28 de mayo de 2022
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Candidatos y gobernantes

11 de junio de 2020
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
11 de junio de 2020

La campaña es en verso; gobernar es en prosa (Anónimo)

Hay una afirmación de la actual canciller alemana Angela Merkel que revela una verdad de la política a veces minimizada. Dice así: “Los presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano y por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir dichos problemas. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”.

Donde ella dice Presidentes, digamos Alcaldes y Gobernadores, es decir, los que recién empiezan a mandar. Y a partir de ese momento de mandar se les suele olvidar que no son perfectos. Los gobernantes no son perfectos (aunque los aduladores los tengan convencidos de lo contrario). Pero si existen los gobiernos, debe existir alguna al mismo tiempo una manera de solucionar el problema de los gobernantes imperfectos que no se escudan en los problemas heredados de sus antecesores.

Pero no hay tal solución. El problema empieza con los promeseros: cuando alguno de ellos ha prometido hacer el diseño de una sociedad ideal, lo mejor que uno puede hacer es salir corriendo y votar en su contra: ¿un ser imperfecto que cree tener el secreto de una sociedad ideal, no es aún más imperfecto que el resto de nosotros? Darle poder a ese promesero sería un disparate: los gobernantes son seres imperfectos que no pueden producir gobiernos perfectos. No obstante, es inevitable que, para evitar la anarquía o el desgobierno, los pueblos caen repetidamente en esa equivocación que la gente adivina de antemano.

Por ello mismo repetimos ese mismo error de elegir imperfectos desde el principio de los siglos. Elegir gobernantes imperfectos que se autodenominan a sí mismos redentores sociales, por lo general como parte de la campaña, es precisamente una característica muy propia de la política: salvo muy escasas excepciones, los candidatos que proponen grandes salvaciones tienen una visión muy simplificada y engañosa del mundo. Para muchos de ellos, el mundo está formado usualmente de buenos y malos, y desde ese momento las cosas comienzan a ir por un camino indefinido.

El mejor atributo de un gobernante es escoger a sus colaboradores. Ellos pueden ser imperfectos, pero un buen ojo los dispone acertadamente con los atributos propios de cada persona. Si es un creativo, no lo ponga a realizar tareas rutinarias; si es un rebelde sin causa, utilice su energía en acciones rompedoras; si es un sumiso, que haga tareas repetitivas sin exhibirse; si es un ambicioso, no le quite las alas pero asígnele oficios donde pueda destacar los logros de su gobierno. Pero, eso sí, asegúrese de que todos tengan una auténtica vocación de servicio.

Si alguien en verdad no tiene una genuina vocación de servicio a la sociedad debería pensarlo dos veces antes de entrar a una oficina del gobierno. Vería realizados sus sueños de servicio con mayor plenitud en las acciones que realizan los misioneros, los voluntarios, los enfermeros y una serie de personas que con escasos ingresos se consagran a la atención de los demás. Vale decir que tiene que estar preparado para el servicio porque esa vocación se va agotando, en especial entre nosotros, gracias a los vericuetos de la burocracia y las acechanzas de los corruptos. Servir es entonces una consigna muy fuerte, como un roble que resiste vendavales.

Piénsenlo bien los candidatos a cargos públicos: las artimañas son muchas (casi todas jurídicas) y la ética hogareña a menudo es incapaz para hacerles frente. A menos que la vocación de servicio sea tan fuerte que ahogue todos lo demás intereses y propósitos. En ese caso, lo que queda es consagrarse totalmente al bien y vivir esa realidad intensamente. Por desgracia ya quedan muy pocos mártires de esta sociedad que por cierto es sumamente imperfecta.

Junio 2020