17 de mayo de 2022
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Militares espiando civiles…

13 de mayo de 2020
Por Alejandro Loaiza Salazar
Por Alejandro Loaiza Salazar
13 de mayo de 2020

Las fuerzas militares en nuestro país  han sido construidas partiendo de un análisis que sobrepone las amenazas internas a las externas, hecho atípico en la doctrina mundial sobre la esencia y naturaleza de las fuerzas militares, las cuales están preconcebidas para la defensa nacional de agresiones externas y el cuidado de las fronteras, a diferencia de las fuerzas policiales, las cuales se encargan de la seguridad ciudadana.

A lo largo del siglo XIX he iniciada la historia republicana colombiana, las fuerzas militares no tuvieron una amplia cohesión nacional, a pesar de contar con un ejército nacional, cada estado de acuerdo a sus interés contaban con generales, los cuales lideraban divisiones al interior del cuerpo militar para enfrentar las no pocas guerras entre estados o facciones políticas. Con la constitución de 1886 y finalizada la guerra de los mil días, un Estado de corte mucho más centralista y unitario dio cabida a un ejército mucho mas nacional, mucho más cohesionado, sin embargo estaba lejos de su despolitización, pues el conflicto bipartidista lo ubicaba en uno de los dos bandos, aun cuando con la ley 72 de 1930 prohibió la posibilidad de que miembros de las fuerzas militares pudieran votar.

Es solo con el Frente Nacional y posteriormente, con la constitución del 91, que los intentos por despolitizar el ejército son mucho más contundentes.

Junto con el fortalecimiento y evolución de nuestra fuerza pública, se fortalecía también un componente esencial en las fuerzas armadas de los Estados, los comandos de Inteligencia y Contrainteligencia. Ellos se encargan de recabar la información necesaria para estudiar, o confundir al enemigo de cara a su posterior debilitamiento o aniquilación.

En un Estado como el colombiano, con un muy poco uso de la ética política, y con la poca, o si se quiere, con la reciente despolitización de las fuerzas militares, no ha sido novedoso el uso de los instrumentos en poder de las centrales de inteligencia de las diferentes fuerzas armadas, para espiar y perfilar a los posibles o reales enemigos políticos de quienes en algún momento ostentan el poder.

Con la Constitución del 91, y la derogatoria del decreto 1923 de 1978 en el Gobierno de Turbay Ayala, conocido como el Estatuto de Seguridad, el cual consagraba la autonomía casi total de las fuerzas armadas para el tratamiento del orden público, la capacidad de espionaje o perfilamiento discrecional de las fuerzas armadas, fue bastante reducida, pero más aun, con la expedición en el 2009 del manual de derecho operacional por parte del Comando General de las Fuerzas Militares, en el cual se incorporaban el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, y los Derechos Humanos en el marco de sus actuaciones (dos años después se liquida el DAS), la ilegalidad de estas actuaciones cobra mayor relevancia.

Todo lo anterior para decir, que no solo no es nueva la reprochable practica de los militares, y en general de la fuerza pública, de espiar civiles para sus bases de datos o para la de los gobiernos de turno, sino que además, hasta hace relativamente poco tiempo esta práctica no solo era permitida, sino que no era juzgada.

Nuestra fuerza pública debe pasar por una restructuración, de cara a una realidad en la que cada vez somos más vulnerables a las amenazas externas y no a las internas, y donde el enemigo puede ser no solo una fuerza armada exterior, sino un joven de 15 años con un PC desde el otro lado del mundo, o un virus que genera una pandemia.

Concentrar esfuerzos y capacidades técnicas tan sofisticadas para espiar o perfilar a quien por sus opiniones divergen del estamento, no solo es ilegal sino anacrónico, y a este paso tendrán entonces que jugar al Gran Hermano y vigilarnos a todos, pues hoy la ciudadanía es cada vez más heterogénea, y con una alta capacidad de difundir sus ideas, doctrinas y pensamientos. Hoy nuestras diferencias pueden tener más eco que antes y mucho más impacto que ayer, no en vano fue esta pandemia la que freno un sentimiento de protesta a nivel mundial que desde Hong-Kong, pasando por Francia, Italia, Chile o inclusive Colombia tuvo su caldo de cultivo en un llamado espontaneo desde las Redes Sociales.

Si el mundo es otro, nuestra fuerza Pública debe adaptarse y entender que sus prácticas deben evolucionar y concentrar esfuerzos en reales amenazas, o por lo menos no ser tan idiotas de dejarse pillar.

Twitter: @AlejandroLSFD