12 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

HIERÁTICO

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
26 de junio de 2020
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
26 de junio de 2020

La academia formal no fue exactamente el espacio más amigable para él. Es que desde niño fue un mal estudiante. No fue una sola vez, sino varias, cuando debió salir de un plantel por bajo rendimiento o por actos de indisciplina que tocaban más con sus travesuras que con agresiones. Nunca ha sido agresivo. Desde siempre entendió que estaba en el deber de aprender por si mismo y tratar de hacerlo de la mejor manera. Fue exigente, muy exigente consigo mismo, porque esa era la manera de llegar a alcanzar lo que se proponía ante la ausencia de tìtulos y acreditaciones que certificaran suficiencias comprobadas por terceros. No se ha atrevido nunca ha decir que es un autodidacta, pero del resultado de su vida, bien se puede decir que si lo ha sido, porque todo lo logrado es el producto de lo que ha ido asimilando en todos los espacios en que se ha movido. No fue el gran amigo de la academia formal, pero no se negó nunca al aprendizaje, a su modo, a su estilo, con las necesidades que los días le iban presentando paso a paso.

Cuando nació, fue la negación de lo que llegaría ser su ya conocida y casi legendaria figura física, reconocible con apenas una mirada. Fue un niño que al nacer pesó 5.2 kilogramos, una exageración, al punto de que las enfermeras del hospital le dijeron a su madre, Ruth, que acababa de tener un pequeño Sansón. Fue fuerte desde un comienzo e hizo parte de una familia en la que el sustento estaba a cargo de su padre, ya que la madre atendía los deberes del hogar. Ese padre siempre estuvo en constante búsqueda de mejores trabajos para mejorar sus ingresos, lo que llegó a condicionar el estilo de vida que los caracterizaban: los constantes viajes de un lugar a otro y los constantes trasteos con empacada, desempecada y vuelva a empacar, lo que vivió durante sus primeros 14 años de vida. El padre cambiaba y cambiaba de empleos, pero los ingresos no iban más allá de obtener lo mínimo para sostener una pequeña familia de dos padres y dos hermanos. El y su hermana menor, quienes siempre conocieron las necesidades, sin llegar al extremo de la pobreza, pero si viviendo en las limitaciones que da la ausencia de ingresos generosos. Nunca se quejaron. Nunca se lamentaron. La madre era una gran administradora de los recursos que ingresban y vivían decentemente.
En ese constante ir de un lado a otro, al muchacho le llamó la atención la forma como en cada lugar se vivían los oficios religiosos, pues llevado por sus padres, visitó muchas iglesias, todas ellas pertenecientes al culto protestante, y en ninguna de ellas lograba comnvencerse de la existencia de verdades absolutas, pero lo que si aprendió y lo ha mantenido como una constante vital, fue a respetar las creencias de los demás, sean cuales sean, sencillamente por considerar que hacen parte del mundo individual de cada quien y por tanto que nadie posee la autoridad para cuestionar lo que creen, o no creen, o dejan de creer los demás. Tantos cultos, tantas maneras de afrontarlos, tantas maneras de compartirlos y no logró encontrar puntos de identificación que le permitieran saber de unidad religiosa. Supo que las convicciones pertenecen a cada quien y cada persona las asume y percibe a su manera, lo que genera una distancia con los demás que siempre debe ser respetada. Nadie tiene la verdad. Nadie está equivocado. Cada quien en lo suyo.

Así como le llamaron la atención los diversos cultos, sin llegar a identificarse con ninguno de ellos, también le llamó poderosamente la atención, desde muy joven, el ejercicio de la política, como ciencia de la direccion social, en la que tiene una tendencia marcada a lo conservador, sin llegar a serlo, pero siempre en la línea recta del compportamiento ético, por lo que no ha dudado en ofrecer respaldos que luego deshace cuando descrubre actos de desviación del poder o sencillamente de corrupción. Con el mismo entusiasmo con que ha ofrecido su apoyo, ha formulado críticas implacables y se ha hecho oir en espacios universales, al llegar a ser un personaje de esta naturaleza.

En su interior sabía que quería ser. Pero no lo buscó por las vías regulares de la academia, de los estudios, de la preparación. Primero pasó por muchas ocupaciones para devengar un salario y tratando en todo caso de hacerlo muy bien. Se empleó como socorrista, en lo que aprendió mucho y se apasionó al punto de ser considerado como uno de los mejores, especialmente por su temperamento calmado, racional y reflexivo. No se apresuraba a tomar decisiones. Trataba de hacer las cosas de la mejor manera y para ello no se tomaba afanes.

