26 de febrero de 2021
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Vida de hotel con medidas estrictas, la nueva rutina de obreros colombianos

6 de mayo de 2020
6 de mayo de 2020

Jorge Gil Ángel

Bogotá, 7 may (EFE).- La vida de 180 obreros que trabajan en la ampliación de una planta para descontaminar el río Bogotá cambió. Hoy viven en un cómodo hotel y cumplen con las más estrictas medidas sanitarias para poder trabajar y evitar que haya un foco de contagio de COVID-19 en esa obra, vital para la capital colombiana.

Cabinas de desinfección, mascarillas, guantes de látex, termómetros y distanciamiento social hacen parte del día a día de los obreros, que desde el 23 de abril están alojados en el GHL Style Hotel Bogotá Occidente, a las afueras de la capital colombiana, alejados por seguridad de sus propias familias.

Desde que se levantan cumplen con un minucioso protocolo al que ya están habituados. Salen de sus habitaciones y van en grupos de 10 a desayunar al restaurante del hotel donde les toman la temperatura, se sirven los alimentos y cada uno se sienta solo en una mesa para mantener el distanciamiento social.

Una vez terminan de desayunar salen del hotel para abordar un autobús, en el que tampoco pueden sentarse juntos, que los lleva a la obra de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Salitre (PTAR Salitre), ubicada a poco más de siete kilómetros y que construye un consorcio en el que participa la española Aqualia.

«Fue un cambio drástico pero ahí nos vamos acoplando a lo que la situación nos pone. Esto del COVID-19 es algo para adaptarnos y para que más adelante cada uno tenga el hábito de manejar todos estos implementos de seguridad», dice a Efe Jeison Arias, que trabaja como técnico instalador y electricista en la obra.

PROTOCOLO SANITARIO MODELO

Según el director de Área América de Aqualia, José Miguel Janices, para la compañía española y para el consorcio «resulta fundamental garantizar la salud tanto de nuestros trabajadores como la de la comunidad, motivo por el cual hemos implementado un Protocolo Biosanitario puntero a nivel mundial».

Enfundado en un traje blanco, con máscara de protección y un tapabocas KN95, el médico Édgar Gómez, encargado de garantizar que la obra cumpla con el protocolo establecido por el Gobierno para reiniciar las operaciones en plena cuarentena nacional, explica a Efe que antes de volver se les hizo la prueba de COVID-19 a los 180 obreros.

«Se instalaron en un hotel con buena comodidad y confort, con el suministro total de alimentos y todas los servicios básicas. Hay también un transporte, por cuenta de la empresa, que cumple con los lineamientos del Ministerio de Transporte para esta epidemia», afirma el médico, quien asegura que esto ocurrió luego de que las pruebas de los trabajadores resultaran negativas.

Gómez es consciente de que esta operación no es fácil porque «la gente no está acostumbrada a esta emergencia», por lo cual hicieron una exhaustiva «inducción hacia las nuevas metas de trabajo, creando una cultura con respecto al distanciamiento físico y la no interrelación social y (para) tomar consciencia clara de que tenemos que cortar la cadena de transmisión».

«Se partió de un punto de proceso de aprendizaje ecológico, donde tenemos el concepto de rebaño. Manejamos grupos de 10 con un líder que dirige ese rebaño y es el responsable diario de la toma de temperatura para ver si puede o no puede acceder al trabajo, de lo contrario, el trabajador iría a aislamiento», explica.

OBRA VITAL

Por orden de una magistrada del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, un 10 % de los 1.800 obreros de la PTAR Salitre se reintegró el 23 de abril a su trabajo que consiste en ampliar una planta de tratamiento para descontaminar el río Bogotá, convertido desde hace décadas en cloaca que recibe a diario toneladas de residuos domésticos e industriales.

Según la magistrada Nelly Villamizar, el proyecto es prioritario para la población de la capital colombiana e indispensable para «el mantenimiento y adecuación hidráulica del río», razón por la cual los encargados del proyecto tomaron las medidas necesarias para cumplir con el protocolo establecido por el Gobierno para reiniciar actividades.

Es por ello que sus trabajadores volvieron a la obra cuatro días antes de que entrara en vigor el decreto con el que Gobierno puso entre las excepciones de la cuarentena a aquellas obras de construcción que cumplan un protocolo estricto de bioseguridad.

La obra, a cargo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y del Consorcio Expansión PTAR Salitre (CEPS), conformado por Aqualia, la griega Aktor y la colombiana CASS Constructores, se complementa con la construcción de la Planta de Tratamiento Canoas (PTAR Canoas) y busca garantizar la sostenibilidad del río Bogotá.

LIMPIEZA DEL RÍO

«La ampliación de la planta de tratamiento Salitre hace parte de un programa de saneamiento y recuperación del río Bogotá. Por tal motivo en este momento es uno de los proyectos más importantes a nivel nacional y latinoamericano en obras de saneamiento básico», afirma a Efe Mauricio Gónzález, jefe de este proyecto que permitirá desde marzo de 2021 el saneamiento del 30 % de las aguas del río.

La obra, que va avanzada en cerca de un 83 %, tiene un costo de 430 millones de dólares financiados con un préstamo del Banco Mundial (BM) y, una vez terminada permitirá el tratamiento de 7,1 metros cúbicos por segundo de aguas residuales de la ciudad.

«El objetivo que tanto Aqualia como CEPS perseguimos reanudando los trabajos en la PTAR Salitre es siempre el de cumplir con el compromiso del megaproyecto de descontaminación y recuperación del río Bogotá, el cual es una necesidad de primera magnitud para la comunidad y beneficiará tanto a la salud de los ciudadanos como al medioambiente», añadió Janices.

Es por eso que hoy, en medio de la crisis por la pandemia, administrativos y trabajadores de la PTAR Salitre hacen un esfuerzo para cumplir los protocolos de sanidad necesarios con el fin de mantener cerrada la burbuja en la que están aislados y entregar a tiempo la planta, clave para que en Bogotá haya un futuro ambiental sostenible. EFE