26 de mayo de 2022
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Gobernar no es mandar y dar órdenes ni democracia es elegir y ser elegido.

25 de mayo de 2020
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
25 de mayo de 2020

Que lejos estamos de lo que significan esta dos palabras, mejor, éstas dos acciones esenciales en la vida social y política del País.

Confundimos Gobernar con mandar, con hacer juntas, convocatorias, con dar órdenes y promulgar decretos, este es uno de los andamiajes sobre los que se pierde el concepto de gobernar y se enreda en formulismos burocráticos del poder: en ejercer una autoridad bajo el pretexto de haber sido otorgada por el Pueblo libre y soberano,así no se cumplan las condiciones personales y humanas que esta noble misión conlleva, ni se tenga la intención honrada de ejercerla con honestidad y decoro en bien de sus gobernados.

Gobernar es una misión que exige mucho de calidad humana, de honestidad y de grandeza.

El buen gobernante tiene autoridad moral para serlo, es ejemplo de rectitud, de servicio; es autónomo en sus decisiones y actúa en concordancia con la ley, con la justicia, con el respeto absoluto a los derechos humanos de la comunidad que dirige; no hace mangualas, ni componendas y su comportamiento es limpio y transparente; no oculta nada, se opone a lo malo y defiende lo bueno, se da por igual a todos sin distingos de poder, de dinero, de política, de raza, de credo, en fin, es ecuánime y equitativo.

Este gobernante, así sea el que gobierna el hogar, el que dirige una empresa o el que lleva las riendas de un país debe saber mucho más que mandar y dar órdenes; debe dar a sus gobernados una visión ejemplar que da seguridad y confianza, debe generar el respeto que hará de su misión una labor de grata recordación, de buen servicio.

Los otros, los que deshonran la misión de gobernar, una vez terminan su obra desalmada de hacer mal o dejarlo hacer, ellos mismos se confinan en lugares oscuros, en historias innombrables.

Por otro,lado, estamos convencidos de que vivimos en un país democrático, y lo más inverosímil, en la Democracia más antigua de América Latina.

«La democracia se define, como un sistema que defiende la soberanía del Pueblo y su derecho a elegir y controlar a sus gobernantes».

Esa definición reúne dos aspectos importantes, relevantes, en el momento de entender el término y sacarlo de lo literal para hacerle un proceso de reflexión que nos amplié su significado y nos dé luces para su comprensión y entendimiento y como un buen lector, desentresijar su verdad para no tragar entero y no seguir con la venda que como ciudadanos hemos tenido durante tanto tiempo.

1- Sistema que defiende la soberanía del Pueblo.

2- Derecho del Pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes.

En el caso de lo que en Colombia llamamos democracia, podemos decir que ni lo uno, ni lo otro, pues ese Pueblo soberano nunca ha existido; ha estado siempre sometido, ignorado, excluido de las determinaciones de los gobiernos de turno, de las instancias estatales garantes de la equidad y la justicia; y si bien hemos ejercido el derecho al voto, éste no ha sido más que una acción coaccionada por intereses personales, por gamonalismos ya institucionalizados de vieja data, por fuerzas oscuras de corrupción, de narcoterrorismo,de compra del votos en una subasta de horror que indigna y que esconde una esclavitud del pueblo por periodos interminables, como el que hemos vivido en los últimos 20 años, periodo en el que se han destapado los más sucios intereses de la clase dirigente en contra de su país y de su pueblo, sin que hasta ahora, se haya ejercido un control, una sanción, un cambio ejemplar que reversara la vía de destrucción y deshonra que llevamos.

Las instancias de control del Estado: congreso, jueces, altas cortes, miembros del gobierno, militares,se volvieron cómplices, actores intelectuales y materiales del derrumbe de lo que hemos defendido como democracia y del control que se debía ejercer en un estado soberano; se pasó a la iniquidad, a la injusticia, a la defensa del crimen, de lo ilegal, de lo inhumano.

