9 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La ciudad y su significado

*Escenógrafa colombiana residente en Buenos Aires, Argentina, graduada en la Universidad de Palermo como Diseñadora de Espectáculos
3 de mayo de 2020
Por Vanessa Lya Giraldo Orozco*
Por Vanessa Lya Giraldo Orozco*
*Escenógrafa colombiana residente en Buenos Aires, Argentina, graduada en la Universidad de Palermo como Diseñadora de Espectáculos
3 de mayo de 2020

La ciudad pareciera uno de nuestros escenarios más convencionales. Tan presente en nuestra mente está que, según Ítalo Calvino, es fácil imaginarnos cualquier tipo de ciudad. Esta palabra, ciudad, siempre nos remitirá a unas formas particulares, a unos códigos urbanos establecidos que nosotros bien sabemos distinguir. La ciudad se instaura como nuestro “ecosistema”, como nuestro ambiente “natural”, al que naturalmente pertenecemos. Sin embargo, demos una mirada más de cerca: la ciudad es una construcción sociocultural, es decir es una invención de nosotros y no se nos presenta como un artefacto natural, al contrario, la ciudad está enteramente en nuestras manos. Entonces, esta ciudad, de la que hablamos de que pareciera ser tan externa a nosotros, no es más que un espacio intervenido por nosotros mismos, que revalida nuestras prácticas y estructura una manera de ser y de hacer, es una ciudad que está escrita por nosotros y que en ese sentido nos concede el título de autores de ella.

Andamos por la ciudad cómo si una ceguera consensual nos controlara, no somos conscientes de nuestras acciones en el día a día citadino. Caminamos, circulamos y vivimos en un tejido que nosotros mismos formulamos pero que pasa desapercibido por la agitación de nuestras operaciones.  Y parece que todo tuviera un orden, una forma de hacerse y nosotros tuviéramos la obligación de actuar de una única manera. Así, el acontecer de la ciudad se disuelve en la cotidianidad y nosotros vamos al orden del día.

Edificios, puentes, centros comerciales, colegios, todo aquello está en la ciudad. La ciudad de nuestra memoria y la urbe que conocemos, la localidad a la que siempre recurrimos como una imagen fotográfica. Tokio, Delhi o El Cairo nos hacen pensar en una misma ciudad y esto, porque la ciudad dejó de ser un espacio negociable, no es un espacio que se pueda recrear libremente, es decir, la ciudad tiene unas formas, la imaginamos de una manera específica, obedece a ciertos cánones, tal vez sean cánones occidentales.

No pretendo encasillar la ciudad dentro de un único modelo de ciudad, está claro para todos que El Cairo jamás será igual a Tokio y que Delhi jamás será lo mismo que El Cairo. No, de lo que hablo aquí es de un cierto tipo de imaginario de ciudad: la ciudad con autopistas para los automóviles, con centros de comercio, con oficinas y grandes edificios. Eso que todos esperamos cuando nos viene a la mente la palabra ciudad.

 Está claro que cada urbe tiene su forma de ser, su método de transitar o su propia circulación vehicular, sus propias dinámicas. La ciudad es más que un espacio creado, es un espacio organizado, impositor de barreras o legitimador de ciertas formas de actuar.  La ciudad se construye en nuestras prácticas y nuestras prácticas se sitúan en la cuidad, en una relación de codependencia. Es decir, que no hay ciudad sin esas pequeñas acciones que pasan desapercibidas, minucias que nos construyen a nosotros como sujetos sociales y que simultáneamente construyen un espacio apto para que nosotros nos podamos desempeñar como tales.

Nuestra forma de ser y de hacer se manifiesta en la planificación y organización de una ciudad, de allí que, dependiendo de la cultura, la cuidad obedezca a diferentes patrones espaciales. Entonces, cuidad, cultura y sociedad se conectan en la conformación de una red en la que todos estamos vinculados y por la que todos somos capaces de transitar.

Cuando transitamos, la ciudad se convierte en una especie de texto, el cual nosotros recorremos en la medida que conocemos sus códigos y símbolos, son esos mismos códigos y símbolos los que nos estructuran como sujetos sociales. Es decir, la cuidad, al igual que nosotros como individuos de una sociedad, se construye y nutre de códigos culturales. La cuidad nos construye como sujetos y nosotros construimos la cuidad.

Día a día nos convertimos en los autores de la gran ciudad. Cuidad que sólo ocurre en nuestros actos y prácticas. Somos, a diario, escritores de miles de textos que transcurren bajo los escenarios urbanos y que se convierten, de un u otro modo, en literatura de lo vivido. Nosotros, practicantes y escritores, operamos en espacios que parecen inexistentes o vacíos, pero que con nuestro caminar y escribir se llenan de significado.

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Buenos Aires, mayo 3 de 2020