También fue rapartidor de periódicos, en sus primeros trabajos para devengar un sustento. Era un trabajo agotador, en el que se sometía a extenuantes jornadas, sin que llegara a expresar el menor lamento o queja. Lo que le encomendaban lo hacía y trataba de hacerlo bien. Luego pasó a ser empleado, dependiente de tienda, donde no estaba muy a gusto por la ausencia de dinámica en el desempeño de sus labores. Pero lo hacía bien. Después, en busca de acción y confrontando el peligro se hizo bombero forestal, enfrentando grandes incendios, especialmente en su Estado natal, donde esas conflagraciones se han convertido en una especie de condena universal interminable. También fue Caddie de golf, portando la pesada bolsa con palos de golpear la pequeña y pesada pelota, tomando notas del recorrido que luego discutía con su jugador de turno, con el fin de tomar medidas correctivas en el proóximo recorrido del césped.

En 1951 quiso regresar al lado de su padres en el Estado de Seattle y fue reclutado para prestar el servicio militar obligatorio, habiendo sido destinado a Fort Ord, en California. Todo el tiempo del servicio militar fue asignado como socorrista, en lo que dio muestras de saber mucho y como instructor de natación, teniendo en cuenta sus grandes condiciones en ello, por el constante ejercicio de su cuerpo, costumbre que ha tenido desde niño y que aún hoy no abandona, a lo que en gran parte debe su excelente salud, a más de tener métodos muy sanos de comida, en la que nunca abusa de grasas, dulces o sales, ni mucho menos de condimentos. Es el secreto de su figura estilizada, que siempre ha sido igual y que le ha valido el reconocimiento visual que el mundo tiene de él.

A finales de 1951, en un viaje de vacaciones a Seattle, con el fin de visitar a sus padres, al regreso a su base de trabajo, el avión Douglas en que volvían se quedó sin combustible (los equipos de medición de entonces, obedecían a los cálculos empìricos que la tripulación hacía de los elementos y no a la precisión que hoy día se tiene) en pleno vuelo, por lo que debió amarizar con las consecuencias necesarias de un fuerte golpe sobre las aguas. El piloto y él lograron sobrevivir y fueron rescatadados unas pocas horas después. Terminó su servicio militar y regresó a la vida civil. Le hicieron propuestas de que se quedara en la carrera militar, por su disciplina y orden personal, pero se negó. Esa no era la vida que andaba buscando. Soñaba con otras cosas, de esas muchas que iba aprendiendo por la vida.

Encontró en la vida sana un medio de subsistencia que le permitiera llegar a ser lo que se proponía. Nunca ha fumado, a pesar de que en muchas representaciones aparece como gran fumador, hace meditación profunda todos los días, pués llegó a la convicción individual de que el budismo podía ser una buena alternativa de ser como le gustaba ser. Se acostumbró a comer muy sanamente, a no tener excesos en consumo de licor, ni en tranocho, ni en abuso de nada. Entendió que su vida estaba en otros placeres mayores, comop hacer lo que quería, como lo quería, apren diendo de todos un poco y logrando propósitos ambiciosos, en la medida en que tuviera la conciencia de hacerlos de la mejor manera.

No llegó tan temprano, como las grandes estrellas de ese mundo, al éxito. Ya era un hombre maduro, de treinta años, que luchaba por encontrar oportunidades en la actuación. Por su porte, su mirada penetrante, su ceño enjuto, su perfil facial y especialmente su talla (mide 1.95 mts), llamaba la atención y le comenzaron a dar oportunidades en papeles secundarios, en los que no se destacó en lo más mínimo, pasando desapercibido para los espectadores, que no encontraban en sus personajes nada llamativo. Eran personajes secundarios necesarios en la trama, pero desechables en el recuerdo. En su país no pasó nada con él.

Para la década del 60, en el siglo XX, a los cineastas italianos les dio por explorar un género cinematográfico de extraordinario éxito comercial en el mundo americano, el cine del oeste, con temas referidos a ese universo de pistoleros, indios, caballos, mujeres bonitas y pianistas borrachos de cantina de pueblo, que se pagaban con cualquier botella de licor. En Europa tenían los paisajes agrestes que simularan el viejo oeste y era cuestión de buenos guiones, buena fotografía, situaciones argumentales atractivas y unos actores que llamaran la atención.

