12 de mayo de 2021
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Desvaríos sobre la vejez

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
28 de mayo de 2020
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
28 de mayo de 2020

Como en Aguadas hacen sombreros y los viejos nos hemos vuelto noticia hasta el punto de que no podemos salir a la calle hasta el 30 de junio, bajita la mano, arrejunté varias notas publicadas en El Colombiano, El Tiempo y la revista  Bienestar de Sanitas.od  (y para que tengan tiempo de desertar informo de entrada que este ladrillo tiene 1.700 palaras…)

Si el presidente Duque me ve en la calle de aquí al 30 de junio ordena que me enguandoquen porque hace tiempos pasé de los setenta. O sea, soy septuagenial, antípoda de los mileniales, los nuevos dueños del patio.

Nunca le tuve bronca a la vida. Nos llevamos bien. Ahora me dedico a envejecer. Y a ennietecer. Probé y me quedó gustando la vejez. Pienso que uno debería nacer viejo y echar pa’trás. Procuro vivir en agosto perpetuo, mes en el que nos miman.

Ojalá que al cerrar la tienda de la vida pueda decir con mi nonagenaria madre que viví el invierno, el verano, la primavera y el otoño. Mi nieta Sofía le sugirió a su mami no envejecer. “No es inteligente ser viejo”, le soltó sin anestesia. Discrepo de este pequeño tsunami de sueños porque en mi caso valió la pena vivir por el privilegio de ennietecer cuatro veces.

Tiene inconvenientes la vejentud. Por ejemplo, no se puede comer y ver televisión al tiempo. Le pasó al presidente Bush que se atragantó cuando veía tv y comía galletas insípidas (prestzelts). Casi nos ahorramos la invasión a Irak pero su perro  dio el ladrido de alerta y salvó a su mascota de dos pies.

A los pensionados nos miran mal en las cafeterías. Todo porque en tiempos normales nos pasamos toda la mañana – y toda la tarde –  con un tinto y leyendo periódicos y revistas de gorra. “Qué falta de respeto…”, se enojan por cualquier cosa.

En los restaurantes pedimos un plato adicional para compartir el almuerzo y casi llaman a la policía para que proceda al desalojo.

(El presidente Duque nos quiere tanto que no nos quiere ver en la calle).

¿No es una delicia pasar de todos los estados de lucha laboral a los de locha? ¿De la presión a la pensión?

Tampoco hay que retirarse de los pecadillos: ellos se van retirando de nosotros lo que minimiza el golpe.

Somos parte del paisaje. Si algún “amigo” nos detecta de lejos, nos aplica las cataratas del general De Gaulle que solo veía a los que le interesaban.

Antes de partir, Saramago nos dejó esta herencia: “Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.”.

El cineasta Federico Fellini  – no se puede ser el mismo en todas las estaciones, dijo- se preguntó una vez que se afeitaba frente al espejo: “¿De dónde ha salido este viejo? Entonces me dí cuenta de que era yo, y todo lo que quería hacer era trabajar. Es tu trabajo lo que te hace sentir joven”.

Más que el billete, necesitamos el oficio, diría citando a un gringo platudo que se jubiló y regresó a su primer destino, sin salario de por medio.

”Cuando llegues, vejez, no te insolentes, aprende a respetar a los mayores”, ordena Horacio Guarany en una de sus canciones.

En Polonia dicen que la vejez no le salió bien a Dios.

No está mal  poder decir con un personaje de una película: ”Siento que estoy empezando a desaparecer”.

Y como esta nota se volvió una casa de citas, cito a la periodista española Rosa Montero: “El envejecimiento es la mejor prueba de que no te has muerto todavía”.

Cobrar la mesada, pagar servicios, atravesar la cebra, respetar el semáforo, leer los obituarios del periódico a ver si tenemos programa (entierro) en la tarde son placeres con lindan con lo orgásmico.

Nos gozamos la cotidianidad. Saber que ni mañana, ni pasado mañana, ninguna mañana tenemos que madrugar, nos convierte en los ricos epulones del ocio.

Ojalá pudiéramos vivir a la manera del arquitecto brasileño Niemeyer que vivió cien años y monedas: Trabajar, ser correctos, tener amigos.

SOBRE LA VEJEZ 

ALGUNA VEZ ENTREVISTE A VARIOS VIEJOS PARA LA REVISTA BIENESTAR DE SANITAS. Estas fueron las preguntas y las respuestas:

– ¿Qué significa envejecer en Colombia?

– ¿Cómo se ha sentido en tu estado de «adulto mayor»?

– ¿Cuándo se dio cuenta de que había empezado a envejecer? 

