13 de mayo de 2021
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Todos saben

12 de mayo de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
12 de mayo de 2020

Algo de lo aparentemente carecen los demás estados del mundo le sobra a Colombia. Sí, así sin más y sin menos. Alguna “ventaja” deberíamos tener.

Por fortuna, y más bien por desgracia, estamos llenos de especialistas en las diferentes materias relacionadas con la Peste que nos acompaña. A cada día sale un nuevo epidemiólogo a decirnos lo que está pasando y lo que nos pasará si se levantan las restricciones antes de una determinada fecha pues, de hacerlo antes, estaremos condenados a padecer una arremetida del virus como no lo imaginamos. A los pocos minutos, otro experto, este en el campo de la economía, nos informa que es imperioso dar vía libre a ciertos campos de la producción para que inicien sus trabajos y la recuperación de la economía, ya que, de no hacerlo, el hambre campeará y tendremos más muertos por hambre que los que el virus podría dejar. De esta manera, con ambos vaticinios quedamos en babia y aterrados, máxime cuando no somos nosotros, quienes, para discutir tan determinantes diagnósticos.

Pero como si no bastare esto, el gobierno nacional en cabeza del señor Presidente, informa que para paliar la situación económica de los colombianos, valga decir, la de los que no son ricos, se ha tomado la determinación de facilitar recursos a todos los ciudadanos en una cantidad dada de dinero, dinero que será entregado desde las empresas en las que trabaja cada uno. De inmediato, salta uno de los más connotados sabios en la materia, e indica que esa cantidad de dinero no alcanza para nada y que con ello lo único que está haciéndose es aplazar la muerte por inanición de quienes reciben tan pírrica cifra como auxilio, y exige que la misma se aumente en una cantidad tal que a todas luces es imposible de entregar, pero cifra que sí le sirve, al que la sugiere con largueza, para reclamar votos en las próximas elecciones. Desde luego, si es que alcanzamos a estar vivos para entonces y no nos ha matado ni el virus ni la hambruna.

Pero, en el entretanto, sobre la propuesta de ese sabio que desdijo de lo que el gobierno determinó para socorrer a unos, otro, que no podía quedarse atrás en conocimientos, estima que, si bien no tiene el Estado la ingente cantidad de dinero que se requiere para dar el auxilio que el fulano anterior ha sugerido, lo indicado es emitir tantos billetes como sean necesarios para cubrir ese propósito, con lo que el ejecutivo no tendrá disculpa para no hacer tal esfuerzo. No habiendo terminado este último, otro, no menos importante y sabedor de todo lo imaginable, salta para advertir que la emisión de billetes traerá una inflación superlativa y con ello, lo que a cada ciudadano se le dará, no le alcanzará para calmar el hambre que tendríamos en ese momento por el desborde de los precios.

Ah! Clama otro, para exigir del lado de las centrales obreras, que el Estado debe impedir que se produzcan despidos en las empresas, las que deben mantener sus nóminas para evitar que los obreros pierdan sus empleos. Paralelamente anuncian su oposición a que haya una controlada reactivación de las actividades industriales y del comercio, dada la exposición a la que se obligaría a las clases trabajadoras, las que, como es usual, nada importan a los empresarios, quienes obligan al gobierno a determinar la reactivación sin pensar en quienes morirán para enriquecer a las clases oligarcas del país.

Otro, desde su ángulo, reclama que el sector de la salud requiere más dotación y de equipos para atender la epidemia. De paso, anuncia que el personal médico se encuentra expuesto a los mayores riesgos y que por tanto es necesario atender sus requerimientos. Más votos para el vocero que reclama en nombre de aquellos.

Así, sucesivamente venimos oyendo las voces de los unos y los otros, gobernantes unos, “voceros” del pueblo otros. Y, de otra parte, apenas si se oyen las voces de quienes nada tienen y claman con razón por un mendrugo de pan para calmar el hambre que acosa a toda la familia. Sí, porque ellos no tienen empleo, no lo han tenido nunca y los gritos de arriba sólo buscan que allá, en las alturas, se calmen las apetencias, grandes o pequeñas, ciertas o no, pero que en nada les aporta al afán del momento. No obstante, ya algunos hablan de hambre, hambre de derechas o hambre de izquierdas, en un discurso inane que nada aporta, salvo para atizar mentes cortas sobre las que reclamarán votos mañana sin que con ello lleven soluciones al hoy que se padece.

Manizales, mayo 11 del año de La Peste.