El gran precursor de ese nuevo cine comercial que se denominó spaguetti western, fue el director Sergio Leone, quien llamó a varios actores amerianos, les propuso la idea y les ofreció papeles protagónicos a quienes no eran más que parte del montón de reparto sin muchas posibilidades de sobresalir. Y ahí nació lo que llegó a ser la extraordinaria carrera cinematográfica de Clint Eastwood, una de las figuras más determinantes del cine en los últimos cuarenta años. Actor, director, productor, guionista, músico, compositor, con más de cincuenta peliculas en las que ha participado, con su mano de director que ha llegado a ser maestra. Leone le encomendó el papel de un pistolero del oeste, capaz de todo y por supuesto siendo “el guapo” del argumento. Filmadas en paisajes españoles, esas cintas simularon muy bien los agrestes paisajes americanos. Con una muy buena fotografía, para la época, pues no es posible compararla con las maravillas que se hacen hoy día en materia gráfica, con el uso de la tecnología, y una música que se pegó al oído de todos, hasta hacerla distintiva de esas clase de cine. Leone se valió del gran talento del maestro Ennio Morricone, quien creó piezas inolvidables para ir acompañando esos sucesos violentos, en los que se mata a sangre fría y de manera ya prevista. A Eastwood le dio plena libertad de hacer su personaje central y este decidió que sería alguien de muy pocas palabras, absolutamente inexpresivo (hierático), decidido, carente de miedo y capaz de afrontarlo todo hasta llegar al extremo del dolor que ronda con la muerte. Fue el pistolero que de inmediato se metió en el gusto de los espectadores y en los teatros se vivían filas interminables para ver esas producciones espectaculares, en las que se veía más de lo mismo que norteamerica había mostrado del viejo oeste, pero de otra manera. Alli, en esas cintas, lo conoció el mundo y se hizo reconocible para todos, con su caminar lento, su mirada profunda, su expresión de no expresar nada y sus acciones mortales en todo instante, matando sin el menor remordimiento. De ahí en adelante, Eastwood se volvió un actor reconocido en el mundo entero. Fue su comienzo, cuando ya sobrepasaba los 30 años. Encontró el estilo propio, bajo la libertad de un director inteligente que consideró el potencial que esa figura estilizada de un vaquero frío y caculador tenía.

De ahí en adelante se propuso aprenderlo todo en el cine y con su disciplina personal de trabajo, su inteligencia natural y su capacidad de observación se fue haciendo alguien conocedor de ese mundo amplio de las fantasías y las creaciones mediante el uso de las cámaras, de la música, de los guiones y de los buenos actortes. Hay que decirlo: Clint Eastwood en su comienzos no fue un buen actor, pero tuvo la suerte de su atractivo personal, que permitió que se sembrara en la memoria de los espectadores, lo que es vital en la carrera de cualquier persona que se dedique a las artes escénicas. El ha sido un hombre de cine y solo cine, pero con paciencia y mucha constancia lo ha aprendido todo y ha llegado a ser, sino un excelente actor, un convincente actor que recrea a sus fríos personajes y les da vida emocional, capaz de compenetrarse con quienes le observan en la pantalla. Lo que no tuvo de buen actor de joven, lo tiene de director ya maduro, pues se ha destacado por dirigir de la mejor manera a quienes tienen la oportunidad de trabajar en sus cintas.

En 1971 se atrevió por primera vez a dirigir una película, lo hizo con “Escándalo en la noche”, en la que comenzó a dejar espacios definidos de lo que sería su cinematografía, en la que explora con frecuencia los sentimientos de las personas, desde los más altruístas, hasta los más bajos, lo que hace con gran crudeza. Es evidente que con esa cinta no pasó nada. La vieron, no mereció mayores críticas y fue algo como para el olvido. Era el comienzo.

En 1974 dirigió “Un botín de 500.000 dólares” y ya la crítica especializada comenzó a referirse a su temática y a la manera de hacer el desarrollo cinematográfico. En 1976 vendría “El fuera de la ley”, que también sonó fuerte en los medios especializados y se constituyó en un gran éxito de taquilla. En 1979 aparece la gran consolidación de Eastwood con “Escape de Alcatraz”, que por muchas semanas en todo el mundo agotó localidades. En 1984 “En la cuerda floja” fue otro aporte de este exigente director, continuando con esa clase de personajes tan definidos y a veces tan previsibles, pero que tanto gustan al público. “El jinete pálido” es de 1985 y fue otro gran golpe de taquilla. En 1986 su carrera de consagración siguió con “El Sargento de hierro”, a la que siguió en 1993 “En la línea de fuego” y un hito dentro de su carrera artística como “Los puentes de Madison” en 1995, le habrían de dar un lugar de preeminencia entre los creadores del séptimo arte.