1.-

Marujita Vieira, poeta (cumplirá 98 años el 25 de diciembre)

  • Envejecer en cualquier parte del mundo es ir quedàndose sin amigos. Por consiguiente los que nos quedan, como tù por ejemplo, son cada día màs preciosos.
  • En mi estado de adulto mayor me he sentido cada dìa màs cuidada y consentida, porque tengo a la mejor hija del mundo.
  • No me he dado cuenta todavía.

 -0-

  • Guillermo Angulo, fotógrafo, orquideólogo (92 años cumplidos el 9 de abril)
  • – Ser un estorbo, carecer de oportunidades, sentir que la posible experiencia y sabiduría (al contrario de lo que sucede en las culturas orientales) en nuestro país no se aprecian.
  • – Yo  no soy «adulto mayor» y a los discapacitados los llamo tullidos y ciegos a los invidentes. Inventé una frase sustituta a la de «adulto mayor»: «¡Cómo estás de bien!».
  • – Donde más se nota la vejez es en la tecnología. (No me incluyo). El celular se lo tiene que programar un nieto y buscarle las llamadas perdidas. Los viejitos nos reconocemos porque leemos la página de obituarios antes de la de anuncios de cine.
  •  

 Javier Darío Restrepo, periodista, fallecido a los 87 años

– Envejecer en Colombia depende de cómo te miren: o como mueble viejo o  como la almohada irreemplazable. Me he sentido almohada.

– Expresiones como adulto mayor, tercera edad, y demás eufemismos están excluidos de mi vocabulario. Disfruto mi condición de viejo y no la cambio por ninguna otra.

– Sentí la alegría de envejecer cuando  mi nieto comenzó a decir: «Abuelo, una pregunta».

Carlos Enrique Ruiz, escritor caldense, director de la revista Aleph (tiene 78 años y muchas vidas por delante) 

  • El envejecimiento no es cuestión de geografías. Es deseable envejecer en el sitio de donde se es.

 

  • Me siento muy bien, con pilas puestas y en permanente labor: docencia en mi “Cátedra Aleph” en la Universidad Nacional (Manizales), lecturas/escrituras, participación en organismos de dirección educativa y de investigación, con publicación trimestral de la Revista Aleph.
  • Más que la idea de la “vejez” me llegó la idea de la muerte cuando cumplí los 70 años, en el 2013; sentí  en ese momento que “el camino es culebrero” (Crescencio Salcedo), de trayecto finito, con culminación cada vez más visible.

 

Monseñor Guillermo Melguizo (65 años… de sacerdocio)

— Depende: Para gente  privilegiada, que se preparó psicológica y espiritualmente, que está acompañada y es amada, y a lo mejor está jubilada, envejecer es disfrutar de la cosecha sembrada, es mirar hacia atrás con gratitud, y mirar hacia el futuro con esperanza. Para los pobres, los que no son amados, para los que no tienen  seguro social, no tienen  pensión, no tienen salud, es una época trágica, sin la más mínima esperanza. En Colombia falta mucho camino por recorrer en el campo social hasta lograr una gerontología digna.

— Soy un privilegiado de Dios, de los míos y de muchas personas que me aman. Me preparé para vivir  en una organización privada: privada de sueldo, de secretaria y de chofer, y como soy providencialista, no me falta nada y no me sobra nada.

— Muy pronto se me hizo tarde, y cuando menos pensé, tenía setenta, y cuando llegué a los ochenta, no lo podía creer y me acordé del salmo 90: » La vida del hombre son setenta años, y si es fuerte y robusto hasta 80 , por eso Señor, enséñanos a contar nuestros días  para que adquiramos un corazón prudente». Por otra parte, no me gusta decir cuántos  años tengo porque hay mucha gente que se encarga de llevarle a uno la cuenta. Sólo me gusta decir que llevo casi sesenta de sacerdocio.

Ricado Bada, periodista español (80 años)

* Envejecer, para mí, significa una incalculable pérdida de calidad de vida y que cada vez me gustan más las mujeres jóvenes.

* En mi estado de adulto septuagenario me siento a disgusto, pero resignado. Otra no me queda.

* Me di cuenta de que había empezado a envejecer cuando tuve que renunciar a mi bicicleta. 

Darío Jaramillo Agudelo, poeta (73 años)

– En términos demográficos, creo que la edad promedio va pa’arriba, con el grave problema de que pocos tienen seguridad social. 

– ¿Estoy en ese estado? 

– Creo que fue cuando me pasaron de calzones cortos a calzones largos, cuando cumplí por ahí 84 meses.