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Y después del Coronavirus, ¿qué?

3 de abril de 2020
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
3 de abril de 2020

Ante la incertidumbre sobre la duración de la pandemia y sobre el momento de terminación del peligro, se ha desatado toda una hecatombe no solo en términos económicos.

Lo que es cierto es que se evidencian dos temas importantes. El primero de ellos es que tendremos que amarrarnos duramente el cinturón, y lo segundo que se comprobó que nuestro sistema educativo como el de salud no funcionan, y que nuestro subdesarrollo es mayor del que pensábamos.

Por otra parte, es penible que en el contexto internacional ante esta crisis sanitaria internacional se cree un ambiente mercantilista, y no sean capaces nuestros dirigentes de responder con la altura y la urgencia que esta nueva epidemia demanda.

El político francés Jean-Luc Mélenchon  menciono en su oportunidad que otros colegas consideraron que el hospital público francés era el modelo para otras naciones, pero con la crisis del Coronavirus se comprobó que no lo es, y tampoco tienen todas las herramientas para responder como se debiera ante la actual situación.

Según noticias de prensa tampoco Estados Unidos tiene los recursos necesarios para enfrentar la situación actual de salubridad pública.

Frente a lo ocurrido en estos países que son desarrollados, que podemos decir los colombianos, cuando la inversión que se hace tanto al sector salud como al educativo son miserables.  Por ello, algunos expertos mencionan que recortar el presupuesto de inversión, bajar las tasas de interés, dar subvenciones tributarias a las personas para generar gasto, son medidas insuficientes y no es sano mutilar la inversión social.

De otra parte, debemos aprender la lección e invertir en salud y en educación, pues según algunos académicos que mencionan que existe un alto número de estudiantes en el país que no pueden estudiar de manera virtual porque no tienen internet, ni tabletas, ni computadores en la zona rural e incluso en muchas zonas urbanas.

Existe una gran asimetría en el acceso a la tecnología, pues según Carolina Botero en su artículo “Los retos de la educación virtual en la era del COVID-19” del 23 de marzo publicado en Razón Pública, existen “veinte millones de ciudadanos que no tienen internet y el 75 por ciento de los municipios no podrá tener clases virtuales”.

Ante la problemática actual algunos consideran que la economía se debe poner en coma, y evitar los despidos masivos a fin de que las operaciones se normalicen una vez se termine la emergencia por el Coronavirus.

Debido a la gran corrupción que existe en el actual orden internacional, es importante que se genere confianza sobre la forma como se gastarán los recursos públicos. En el caso de Colombia que expidió el Decreto 444 mediante el cual se creó el Fondo de Mitigación de Emergencias –FOME-  es imperante que se den las garantías necesarias sobre la manera en que se utilizarán los recursos para responder a la crisis, y que esos dineros  se devolverán con los intereses respectivos[1].

Con relación al tema antes mencionado surge un problema y  es  que la normatividad es demasiado general y se le está dando un cheque en blanco al Ministerio de Hacienda para que utilice estos recursos como quiera, cuando  lo lógico es que este claramente especificado el uso de los mismos, a fin de garantizar la transparencia.

Debido al monopolio del sector financiero por parte de dos grupos bancarios: el Grupo Aval y el Sindicato Antioqueño, es importante que exista confianza, y que se piense en el futuro cercano de encontrar alternativas para acabar con el dominio de estos dos sectores, ya que no es sano para el país ni para los colombianos que ellos ejerzan el control de  la economía del país.

Es un hecho que las decisiones del Gobierno de deprimir la economía al ordenar a sus connacionales quedarse en casa, generan una caída del ingreso nacional. Está bien que se priorice la protección de la vida, pero debemos pensar con cabeza fría cual será el mejor escenario para Colombia a fin de que la economía no colapse posteriormente, pues ya presenta problemas, al tener un alto déficit comercial y de cuenta corriente, más una inflación del 4%.

Una de nuestras falencias es que no hemos diversificado ni nuestros socios ni  las exportaciones.

De  otra parte, Colombia tiene una alta deuda externa que aumentará ante la reducción de los ingresos; a tanto el Fondo Monetario Internacional como la Superfinanciera lo habían anunciado con antelación a la actual crisis para que se tomaran los correctivos del caso.

Algunos expertos como Luis Fernando Mejía director de Fedesarrollo “consideran que se debe reorientar el gasto hacia programas que jalonen mayor crecimiento para contrarrestar la caída en la confianza de los consumidores. Un sector que debería incentivarse es la construcción. Por ejemplo, reactivando los subsidios a la vivienda de estrato medio –está demostrado que por cada peso invertido se jalonan 10 pesos de otros sectores– y la inversión en infraestructura de vías terciarías con cargo a las regalías[2]”.

Lo que se puede concluir es que si bien esta pandemia fue la hecatombe, también nos ayudó a unirnos como sociedad y a concientizarnos de las falencias que tenemos. Espero que aprendamos la lección y reorientemos nuestro camino con mayor equidad social.

 (*) Ex diplomática

[1] El Nuevo Liberal, Reyes, Luis Carlos, “Covid-19: cuando la economía está en coma inducido”, 29 de Mazo 2020

[2] Revista Semana, “Coronavirus: “Se debe dar prioridad a los gastos en salud” 16 de marzo 2020