No hay soberanía del Pueblo y menos el derecho a elegir y controlar a sus gobernantes, porque no tiene voz, no lo escuchan y lo han sometido a tratos denigrantes, a una desigualdad cada vez más evidente, en relación con las prebendas otorgadas, a los industriales, banqueros, políticos y dirigentes eternos, en desmedro de su calidad de vida, de sus derechos fundamentales.

No hay soberanía porque los gobiernos de turno, periodo tras periodo, han entregado a políticos, a grandes multinacionales la explotación y manejo de los recursos naturales, de las riquezas de nuestro suelo, de las empresas estatales, feriadas y vendidas bajo la consigna de «un gran negocio» en beneficio de todos los colombianos, dinero que se llevan a otros países y que engorda las cuentas bancarias y haberes de los corruptos dueños del país.

Así se entregó Cerrejón, en la Guajira, la mina de explotación de carbón, a cielo abierto más grande del mundo, hoy en manos de extranjeros, mientras sus habitantes están en un nivel de pobreza extrema, sin agua potable, sin servicios de salud, sin educación de calidad y con la tasa más alta de muerte por desnutricion infantil.

Así mismo, se entregó Isagen a una empresa Canadiense, hoy dueña de la mayoría de las acciones de esta fuente de energía, que en muchos Municipios ejerció un poder de expropiación de aguas en detrimento de los derechos de sus habitantes campesinos.

Como si fuera poca la feria de los recursos, nos queda para redondear la idea de soberanía con la explotación del petróleo y de la concesión del oro a Emiratos Árabes.

Así, en el país de la Democracia más antigua de America Latina, se han vivido circunstancias dolorosas que en nada representan lo que en realidad es una  soberanía del Pueblo; ha sido más bien, una esclavitud disfrazada de democracia, esa que no hemos podido rescatar o que no hemos querido entender

Si el Pueblo es soberano, ¿qué hacemos entonces, aceptando tanta injusticia, tanta pobreza? (16 millones de personas en pobreza monetaria, es decir, con ingresos mensuales por debajo de $ 257.432 mensuales: Dane 2019).

Un trabajo informal denigrante que solo muestra el estado de indefensión de miles de colombianos sin empleo, sin un trabajo digno.

Si el Pueblo es soberano, ¿dónde está la libertad de prensa, dónde la seguridad de los defensores de DDHH que les permita hacer su trabajo sin ser amenazados y asesinados, dónde queda la seguridad de nuestros niños y niñas expuestos,sin ley, a asesinos y violadores, dónde la dignidad de este país polarizado en odios, en retaliaciones y ofensas?

Si el Pueblo es soberano ¿porque se negó la consulta anticorrupción que con más de once millones de votos a favor exigía la penalización de este delito de cuello blanco que campea en las altas esferas del gobierno, del estado?

Ante este panorama tan desolador y nefasto ¿Qué hacemos todos los Colombianos tan campantes cuando vemos el despilfarro del erario público en campañas publicitarias, en compras innecesarias, en costosos proyectos que en muchas ocasiones se quedan engavetados en la burocracia atrevida e indolente de muchos funcionarios, excesos en gastos de representación de diplomáticos y servidores públicos?.

En fin, un festín sin medida con los dineros del estado, que deberían ir a equilibrar esta desmedida distancia entre los poderosos y los desposeídos.

Así  pues, entre despilfarro, impunidad e injusticia, estamos viviendo una continua amenaza a la vida en toda los rincones de la Patria.

Gobierno y democracia son dos temas que en Colombia solo están expuestos en miles de documentos y decretos públicos con los que se ha avalado, desde el Estado, acciones en contra de ese «Pueblo soberano», en la mal llamada democracia que ostentamos.

¡Que realidad!

No hay quien gobierne, no hay democracia, pero tampoco hay una ciudadanía que sea doliente de su Patria y salga en su defensa en momentos tan definitivos como el que estamos viviendo.

«Se siente algo así como una desolación, como un amor sin amor, por el lugar sagrado donde nacimos, donde tenemos nuestra historia y donde hemos dejado nuestras huellas»