5 de julio de 2020
Directores
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Los tiempos del juego de billar

24 de mayo de 2020
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
24 de mayo de 2020

El juego como actividad humana se encuentra en todas las culturas. Los seres vivos juegan. Tanto los humanos como los animales juegan. Es más, el árbol y toda la naturaleza verde juegan con el viento. El hombre en su periplo por la vida ha desarrollado prácticas para distraerse y con el tiempo las ha convertido en habilidades deportivas, en las que compite con altos niveles de exigencia.

El juego de billar es tan antiguo, que era practicado por los antiguos egipcios en el suelo. Cuando inventaron la mesa para comodidad de los participantes, irrumpió en los amplios salones de las cortes francesas, pasó a los países europeos, llegó a Estados Unidos, a los países de América Latina y luego se extendió por el mundo.

Requiere de buena vista, tacto y alta precisión. Se practica impulsando las bolas con un taco, o palo, que tiene en su punta más delgada un casquillo (punta de cuero circular). Amerita tanta concentración como el ajedrez. Es de precisión intelectual y técnica. Sin embargo, quienes son novatos también lo pueden practicar con éxito porque para ellos es simple improvisación y divertimento.

En el billar hay variados tipos de juego. Los más comunes son el americano o billar pool, que tiene en sus ángulos buchacas o troneras o bolsas de paño para esconder las bolas, y el billar francés convencional, con el que se juega carambola libre y carambola a tres bandas. En estos últimos, para su ejecución, se dispone de una mesa o planicie verde que más parece un tálamo nupcial que un campo de juego.

En el  pool se dispone de quince bolas numeradas, y en el billar francés convencional de tres bolas. En ambos se cuenta con un taco o bastón de madera, que de alto no debe ir más arriba del mentón del jugador, con un peso acorde a las necesidades del mismo y los hay de todas las calidades.

No se puede tacar y pretender hacer carambolas con un taco en mal estado o que ha sido elaborado con materiales de baja calidad. Al jugar, los practicantes deben variar la toma de bola, el golpe y el efecto que son aspectos sin los cuales no hay carambola posible, en especial cuando se trata de billar a tres bandas.

Es elegante como el golf. Demanda de quien lo practica buen estado físico para agacharse, caminar alrededor de la mesa y estirarse para tacar carambolas difíciles. Movimientos que semejan una danza y que son disfrutados por los jugadores y apreciados por los espectadores sensibles, los que miran o patos como se les llama en el argot billarístico.

Se le dice el deporte kilométrico por los metros que se tienen que caminar alrededor de la mesa, durante las dos horas aproximadas que dura un chico o partida. Si se juegan más de tres partidas seguidas, merman las condiciones físicas y el rendimiento puede bajar, no a cero, pero si se resiente el  jugador. No obstante, hay billaristas que son como máquinas haciendo carambolas todo un día, toda la semana y todos los meses del año sin cansarse. Esos son los profesionales, los  apostadores o perros como se les denomina usualmente.

Es de los juegos más controvertidos que se conocen. Se puede decir que es un pecado que se comete con la ropa puesta. No obstante y parece mentira, el licor y el cigarrillo son sus mayores enemigos, pues no se puede llegar a tener un buen nivel, ejecutar bien las carambolas, ser siquiera competitivo, si se está bajo los efectos de algún trago o un alucinógeno.

Este juego ha sido practicado por reconocidas personalidades del ámbito político y social de fama mundial: Abraham Lincoln y George Washington en Estados Unidos, Felipe González en España. El rey Luis XI, Napoleón, el cardenal Richelieu y Brigitte Bardot en Francia. Deng Xiaoping en China y Laureano Gómez en Colombia, por mencionar solo algunos. Sin embargo, al final de cuentas, puede observarse que es un juego popular.  Toda vez que al lugar donde se instalan mesas de billar, acude toda clase de personas, eso debería mostrar que como juego su condición es ser popular, sin embargo también  puede  ser muy exclusivo.

El billar ha sido fuente de inspiración de artistas en diferentes épocas. Está como tema en unas pinturas de Vincent van Gogh, en la serie “El café de noche” (1888). En este mismo año, su colega Paul Gauguin pintó “La señora Genoux en el café”, donde puede verse ella y detrás muy a propósito una mesa de billar. En Colombia, en los años setenta, el pintor huilense Saturnino Ramírez realizó una serie de cuadros con el tema de hombres jugando billar.

Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982, escribió el cuento “En este pueblo no hay ladrones”, que tiene como acción inicial el robo de unas bolas de billar. El novelista  Juan Gabriel Vásquez, en su novela El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara 2011), presenta algunos de sus personajes que para jugar y conversar a gusto,  frecuentan billares del centro de Bogotá.

También se han hecho infinidad de películas donde academias y cafés de billares son escenarios apetecidos, y no hay telenovela donde no aparezca una mesa de billar para bien o para mal. En literatura ya empieza a prefigurarse como un tema de singular importancia, para ejemplo está el libro: “Taco Rezao”, escrito por el autor de esta nota.