3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Qué tristeza: a Colombia se la roban cada segundo

2 de mayo de 2020

La pandemia despertó a la clase dirigente de Colombia. Obviamente, para lo malo. Nunca antes la corrupción había alcanzado estos niveles. La politiquería se adueñó del erario y lo destrozan a diario.

Con desconsuelo se observa cómo se derrocha el dinero de los colombianos. Por ahí la Contraloría, la Procuraduría y hasta la Fiscalía salieron con alharacas con unas denuncias. Ya se sabe que los implicados les harán un juicio en los medios de comunicación, si es muy grave el asunto, les dan dos o tres meses de suspensión y los regresarán a sus puestos para que sigan en las mismas.

¡Qué vergüenza! Los banqueros, con cinismo de canes en celo, hacen oídos sordos ante el clamor de los clientes para que cumplan con las promesas del principio de la pandemia. Nada. No hay rebaja de intereses, siguen los cobros por las transacciones y cada día aparecen con una nueva norma para asaltar la buena fue de quienes visitan sus oficinas.

Los empresarios como Avianca, después de ultrajar a los pilotos, a los pasajeros, que han cobrado altas sumas por los vuelos, con pésimos servicios, ahora su presidente implora que se le debe ayudar. Claro, el mandatario de los colombianos, con una hermana suya laborando en la aerolínea les brinda la mano con la plata de los contribuyentes. De la riqueza de los dueños de esa entidad, no se arriesgará un solo dólar.

LOS DIRIGENTES NO CONOCEN A COLOMBIA

Hablemos claro:  las medidas que han tomado nuestros mandatarios, locales, regionales y nacionales, resultan peor que la enfermedad.

Al no ser previsivos paralizaron la economía destruyendo de manera masiva empleos, pequeños y hasta grandes negocios, lo cual nos costar años recuperar. Colombia tiene cerca al 40% de informalidad a la cual jamás llegaran los recursos suficientes de ayudas y si les llega una vez, no les llega tres. Eso desde luego genera hambruna, que entre otras cosas será un fenómeno en América Latina, porque los estados no podrán sostener esa carga de manera indefinida.

Todo esto por tener gobernantes ausentes de la realidad, ignorantes y populistas.

SE NOS FUE DON ANTONIO

Consternación en el pequeño mundo del cine colombiano. Don Antonio Bolívar que logró la popularidad por su papel en “El abrazo de la serpiente” falleció en Leticia hace unos días.

Gracias a su papel estuvo en los Premios Óscar de la Academia en el 2016 y en los Festivales de Cannes y San Sebastián entre otros.

Don Antonio interpretó a Karamatake, el guía a través de la selva del etnobotánico Richard Evans en busca de yakruna, planta que le devolvería la capacidad de soñar.

DON CARLOS HIZO SOÑAR A VARIAS GENERACIONES

Todo tipo de recuerdos han traído los colombianos de don Carlos Pinzón. Uno de los más emocionantes fue el de la creación de Radio Quince.

Pero también fue el primero en hablar de las emisoras estéreo y de los discos compactos.

Fue un personaje en la radio, la televisión, el rock en español, las discotecas, las campañas sociales, competencias deportivas e impulsó seriamente la creación de la Asociación Colombiana de Locutores.

Él fue el verdadero creador de las emisoras juveniles de Colombia. Después, en los años ochenta, un grupo de locutores se enfundaron mal ese título como gestores de ese renglón radial y les quedó muy mal autoproclamarse ese eslogan.

LOS DUDOSOS PROCEDERES CON LOS DIFUNTOS

Nadie ejerce control sobre el manejo de los muertos de la pandemia en Bogotá. El jueves, en la funeraria capillas de la FE Cooserpark de la Avenida Boyacá con Avenida Primero de Mayo le hicieron velación de cinco horas al señor Álvaro Rincón, quien murió víctima del virus.

Allí le cobraron a la familia por servicios que estaban incluidos en un plan, pero además les reclamaron el auxilio que da Colpensiones. Finalmente, el señor Rincón lo llevaron al cementerio del sur en Matatigres donde los cremaron. La norma dice que no se puede velar, pero para cobrar lo hicieron con el peligro del contagio.

EL DESPELOTE UNIVERSITARIO

Informa el portal Universidad.edu.co que los rectores están nerviosos y Mineducación no habla ni da soluciones. Cada IES va por su lado y, como no hay un sistema estructurado, la pandemia puede lesionar gravemente lo que hay.

Se necesita, urgentemente, un “redentor”, que tenga la capacidad de dar luz y, sobre todo, tener autoridad y reconocimiento entre los propios actores del sistema de educación superior para sentar en una misma mesa a todos los rectores y concertar un diálogo con gobierno y demás protagonistas del sector.

LOS ERRORES UNIVERSITARIOS

En Colombia se ha dado en llamar, erróneamente, como “Sistema de Educación Superior” a la sumatoria de actores que giran en torno de la defensa o crítica al Ministerio de Educación Nacional, que por más que quiera, ni siquiera tiene todo el control y enfrenta múltiples intereses que se mueven por otro lado, personas e instituciones cada uno defendiendo sus intereses.

DIVISIONES ENTRE LOS QUE SUPUESTAMENTE SABEN

El SUE sólo piensa en más recursos para las universidades públicas, y entre sus propias IES hay división sobre cómo manejar el tema; ASCUN no reúne a todas las universidades y no logra conciliar una clara posición sectorial por la dificultad de conciliar la opinión de más de un rector que se considera una vaca sagrada; ACIET ha terminado siendo una amalgama de intereses y tipologías tan diversas que le queda imposible ponerse de acuerdo; la RedTTU trabaja bien en equipo, mas sólo tiene una idea en su cabeza: más recursos; ACESAD, que intenta pensar lo virtual, pero que no tiene la acogida de parte de otras instituciones interesadas en el tema; CNA, que responde a una visión clasista del sector; CONACES, que pugna internamente entre los paradigmas disciplinares y el conflcito de interés de sus miembros, y el CESU que legisla más para los intereses de unos pocos, porque no representa a todos.

En medio de este complejo panorama están las IES (que son las que mueven estudiantes y recursos) tratando de equilibrarse entre obedecer al Ministerio, cazar luchas sectoriales y, sobre todo, sobrevivir en un mercado cada vez más difícil.