27 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La batalla campal en La Modelo

9 de junio de 2020

Sentenciaba en una frase un viejo recalcitrante en Santiago de Cali, de pronto con justa razón: “Si no quieres que se sepa, no lo hagas”.

Colombia es un país propicio para ocultar verdades. Miles de hechos se esconden, desde el atentado a Sucre en Berruecos, los hechos de la noche septembrina que por poco dejan sin Libertador al país, los robos de tierras en el siglo decimonono, el asesinato de Rafael Uribe Uribe, la llamada masacre de las bananeras –de la cual en realidad no se sabe cuántas personas perdieron la vida, pero que se ha ocultado la verdad—y luego el complot contra Jorge Eliécer Gaitán.

Abogados mañosos, jueces con dudosas sentencias, periodistas que no han dicho la verdad o no han ido hasta sus ultimas consecuencias, han llevado una ola de misterio a miles de casos que avergonzarían al más zángano del corral.

TAPEN, TAPEN

Intereses ocultos de políticos, patriarcas, gamonales, llamadas “mano negra” han rodado por las ciudades y los campos de Colombia.

Por trapos rojos o azules, más de 500 mil personas perdieron la vida, incontables viudas, huérfanos, lesionados, desplazados y muchos con problemas mentales quedaron en la ruta del camino.

Con los cuentos de “tapen, tapen” se ocultaron verdades, se mintió en tribunales, se dejaron de publicar informaciones y originó la llegada de la violencia guerrillera, apoyada por grupos de terrorismo internacional.

El “tapen, tapen” lo imparten por parte de la derecha y por parte de la izquierda. Lo hacen también jerarcas de la iglesia católica, pastores evangélicos y miles de hombres que han llevado cobardemente a sus amantes, novias o concubinas al aborto para evitar el “qué dirán”.

DE BONCHE EN BONCHE

Los de acá y los de allá, se han considerado dueños de las vidas de los demás. El país conoce por algunos titulares y noticias que de pronto se cuelan en medios o ahora en las redes sociales, de matanzas por parte del Ejército, la Policía, la guerrilla, los paramilitares, la delincuencia común o, simplemente, por odio entre familias como ocurría en La Guajira.

El país, de pronto por los homenajes que Caracol Televisión y RCN Televisión les han hecho a criminales como Pablo Escobar, se han dado cuenta de la crueldad que se ha cometido en Colombia.

Asesinatos a madres, trabajadores, niños violados y miles que no les permitieron siquiera respirar este aire de coca y corrupción, profesores, campesinos, obreros, operarios y un sinnúmero de profesiones han caído por las balas asesinas.

Si bien los cortes de franela y de corbata hacían llorar a los colombianos, luego el sicariato se anunciaba que no se podía ser más malo y que en el mismo averno se sorprendían de la crueldad.

DE LA PANDEMIA A LA GUERRA

En Colombia todos los grandes casos de corrupción se han escondido. Usted amigo lector, bien podría sacar un listado de más de mil casos en los cuales los sobornos, los robos al erario, los autopréstamos o simplemente, los robos multimillonarios han pasado al olvido o se han engavetado en los estrados judiciales.

Con la llegada de la pandemia, grupos al margen de la Ley quisieron explotar las cárceles con asaltos y anarquía. Según los órganos de investigación se pensaba seguir un plan para darles libertad a miles de presos.

Lo que ocurrió en La Modelo, con más de 23 muertos y 80 heridos, es otro de esos escándalos que ha visto el país.

Por algo parecido, en el Perú, el expresidente Alberto Fujimori fue llevado a la cárcel por la presión de los medios de comunicación y de miles de estudiantes que exigieron la verdad.

En Colombia, por desgracia, el hecho ha servido para que Semana aumente sus ventas y comience la frase trillada: “hay que llevar la investigación hasta las últimas consecuencias”.