16 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Adelante

5 de junio de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
5 de junio de 2020

Una nueva semana de confinamiento para algunos de nosotros y otra muestra de cómo algunos alcaldes lo hacen bien, en tanto otros dan tumbos y siguen sin rumbo cierto y definido. Por supuesto, que, el Señor Presidente, ha venido comandando los procesos desde donde le toca y hasta donde le toca. De eso no puede caber duda, ya que, cuando hubo que declarar la cuarentena obligatoria se ordenó, y ahora, cuando es imperioso darle un respiro a la economía, ha marcado las pautas para hacerlo, dejando, como es debido, a cada alcalde la responsabilidad de darle nuevamente actividad a la medida de su pueblo.

Y es que, después del gran esfuerzo realizado con 60 días de confinamiento, ya es necesario mirar más adelante y realizar cuanto esfuerzo se nos demande para que salgamos todos de este aprieto en el que nos encontramos. Esto, sin duda alguna, nos exigirá disciplina para guardar las medidas de protección que el virus nos demanda. El uso de tapabocas, su uso correcto para que cumpla su objeto; el proceder con el aseo de manos con la rigurosidad que es debida; el evitar la cercanía con quienes debemos tratar en nuestro diario quehacer; el proceder a guardar las distancias y a asear los objetos con lo que tenemos contacto frecuente, serán, por ahora, los medios para contener la propagación de la enfermedad. Hasta ahora no hay otro medio y a eso debemos recurrir, disciplinadamente, y no sólo para nuestra protección, como también lo es para la de los demás, a quienes debemos respeto y con quienes tenemos la obligación de protegerlos.

Quizás antes no tuvimos que mirar tanto hacia nuestros semejantes. Quizás hacia ellos no teníamos que observar más allá del debido trato y respeto, y las elementales normas de cortesía. Ahora, a más de ese respeto, buen trato y normas de cortesía, les debemos consideración y protección. Debemos esa protección, como mínimo, para todos los que nos rodean sin distingos de alguna clase.

Por otro lado, y sería lo más importante que como lección podamos tomar de esta peste, es la solidaridad. Solidaridad que no sólo debe manifestarse en las actitudes de carácter social expresadas antes, sino que deben ir más allá, mucho más allá, ya que no pocos vienen pasando los peores días de sus existencia, cuando el cubrir sus necesidades les ha sido más difícil. Dificultades a las que antes no estuvieron expuestos, dificultades que vieron lejos de sus vidas habida cuenta de sus ingresos y actividad económica. Dificultades que parecían exclusivas de determinados sectores de la sociedad sobre los que sus ojos nunca estuvieron atentos. Dificultades que nos han demostrado que nadie, ninguno, está exento en su existencia. Lección que nos cabe a todos sin distingos y que nos lleva a reconocer que, sí algo tenemos, es imperioso compartir. Lección que nos lleva a considerar que el tener hoy no es un seguro para que mañana no nos falte. Lección que nos lleva a trabajar pensando en toda la sociedad de la que hacemos parte y a ayudar a quienes lo requieren para salvar estos tenebrosos días que, más que encierro, lo que nos han mostrado es la debilidad del tejido social en medio del cual nos movemos. Tejido en el cual muchos de nuestros conciudadanos han estado ahogados en las más extremas necesidades.

Si como lección sacamos una verdadera noción de lo que somos como sociedad y lo que a ella debemos, bien valdrá lo vivido y lo padecido.

Manizales, junio 5 del Año de la Peste.