8 de marzo de 2021
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Leyendo a Efraím Osorio

6 de mayo de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
6 de mayo de 2020

Tiene toda la razón el juicioso columnista Efraím Osorio, cuando advierte que, tanto a Delimiro Moreno como a mí se nos coló un pecado de «subjuntivitis» cuando nos referimos a las erratas del gran Gabriel García Márquez en su obra “Vivir para contarla». Efectivamente, en la frase «habitante empedernido de la calle de la Mala Crianza, donde viviera la familia de los abuelos de sus tatarabuelos africanos», no cabe el verbo en subjuntivo «viviera», sino el simple pretérito perfecto de indicativo «vivió». Mil gracias por su observación.

De paso, y a manera de desquite, quisiera hacer notar que, como «al mejor panadero se le quema el pan», al admirado Efraím Osorio se le escapó, en la columna en la que hace notar el pecado del Nobel que no pillamos, un error (que obviamente es un simple descuido) al referirse a las dos locuciones en las que se usa la palabra «merced»: «a merced de » y «merced a»). Efectivamente, en la frase: «Con mala fortuna, el columnista de El Tiempo Alpher Rojas Carvajal inventó otra, «merced de». Me explico, no para Osorio que sabe muy bien por qué lo digo, sino para lectores no enterados: no se puede olvidar esa tilde en inventó, sin la cual la palabra invento (cuya pronunciación rima con lento) es, o el sustantivo «invento» (ejemplo, «la rueda fue un gran invento», o el presente de primera persona (ejemplo, «yo invento una disculpa cada vez que la necesito») y no el pretérito de tercera persona, que era lo que se quería expresar.

Tengo algo más qué decirle al distinguido Efraím Osorio: todos tenemos nuestros caprichos. Así como yo escribo Mario De la Calle, en contravía de la opinión de la Academia que proscribe el uso de la mayúscula en «De la Calle», a pesar de ser la inicial de mi apellido, él se niega, por simple gusto, a escribir su nombre con tilde, Efraím. Alguna vez, hace años, le consulté por correo electrónico sobre ese asunto, y esto me contestó: que yo tenía razón en lo de la tilde, pero que a él le gustaba así. Posición que le respeto.

Ahora bien: ¿Por qué ese nombre es con tilde? Lo que sigue no lo lea, admirado don Efraím, porque eso lo sabe usted mucho mejor que yo. En general las palabras que terminen en una letra que no sea ni vocal, ni «n» ni «s», son agudas, o sea que tienen el acento en la última sílaba, como por ejemplo los infinitivos de los verbos (que terminan todos en «r») o fusil, o baobab, o coñac, o bistec, o bondad, o reloj, o internet, o tenaz. Según esa regla general, Efraím, que termina en «m», y debería ser aguda sin necesidad de tilde. Pero hay un pequeño detalle. Cuando una vocal fuerte (la «a» en este caso) y una débil (la «i») están juntas en una palabra, pertenecen a una misma sílaba y forman un diptongo. Por ejemplo. «maíz» es palabra aguda terminada en «z», y al ser palabra agua, no necesitaría la tilde. Pero al existir el diptongo «ai», la pronunciación sonaría igual a dais (vosotros dais) y entonces hay que disolver ee diptongo poniendo una tilde sobre la «i»: maíz (ma-iz). Pues exactamente sucede lo mismo con Efraín que, sin la tilde, sonaría como si a la palabra Jaime le quitaran la «e» final: Jaim. Efraim (marco en negrilla, en ambos casos, la vocal que quedaría acentuada).

Una anotación adicional: buscando en Google palabras de español que terminaran en «aim» para tratar de encontrar un ejemplo aplicable al nombre Efraím, no se encontró ninguna. Recordé el apellido de un periodista venezolano, Naím, pero evidentemente no es de origen español. El nombre, generalmente se escribe con «n»: Efraín y María, Efraín Forero Triviño, Efraín Arce Aragón.