25 de mayo de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un curioso triángulo gaitanista

Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
10 de abril de 2020
Por Orlando Cadavid Correa
Por Orlando Cadavid Correa
Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
10 de abril de 2020
El 10 de abril de 2013 EJE 21 publicó una columna de Orlando Cadavid sobre tres episodios coincidentes en la vida del inmolado caudillo Jorge Eliécer Gaitán. Al cumplirse un nuevo aniversario de su muerte, la reproducimos para información de nuestros lectores:

1) El 11  de febrero de 1948, cincuenta y siete días antes de su asesinato, Gaitán pronuncia en el Cementerio de  Manizales su vibrante “Oración por los humildes”, que sería el último discurso político de su vida, al tributar homenaje a veinte liberales sacrificados por la violencia irracional en distintas ciudades del departamento  de Caldas.

Una añeja fotografía del acto muestra al exministro Otto Morales Benítez a la cabeza de la escolta civil del carismático dirigente, en el camposanto manizaleño.

En San Esteban dijo ante los ataúdes de sus copartidarios: “Verdad que los hombres de ánima helada os arrancaron de nuestro lado, de nuestros brazos, de nuestras luchas; pero sólo consiguieron multiplicaros en el íntimo de nuestro recuerdo y de nuestro afecto.  Os habéis ido físicamente, pero qué tremendamente vivos estáis entre nosotros”.

La audiencia final

2) Entre la noche del jueves 8 y la madrugada del terrible viernes 9 de abril Gaitán se apunta otro sonoro triunfo en su oficio de abogado penalista, (para desencanto del periodismo caldense), al lograr, en Bogotá la absolución  del teniente del Ejército Jesús María Cortés Poveda, sindicado del asesinato a sangre fría, en estado de indefensión, del periodista  Eudoro Galarza Ossa, director del periódico “La Voz de Caldas”, ocurrido en Manizales el 12 de octubre de 1938.  Después de la vista pública, antes de dirigirse a su hogar, el doctor Jorge Eliécer tomó un par de copas, en la que iba a ser su última cena, en el restaurante “Marroco”.  Las crónicas de la época cuentan que Gaitán se marchó  a su casa en su automóvil  a las dos de la madrugada del aciago día.  Nadie imaginó que moriría once horas  después.

Un testigo del magnicidio

3) El notable escritor y periodista Alejandro Vallejo amigo personal de Gaitán, nacido en Manizales, el 21 de abril de 1902 -fue testigo de excepción del ataque mortal del magnicida Juan Roa Sierra, a la 1:05 de la tarde, en pleno corazón de la urbe capitalina.  El consumado cronista político hacia parte del grupo que iba a almorzar con el caudillo, en un restaurante del centro de Bogotá, cuando se consumó el atentado que desencadenó la hecatombe de “El bogotazo” .

Sesenta y cinco años después de su asesinato, Gaitán sigue siendo el símbolo más valedero de las anheladas reivindicaciones sociales y políticas que hasta ahora han resultado inalcanzables para la mayoría de colombianos.

Una terrible época de violencia

Su muerte trágica, no esclarecida de manera plena y todavía materia de especulaciones e hipótesis acerca de las verdaderas motivaciones de sus autores materiales, marcó el comienzo de una época de violencia que fácilmente puede haber cobrado la vida de más de medio millón de personas.

De la más genuina extracción popular, condición que su piel morena de pronto hacía ver más evidente, Gaitán es el prototipo del genuino caudillo popular que arrastra  multitudes, no solo por sus planteamientos sino por esa especie de “angel” que sólo tienen los predestinados.

Un hombre muy carismático

Poseía eso que ahora llaman carisma  y que le permitió, en los momentos estelares de su vertiginosa carrera política, hacer temblar al régimen conservador que se había entronizado en 1946, gracias a la sucia división del siempre mayoritario partido liberal, cuyas huestes no pudieron ponerse de acuerdo entre el propio Gaitán y su antagonista Gabriel Turbay.

El 7 de febrero de 1948, 31 días antes de su asesinato a manos de Roa Sierra, un oscuro personaje que se llevó su secreto a la tumba, Gaitán con sus seguidores colmó en Bogotá la emblemática Plaza de Bolívar, donde pronunció la que se conoce como Oración por la Paz, una pieza antológica dentro del rico acervo de la oratoria política colombiana.

Ese día, ante un auditorio silencioso que portaba y agitaba banderas negras en señal de duelo por las muertes que ya había comenzado a cobrar la violencia instaurada desde el poder, Gaitán sí que pudo decir a boca llena y todo pulmón, aquella frase que lo inmortalizó en la historia:  “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”.

Tolón Tilín

Gaitán hacía bromas entre sus más íntimos amigos sobre la demagogia de su inflamada oratoria  que no compartían, por encontrarla “perniciosamente incendiaria”, los Lleras, ni los López y mucho menos el maestro Echandía.  Alguna vez le preguntó el connotado periodista manizaleño alejandro Vallejo, (testigo de su asesinato), qué le daba a las masas para que lo siguieran con tanto fervor y entusiasmo, y el caudillo respondió: “No les doy nada.  Simplemente les hablo. Lo importante es hablarles. La palabra sin contenido es lo único que atrae a las multitudes”.

Publicado el 2 de abril de 2013