28 de mayo de 2022
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¿La feria sin toros?

12 de junio de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
12 de junio de 2020

Fui gran aficionado a las corridas de toros. Me encontré con ellas, siendo todavía casi un niño, en el centenario de Manizales, y luego fui abonado permanente al espectáculo taurino en las ferias de mi ciudad. Tiempo después, al final de cada año asistía también puntualmente a las corridas de Cali y, con menor asiduidad, a las de Medellín y Bogotá. Y en esa épica iba también esporádicamente a toros en Popayán, y en plazas de Caldas, Quindío, y pueblos del Valle del Cauca. Cuento todo esto para decir que mi pasión por los toros ha sido seria y auténtica.

Algún día, sin embargo, me convencí de que ese espectáculo, aparte de sus innegables características estéticas, de sus valores culturales y de su influencia en artes como la pintura, la música y la literatura, tenía también un intenso e innegable contenido de crueldad, y generaba un espantoso dolor a unos nobles animales, solo para dar placer a prepotentes seres humanos (¿o mejor, inhumanos?), de los cuales solo algunos, muy pocos, eran verdaderos conocedores del sentido artístico de la tauromaquia. Y, entonces, para decirlo en términos taurinos, me corté la coleta.

Jamás he participado en marchas o manifestaciones contra los seguidores de la fiesta. Creo que ellos tienen todo el derecho a desear la supervivencia de su espectáculo, y merecen que se les respeten sus opiniones, como los antitaurinos merecemos que se nos respeten las nuestras. Hay que reconocer que los taurinos solo propician acciones violentas contra los toros, no contra los ciudadanos que piensan distinto. En cambio, paradójicamente, muchos antitaurinos, a la vez que se oponen a tales acciones violentas, acuden para hacerlo a lo más irracional: el ataque físico a quienes hacen fila para ingresar a las plazas. Eso no lo entiendo. No es aceptable atacar con más violencia lo que consideran violencia.

Por supuesto, yo creo que las corridas de toros deben acabarse. Ojalá por convicción, no por imposición. Creo que a eso se llegará finalmente, poco a poco. Pero, mientras tanto, si la decisión del Concejo distrital de Bogotá se mantiene y supera el examen de constitucionalidad, será un paso importante en la dirección que considero correcta.

Hay que buscar que este conflicto, que recibe ahora un nuevo impulso con la decisión del Consejo de Bogotá, se pueda tramitar de manera tranquila. Sin la polarización agresiva tan usual en Colombia para toda diferencia de opinión. Se debe evitar lo que pronostica la columna Política con pimienta publicada en este diario el 11 de junio, en el sentido de que «ahora nos vamos a arrancar las cabelleras los taurinos y los antitaurinos». Se ha querido dar contenido político a la diferencia. Parecería que se quiere hacer de la campaña contra las corridas de toros una bandera política de la izquierda. Sin razón ninguna. Conozco izquierdistas muy aficionados y derechistas opuestos a las corridas. Politizar este tema es un ingrediente adicional que complica la decisión final.   ¿Qué tal si más bien, por variar, ensayamos el manejo de estas diferencias de manera civilizada? ¡Ese sí sería un gran logro! Por experiencia personal, sé que se puede. Algunos de mis mejores amigos son grandes taurófilos. Soy amigo personal de Enrique Calvo, «El Cali». Con ellos y con él podemos tomarnos unos tragos, tratar el tema cordialmente y en santa paz, ventilar nuestras bien diferentes opiniones, y terminar igual de amigos. Sin molestia ninguna.

La Feria de Manizales se estableció tomando como modelo la de Sevilla en España, y seguramente apoyada en el éxito artístico de la temporada taurina de las celebraciones centenarias de la ciudad un par de años antes. La base de los festejos era entonces la celebración de las corridas de toros. A partir del acuerdo del Consejo de Bogotá y de las demandas que le esperan, puede suceder que las corridas se mantengan, pero también puede suceder que no. Y, además, se suma a esta posibilidad la incertidumbre que causa la peste mundial, que no permite asegurar que vaya a haber temporada taurina en Colombia el próximo cabo de año. Como buenos administradores, los dirigentes manizaleños no pueden descartar ese riesgo. Hasta ahora, en Manizales nunca ha habido feria sin toros. (En una ocasión hubo toros sin feria). Pero, ante la posibilidad de que alguna vez se presente esa circunstancia, valdría la pena que se trazara un plan B para una feria montada sobre un esquema diferente. En años ya lejanos hubo en nuestra feria espectáculos inolvidables que posiblemente habrían justificado el evento, aun sin toros: Unos festivales folclóricos latinoamericanos que nos dieron la oportunidad de presenciar el maravilloso espectáculo del Ballet Folclórico de México que, si no me equivoco, se presentaba por primera vez en Colombia, así como el extraordinario conjunto musical de la Marimba Guatemalteca; torneos deportivos como aquel inolvidable triangular de fútbol en el que el Once Caldas compitió con el América de Río de Janeiro y el Huracán de Buenos Aires; conciertos como el ofrecido en un colmado coliseo cubierto, por nadie menos que Alfredo Sadel; extraordinarias presentaciones de grupos de ballet folclórico provenientes de la madre patria, etc. La ciudad pudo traer todos esos espectáculos. Y recordemos que fuera de la Feria, en el otro gran evento que celebra Manizales, el Festival de Teatro, en algún momento logramos tener entre nosotros, celebrando nuestros atardeceres, a Pablo Neruda. Y otro día, casi me niego a creerlo, al gran innovador teatral Jerzy Grotowski. Si dejaran de existir llas corridas de toros, podría pensarse en orientar la feria a la rumba, claro, porque no podría faltar, y hacia actividades artísticas, culturales y deportivas de categoría internacional, que podrían atraer grandes cantidades de turistas del país y del exterior. Al fin de cuentas, a la plaza de toros solo pueden entrar 14.000 espectadores cada tarde, y Manizales ya se acerca, lenta pero sostenidamente, al medio millón de habitantes. Y existen en el mundo cantidades de eventos de toda índole, que logran convocar a miles de visitantes. A muchísimos más que los que reúne nuestra feria.