y María Eugenia.

De la mano del gran pionero radial manizaleño Enrique Ramírez Gaviria, recaló en Bogotá como narrador deportivo de la emisora Nueva Granada, donde sobresalió por sus transmisiones de las Vueltas a Colombia en bicicleta y de los partidos de fútbol de Millonarios y Santa Fe, desde el estadio “El Campín”, que por sus modestas condiciones estructurales solía llamar “El potrerito de la 57”.

Recurrente para los motes, don Carlos Arturo “bautizó” El “Palacio del colesterol” a una gran fritanga que operaba en predios aledaños al “Nemesio Camacho”.

Por sus “chorros bautismales” pasaron a través de las ondas hertzianas apodos a granel para ciclistas y futbolistas. Verbo y gracia: al pentacampeón  Ramón Hoyos Vallejo le impuso tres: El “Escarabajo de la montaña”, “Don Ramón de Marinilla” y “Refuego”.  A Efraín Forero Triviño lo llamó el “Zipa”. Otros re moquetes salidos del magín del comandante del histórico Transmóvil # 1: Hernán Medina Calderón, el “Príncipe Estudiante”; Roberto Cano Ramírez, el “Sastre de Envigado”; Francisco Luis Otálvaro, el “Potrillo de Don Matías”; el “Ángel de la guarda”, para  Reinaldo de Jota Medina;  “Míster Rúa” o la “Locomotora Paisa”, para el rubio Honorio Rúa; “Pajarito”, para Roberto Buitrago; ”Don Coraje”, para Miguel Samacá; el “Hombre de ébano” para Héctor  Mesa; el “Cóndor”, para Álvaro Pachón; el “Águila Negra”, para Jorge Luque; el “Tigrillo de Pereira”, para Rubén  Darío Gómez;   “Peluca”, para Arturo López; José Armando Alfaro, el “Corredor de la Virgen del Carmen”, por el gran tamaño de su escapulario; la “Bruja” para Carlos Montoya; Carlos Orejuela, el “Ladrón de corazones”; Eligio Arboleda, el “Bicicletero”; Luis Carlos Vélez, “Picalúa”; Octavio Echeverri, “Petróleo”; Mario Vanegas, “Papaya”: Juan Montoya, “Pantalla”, y más  adelante, Martín “Cochise” Rodríguez; Javier Suárez, el “Ñato”,  y Lucho Herrera, el “Jardinerito”, denominación que el  propio pedalista de Fusagasugá le atribuye al finado  don Julio Arrastia. Se quedan otros remoquetes en el tintero por falta de espacio.

También fueron de la inagotable cosecha del maestro Rueda la “Licuadora Paisa” para el equipo de ciclismo de Antioquia; los “Escarabajos”, para los ciclistas colombianos de su época. Denominaba  cariñosamente “Gorriones”  a los muchachos encargados de treparse a los postes que sostenían los cables telefónicos para sus primeras transmisiones de la Vuelta; puso “Tierra de promisión” a Silvania, remanso de paz, donde estaba la finca cundinamarquesa de su propiedad,  y se encariñó tanto con el municipio de Riosucio que lo llamó la “Perla del Ingrumá”.

En los puntos de salida y llegada de cada etapa de la Vuelta,los mayores tumultos, en busca de autógrafos, se formaban alrededor de Rueda Calderón y Hoyos Vallejo, los personajes más populares del evento.

La apostilla: Nos proponemos elaborar una segunda entrega en la que recogeremos gran parte del anecdotario de don Carlos Arturo Rueda en el campo futbolístico,  en el que también se hizo lenguas el padre de la locución deportiva en Colombia.