17 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Encuentros e ingenio en la segunda fase

7 de junio de 2020

Por E.Sachs

Cuarto mes de confinamiento, medio confinamiento, confinamiento pero no tanto, solos, pero si no hay más remedio también acompañados. Con mascarilla siempre, pero si no puede respirar quítesela, y si puede respirar y está solo también se la puede quitar. Nada de besos, nada de abrazos, ni dentro ni fuera de casa, pero si ya no se aguanta láncese y abrace con todas sus fuerzas a esa persona que también está esperando a punto de lágrima ese achuchón tan prohibido. Así estamos muchos. Me atrevería a generalizar que casi todos. Hay una especie de desgano rayando la tristeza, o mejor una melancolía, aunque no ha faltado ni el empuje ni el ingenio en muchos para maquillar este panorama tan plagado de incertidumbres.

Primero fue el afán por la limpieza. No hubo escapatoria. Comenzamos todos a lavar y a desinfectar armarios y suelos. Le quitamos también el polvo a esa biblioteca tan querida, y por falta de tiempo tan poco visitada. Pero el tiempo pasó y pasó. Entonces retomamos nuestro apetito por la lectura. Pero el tiempo siguió pasando y para algunos la lectura ya no bastó. Llegó el momento de ordenar el ropero, y aquellas prendas viejas que siempre esperaron una segunda oportunidad por fin debutaron transformadas.

Una mañana -¡imposible recordar ya de qué día!-  me llegó un eufórico mensaje de voz de mi amiga ruso española Teresita Sánchez Gaidabura acompañado de varias fotos de cuencos – para usos varios – vestidos con retazos trenzados y mantas elaboradas con todo lo viejo, roto o desgastado que encontró en sus armarios, procurando combinar alegremente las telas dejando así mismo su impronta oriental. Hija y nieta de artistas, siempre supo que tenía un espíritu sensible para las manualidades, pero también era consciente de su poca paciencia para permanecer quieta en un solo sitio. Y lo que no pudo por voluntad propia, lo consiguió  este encierro. Sin otro horizonte a la vista más que el de centrarse en cómo hacer de las piedras panes  refrán que se aplica a los catalanes (en el que también caben los paisas, pero entonces no rima)  esta amiga logró con su hobby artesanal darle una segunda vida a esas prendas que podían haber terminado en la basura, remodelándolas, rebautizándolas casi como una metáfora de este confinamiento. Porque de aquí también saldremos todos transformados, no sabemos aún cómo ni en qué, pero algo es seguro, y es que nosotros  los de entonces – con su permiso Señor Neruda – ya no seremos los mismos.

Y mientras algunos trabajan con las manos, otros han ideado Torneos Olímpicos de Letras, conectando a la familia dispersa en el extranjero  a través de un tablero virtual cuyo diccionario rechaza muchos términos castizos, pero acepta al tuntún palabras tan inauditas que sería imposible memorizarlas. El evento está organizado ingeniosamente por Oscar Mesa, un ingeniero jubilado,  asesorado por Ricardo el tío veterinario, patriarca familiar, también un feliz retirado en Quito, y que se ha convertido en el terror del grupo, aunque las mujeres ya le demostraron que hay en él mucho  ruido y pocas nueces, pese a sus presuntuosos aspavientos de tigre de Bengala (foto que usa para amedrentar, sin mucho éxito, a sus oponentes). Las horas de cada encuentro varían según el país del participante, pero las reglas son firmes y la convocatoria va precedida de los correspondientes vídeos caricaturizados y  campanadas grabadas de la misma Iglesia de Anserma, que provocan en unos risas y en otras taquicardias e incluso noches de insomnio tras aparatosas derrotas de alguna participante, cuyo nombre, por decoro y para ahorrarle nuevas pesadillas mejor no mencionamos.

Y sin perder ni un minuto de su tiempo, en Vitoria, Carmen Cuevas, auxiliar de enfermería, trabaja sin pausa volcando su imaginación y buen corazón en pequeños recuerdos hechos en  madera con agradecimientos grabados para repartirlos luego entre todos los vendedores y cajeras de su barrio, porque como reza el dicho: es de bien nacido ser agradecido.

Cae el sol. Es hora de recorrer los mismos rincones de ayer.