Tiene en su haber cinco Premios Oscar, tres como director y dos como mejor película. Su primer Oscar como director lo ganó en 1992 con “Million dóllar Baby”. A más de los premios ganados, ha tenido siete nominaciones, en las que anduvo muy cerca de volver a ganar. Ha recibido el Premio de Cine de Venecia, el del Festival de Cannes y en 1994 recibió del gobierno francés la Medalla a las artes y la cultura. Se ha paseado por todo el mundo con sus cintas y es reconocido como un director exigente y que se mete en temas difíciles que va llevando poco a poco, sin atosigar al espectador, pero sin darle respiro, de tal manera que lo mantiene atento a la pantalla durante toda la proyección. Es un director como se dice en el argot comun: agarrador.

Desde 1967 creó su propia compañía productora de cine, Malpaso, que a su vez es productora musical y distribuye su música, con cientos de composiciones, especialmente al piano, como que es pianista, destacándose en el jaz, que ha sido su gran pasión desde siempre. No volvió a filmar para ninguna otra casa distinta a la suya y se ha comportado como un gran hombre de negocios con su sistema de distribución.

Ha actuado en la mayoría de las películas que ha dirigido, pero en las que no ha dirigido, ha dejado saber de su mano maestra para conducir a quienes se encargan de darle vida a sus personajes dificiles, que son creados en el mundo ondeante de las emociones, con quienes los espectadores sufren y lloran en muchas ocasiones.

En las producciones en que actúa procura crear personajes que se amolden a ese estilo frío, de pocas palabras, de acciones contundentes y de pocos amigos entre la comunidad. Ha dado ejemplo de lo que es ser un gran actor cuando ya los años pasan y pesan. Muestra de ellos son “El gran torino”, protagonizado por un viejo vecino de malas pulgas, que se dedica plenamente al cuidado de su hermoso Ford Torino, que cuida más que a nadie y que defiende de cualquier agresión que jòvenes atrevidos pretenden hacerle. Se defiende de tal manera que la comunidad lo consagra como heroe, a lo que el personaje se niega, aduciendo que no es heroe de nadie, ni de nada, que apenas se hace respetar. Igualmente dejó un sabor de plena consagración en la vejez con ese personaje de “La mula”, un hombre al que las hipotecas y las deudas bancarias lo asfixian cuando ya no tiene mayor capacidad de producción económica y el cultivo de las flores se viene abajo, no por cultivo, sino por los sistemas de distribución a través del uso de la tecnología, en lo que con su edad, está completamente resagado. Aprovecha una oferta de manejar -lo que ha hecho toda su vida, entregando personalmente sus flores-, para llevar unas encomiendas a ciertas ciudades. Lo hace con desconocimiento pleno de que se trata. Cuando lo descrubre no se excusa, no trata de eludir responsabiliaddes y siugue adelante hasta cuando es sorprendido por la autoridad (tenía conciencia de que así sería) y llevado a juicio. No es el personaje para sentir compasión, es el viejo a quien se mira vivir con decisión y tratando de reconstrurir una vida afectiva que él mismo se encargó de destruir. Una actuación inolvidable, que bien pudo haberle dado el Oscar como mejor actor en 2019, pero la competencia era dificil.

Ha tenido seis parejas sentimeentales y de ellas ha obtenido ocho hijos, Seis hijas y dos hijos. Es hijo de Clinton Eastwood y Ruth Eastwood. El mismo se llama Clinton y por razones artístas lo redujo al Clint tan conocido en el mundo entero. Es una gran estrella del mundo del cine, que se ha mantenido con el pàso de los años y que con el avance de éstos demuestra que cada día es mejor y que de él se pueden esperar muchas mejores cosas.

Estamos hablando de Clint Eastwood por las razones anteriores y muchas más y porque anda cumpliendo 90 años de existencia, que no celebrando, pues nunca ha permitido que se los celebren, al haber nacido en San Francisco California, el 31 de mayo de 1930. Sus posiciones políticas han sido debatidas por su adehesión Republicana desde 1952, cuando adhirió a la candidatura Presidencial de Dwight D. Eisenhower y no dudó en apoyar públicamente a Nixon, a Busch, a Reagan, al mismo Trump. Pero cuando sus líderes han caído en actos de deslealtad o corrupción no ha dudado en cuestionarlo y solicitar para ellos el mayor castigo, como sucedió con Richard Nixon por el escándalo de Watergate. En 1986 fue elegido popularmente alcalde de su pueblo de adopción, El Carmel-By-The-Sea, en lo que fue reelegido hasta cuando pidió que lo dejaran ser lo que más le gustaba ser: sinematografista. Pero sigue viviendo alli mismo y es el personaje central de una muy pequeña ciudad que con él recuperó el orden y no lo ha dejado perder.