26 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Manizales en cuentos

21 de mayo de 2020
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
21 de mayo de 2020

Me gusta leer cuentos que hablen de esos lugares que uno recuerda con cariño porque fueron espacios donde en algún momento de la existencia nos detuvimos para chuparnos un helado, para maravillarnos con el paisaje, para recordar encuentros felices o para leer un libro aprovechando el aire fresco de la tarde. Cuando a mis manos cae un libro donde aparece como espacio geográfico esta ciudad donde la gente madruga a mirar el Nevado del Ruiz con la esperanza de que el sol brille todo el día se me llena el alma de una alegría inmensa. Es que leer páginas donde se hable sobre el paisaje esplendido que se observa desde la Avenida 12 de octubre, o sobre la carrera 23 en tiempo de feria o sobre la mole de cemento que aquí levantaron hombres de fe es volver al pasado para llenarnos de nostalgia por los tiempos idos.

En los libros que aprovechando este confinamiento por la pandemia que tiene al mundo en ascuas hemos leído, nos ha sorprendido el interés de nuestros escritores por develar con su prosa cadenciosa esos lugares de Manizales que en algún momento de la vida hemos visitado. Hablar del espacio de la infancia, recordar sitios que tienen para nosotros connotaciones sentimentales, rememorar personajes que marcaron con su forma de ser la ciudad es volver a un pasado que para nosotros tiene encanto. Esto es lo que logran en sus más recientes libros Adalberto Agudelo Duque, Adriana Villegas Botero, Eduardo García Aguilar y Octavio Escobar Giraldo. En un lenguaje sencillo, recurriendo a técnicas narrativas modernas, ellos pintan con la magia de la palabra esta ciudad que llevamos cosida al alma.

Los nombres aquí mencionados no han sido ajenos a tomar a Manizales como motivo de sus relatos. Han llevado a sus libros hechos y personajes que identifican la ciudad. Se han inspirado en estas calles, mirando sus montañas, llenándose de motivos para ensalzarla. Eduardo García Aguilar, residenciado en París, logró en “Tierra de leones” una postal de la ciudad que le tocó vivir, y retrató con fidelidad a Quijano. Adalberto Agudelo Duque escribió dos novelas que hablan sobre esa Manizales que se fue: “Allá en la 31” y “Toque de queda”. Octavio Escobar Giraldo tiene dos novelas donde Manizales es el espacio donde transcurren las historias: “Cielo parcialmente nublado” y “Después y antes de Dios”. No sé si en “El oído miope”, su primera novela, Adriana Villegas Botero hace referencia a Manizales.

Lo escrito en el párrafo anterior tiene el propósito de reconocer que los escritores manizaleños han tenido como premisa hablar del espacio donde vinieron al mundo. Como conocen la ciudad, les es fácil escribir sobre ella. Orlando Mejía Rivera, que nació en Bogotá, pero vive aquí desde sus años de estudiante, tiene una novela donde muestra esa Manizales que tuvo en Kien y en San Carlos dos lugares de encuentro donde los jóvenes se entretenían escuchando baladas. Y la ciudad como espacio para el disfrute, como motivo de reflexión, como tema literario está en los libros de cuentos “El lugar de todos los muertos”, de Adriana Villegas Botero; “Manizales al vuelo”, de Adalberto Agudelo Duque; “Viaje de consolación” de Octavio Escobar Giraldo y “Urbes luminosas”, de Eduardo García Aguilar.

Los cuentos de estos cuatro libros donde se toma a Manizales como espacio para crear ficciones que tienen el color de la ciudad, el ambiente de sus calles, la frescura de su clima y la sensualidad de sus mujeres son historias frescas, narradas en primera persona, bien hilvanadas. Lo anecdótico tiene en estos relatos fuerza argumental, y las voces de los personajes se ganan por su lenguaje desprovisto de academicismos el alma del lector. “En mi casa pasan cosas”, de Adalberto Agudelo Duque, es un bien logrado monólogo donde el personaje cuenta cómo es su casa, quiénes son sus mejores amigas y se queja porque en la mañana todos dejan sus habitaciones como un corral. “El sancocho”, del mismo autor, es un relato original en su tema, donde varios narradores cuentan con gracia cómo se prepara un sancocho.

El cuento que le da el título al libro de Adriana Villegas Botero, “El lugar de todos los muertos”, es excelente. El personaje narrador va contando sobre el acompañamiento que le hace a su abuela cuando visita la cripta de la catedral. Lo hace con alegría, contagiándole al lector su felicidad porque apenas termine la visita la abuela la llevará a La Suiza a comer milhojas. En el libro de Octavio Escobar Giraldo aparece el cuento “Himnos nacionales”, una narración donde campea un humor sano, con mujeres que transmiten alegría y con un argumento entretenido. En el cuento “Entre la nieve y la tumba”, de Eduardo García Aguilar, se presiente a Manizales cuando el narrador recuerda un paseo con sus amigos de juventud a las nieves del Ruiz, en un relato donde habla sobre el destino que tomaron sus compañeros de estudio.