8 de mayo de 2021
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La gripa y personajes de la carta (6)

22 de junio de 2020
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
22 de junio de 2020
  1. EL INTERMEDIARIO: MIGUEL AGUILERA
  1. B) EL INVESTIGADOR DISCUTIDO

Lo escrito por el historiador Miguel Aguilera es vasto y de gran diversidad. A lo poco mencionado, agreguemos  Monografía histórica del municipio de Mosquera (1935),Virtudes Cívicas de San Francisco de Asís (1926), Visión política del Arzobispo Mosquera (1954) en que demuestra la posición democrática y civilista de respeto al derecho y la ley del alto  prelado hermano del general Mosquera. El académico Aguilera conmemoró el centenario del gramático e internacionalista ex presidente en El criterio histórico de Marco Fidel Suárez (1955) y el del político y constituyente cartagenero, general Lácides Segovia: un carácter (1959), cuyo busto en el parque del barrio Manga de su ciudad, reposa en los terrenos donados por su familia.  

Naturalmente, como buen bolivariano, abundaron  los escritos de Aguilera en torno al Libertador: El profetismo del Libertador, ¿Escribió Bolívar el Delirio sobre el Chimborazo?, Los caballos del Libertador, el sobrino calavera: anotaciones triviales al margen de la vida de Bolívar (1935), La presencia de Bolívar en la batalla de Boyacá (1936), Estudio caracteriológico del Libertador, Agonía del Héroe (1950)y uno que causó ruido en su momento, el polémico Examen crítico y refutación al estudio del doctor Luis López de Mesa sobre la personalidad del Libertador Simón Bolívar.

De esa etapa decisiva y todavía expurgada de nuestro pasado, Miguel Aguilera aportó ensayos tan interesantes como el presentado en un congreso en Caracas en 1960, Raíces lejanas de la Independencia, sobre la filosofía del pensamiento emancipador, en el que contra el pensar común, muestra lo propiamente hispánico popular de esa rebeldía en la emancipación americana, a lo que el argentino Ricardo Levene, afín también a esa hispanidad, y otros historiadores de este continente le dieron su acuerdo. Y sobre la discusión aún no cerrada que suscita el asesinato del general José María Córdova: Clave política de un ruidoso proceso (1965)

En 1941, por su centenario de nacimiento, se publicó un libro sobre El Pintor Santiago Páramo en el que Aguilera escribió la parte biográfica del sacerdote artista, y el padre Eduardo Ospina S.J. “el estudio crítico sobre la personalidad y la obra pictórica”, con su catálogo. Mas su filosofía estética está vertida en Arte y simulación (1970), muy a tono con el tema de la “autenticidad” que por los años sesenta asumieron algunos filósofos existenciales, como también en Colombia, Cayetano Betancur y José Gutiérrez.

Por sobre todos, su más fervoroso interés fue la lengua castellana y las cuestiones del lenguaje. Mencionar su Elogio del doctor Rufino Cuervo (1953), o su discurrir por la obra cervantina, en El mejor capítulo del Quijote, Interpretación del Licenciado Vidriera, Si se hubiera escrito el Quijote en Bogotá o Cervantes y la historia (1948), apenas sí explica el que los libros mejor recibidos de Miguel Aguilera sean América en los clásicos españoles (1952), en el que la sociología, la crítica literaria y su connatural interpretación histórica, se aúnan para darle una muy particular visión a la que de América traslucen las obras de los clásicos españoles. Y Los clásicos y el habla popular del Nuevo Reino (1967) con el que rinde “homenaje a la memoria de don  Miguel de Cervantes”. Subtitulado “Ensayo de costumbrismo léxico”, es un estudio semántico sobre la fluencia del idioma español entre el pueblo, que lo ha incorporado, enriqueciéndolo, a la esencia de su ser nacional. De esos inquisitivos recorridos por el habla, Aguilera  había realizado antes el de Algunos dichos bogotanos y la historia.

La concepción de la historia y del lenguaje mismo que expuso Miguel Aguilera, no ha estado exenta de polémicas, quizá algunas provocadas deliberadamente en sus artículos (ejemplo ¿Plagió Choquehuanca?), pero más por el examen de la crítica historiográfica contemporánea, muy posterior a su desaparición. Así, Hernán Lozano H. (1991) del Departamento de Historia de la U. del Valle, revisó de forma puntillosa, los que llamó “pecados de Miguel Aguilera” –aludiendo a los de la Hinojosa- en la edición crítica de El Carnero de Rodríguez Freyle, que según él cometió el historiador en sus eruditas notas explicativas de esta obra, que es la que desde 1963 y hasta 1985, creo, se ha divulgado y editado múltiples veces como la definitiva.