7 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Precisión cuestionable

14 de mayo de 2020
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
14 de mayo de 2020

La publicidad de todas las propuestas, promociones y ofertas de productos desengrasantes, limpiadores, desinfectantes y descontaminantes que han aparecido antes y especialmente durante la vigencia de la amenaza del Covid19, aparece con información tajante y matemáticamente precisa sobre las virtudes y la capacidad de eliminación de gérmenes peligrosos de cada gel, jabón en pasta o líquido, compuesto limpiador o menjurje plaguicida, siempre con una inobjetable precisión del 99.99 por ciento de eficacia limpiadora y exterminadora, capaz de eliminar cualquier agente patógeno, virus, bacteria, microbio o bicho invisible potencialmente peligroso que amenace la salud de toda la familia, incluidas las mascotas presentes en cada hogar. Hasta el montañero “jabón de la tierra”  que aun se consigue en algunas pueblerinas plazas de mercado envuelto en hojas secas de plátano, creo que ofrece la singular garantía.

Y entonces surge una pregunta intrascendente y algo ingenua que siempre me ha acompañado, especialmente en estos tiempos en los que para prevenir y eliminar el riesgo del mortal coronavirus del organismo humano, hasta en el más alto nivel se ha recomendado hacer gárgaras, untar, beber, hacerse sobijos y hasta inyectar dosis terapéuticas de limpiadores comerciales clorados, ofrecidos en primera instancia para la eliminación “garantizada” del 99.99 % de bichos peligrosos en sanitarios, tinas, lavamanos, fregaderos, baños, pisos y cocinas.  Por esa razón sería ideal que algún acucioso funcionario de alguna de las multinacionales fabricantes de tales productos milagrosos absolviera mi poco llamativo interrogante, ¿En cuáles laboratorios y con qué criterios de evaluación se ha logrado establecer y ha permitido garantizar la autenticidad de tales reclamos de eficiencia matabichos de cuanto producto de aseo se ofrece en el mercado, para no incurrir en la perversa y recurrente figura conocida como  “publicidad engañosa”?

Como en el caso de las encuestadoras y sus encuestas, ¿Será posible obtener y consultar las “fichas técnicas” de los correspondientes procesos de evaluación de las capacidades bactericidas de cada producto ofrecido en el mercado? ¿No será que ese insignificante residuo del 0,01% de bichos supervivientes (O mejor, “resilientes”, para no desentonar con el terminacho hoy tan de moda…), es precisamente el responsable de la agresiva pandemia que hoy amenaza a toda la humanidad? Por lo menos desde mi paranoico punto de vista, a ese pequeño porcentaje de resistencia es al que habría que tenerle miedo.

PUBLICIDAD  QUE  DESPISTA

En los servicios de televisión por cable ofrecidos en nuestro país aparecen largas y repetidas sesiones de publicidad, llamadas “infomerciales”, con seductoras ofertas de múltiple clase de productos cotizados, ora en soles, intis, sucres, quetzales, lempiras, balboas, guordes, colones, córdobas, reales, bolívares débiles o bolívares fuertes, aunque agónicamente debilitados, dólares canadienses, estadounidenses, jamaiquinos, de Bahamas o de Belice,  ora en pesos mexicanos, cubanos, dominicanos, chilenos, argentinos, bolivianos o colombianos. La oferta es amplia y siempre con “ñapa” incluida con tal que Usted llame en estos precisos momentos pues  “…Nuestras operadoras están listas a recibir su ordenLlame ya, antes de que el producto se agote…”

La diversidad geográfica de mensajes y contenidos naturalmente se explica por la globalización de los servicios de cable operadores dedicados a mercados blanco geográficamente definidos y localizados. Todo eso está muy bien, aunque a veces me asalta la inquietud sobre qué tan justo es que algunos canales de televisión por cable pagados por cada suscriptor, se tomen la libertad de reservar parte del tiempo al aire para dedicarlo a las franjas de publicidad denominadas “infomerciales”.  Pero bueno, lo que a veces me parece algo desorientador y confuso de la publicidad en televisión por suscripción, es el hecho de que, con contadas excepciones, en la mayoría de las ofertas comerciales que se atraviesan en la programación regular, no siempre se especifica el país al cual está dirigida cada oferta, así que cuando me sorprendo por lo caro o lo barato que resulta algún producto ofrecido en promoción, quedo con la duda si la ganga a tantos o tan pocos pesos está exclusivamente al alcance de los mexicanos, dominicanos, argentinos, chilenos o colombianos. ¿Sería mucho pedir que se especifique siempre a qué país están dirigidas tan tentadoras ofertas, promociones y rebajas?

DE PERFILES Y PERFILADOS

En la actualidad, al pagar una gaseosa y una modesta arepa con queso en cualquier tenderete de barrio me preguntan el número de la cédula y con esa simple información ya el tendero está informado hasta en cuál pié y en qué parte del pie tengo ese callo que tantas molestias me causa habitualmente y cuándo fue la última vez que me vacuné contra la tos ferina. Lo mismo me sucede con Google, Netflix, WhatsApp o FaceBook cada vez que prendo el computador o hago o recibo cualquier llamada por el celular. Estos programas adivinan mis preferencias, gustos, tendencias y defectos. Qué problema tan delicado, pues da la sensación de que el vigilante ojo del “Gran Hermano” orwelliano está pendiente de mis movimientos, de qué digo, qué como y qué pienso.

No hay remedio, estoy y me siento “perfilado”,  pero mi preocupación cesa de inmediato cuando caigo en cuenta que no hago movimientos raros ni sospechosos, procuro no decir pendejadas comprometedoras ni incriminatorias, al menos en voz alta ni a través de las redes sociales o “antisociales”, desayuno, almuerzo y ceno sano y mientras se pueda, lo hago en casa y trato de pensar lo más positivamente que puedo del mundo y de mis semejantes, aunque a veces me cueste trabajo hacerlo. Así que, personalmente no me inquieta estar y vivir permanentemente “perfilado” por todos los ángulos y costados. Parece que es una necesidad impuesta por la vida moderna. ¡Qué le vamos a hacer..!