28 de febrero de 2021
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Trump no da puntada sin dedal

6 de abril de 2020
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
6 de abril de 2020

Cuando todo el mundo está en cuarentena por la pandemia del Covid-19 y Estados Unidos figura como el país con más contagiados, su presidente pone la atención en Maduro y en Venezuela ¿Qué está pasando? ¿Es otra cortina de humo?

Recordemos que mientras Trump le apostaba a mantener la economía, los gobernantes locales priorizaban la salud. Cuando la Casa Blanca se negaba a tomar medidas más drásticas para luchar contra el coronavirus, varios gobernadores y alcaldes impusieron la cuarentena en su territorio. Trump dijo que Estados Unidos no se puede detener y mucho menos por cuenta de un simple virus, porque “El remedio no puede ser peor que la enfermedad”; y afirmó que las cuarentenas debían terminar antes de la Pascua.

Hoy más de la mitad de los estadounidenses se encuentran encerrados en sus casas, se frenó la economía, la producción, el consumo y el entretenimiento, aumentó el desempleo y el país avanza hacia una crisis peor que la recesión de 2008 y 2009. En este punto le caería bien un conflicto internacional o algo que despierte el patriotismo.

Jugando a la guerra

Todos conocen el guerrerismo de Trump. Todavía recordamos el 6 de abril de 2017 cuando Donald Trump ordenó lanzar 59 misiles Tomahawk contra instalaciones del gobierno sirio; en los días siguientes desarrolló una nueva estrategia que asustó a todo el mundo, pues ordenó la movilización del portaaviones Carl Vinson hacia Corea del Norte, para hacer una advertencia al régimen de Kim Jon-Un, lo que puso en alerta a China. Después ordenó lanzar la “madre de todas las bombas”.

Ahora está engolosinado con Nicolás Maduro y el problema radica en que nosotros somos vecinos. En julio de 2018 Trump hizo una pregunta aparentemente ingenua ¿No podemos simplemente invadir Venezuela? En su momento Hugo Chávez cerró un gigantesco negocio de armas modernas con la Federación Rusa y adquirió tanques, helicópteros de combate, aviones de transporte, submarinos y sistema de defensa antiaérea. Más tarde compró cohetes con un alcance de 300 kilómetros. Durante la administración Uribe el gobierno se acercó mucho a la política guerrerista de Estados Unidos y hoy sucede lo mismo con Iván Duque; el canciller Carlos Holmes Trujillo y funcionarios como Alejandro Ordóñez y Francisco Santos, no veían mal una intervención militar para la situación de Venezuela.

Buscando una solución menos dramática a la aguda crisis que vive ese país, los organismos de inteligencia de Estados Unidos encontraron la figura de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, para dividir más la nación, producir vacío de poder y forzar la caída de Maduro; casi todos los países acogieron esta fórmula, pero en el seno de la OEA no hubo la mayoría necesaria para reconocer a Guaidó como presidente de Venezuela. En este contexto aparece el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, en una rueda de prensa en la Casa Blanca, para anunciar sanciones contra la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA); en un aparente descuido dejó a la vista su libreta de apuntes donde había dos notas: “Afganistán – bienvenida a las conversaciones”, “5.000 tropas a Colombia”. Y llegó el revuelo ¿se preparaba el ataque a Venezuela desde nuestro país, o era una simple amenaza?

La situación de hoy

La economía estadounidense avanza hacia la recesión y el presidente Trump enfila baterías contra Nicolás Maduro a quien acusó de ser el líder del “Cartel de los Soles”; puso precio a su cabeza, como en la época del “Viejo Oeste”. El fiscal general de Estados Unidos, William Barr, afirmó que la justicia de su país le formulaba cargos por narcotráfico al presidente de Venezuela y a 15 funcionarios; al mismo tiempo sacaron anuncios ofreciendo una recompensa de 15 millones de dólares por información para capturar al jefe del Estado. Esto es bastante extraño porque el personaje no esta escondido, todos saben que vive en el Palacio de Miraflores.

Nos recuerda el caso contra el dictador de Panamá Manuel Antonio Noriega. El 20 de diciembre de 1989 el presidente George W. Bush ordenó invadir a Panamá y envió a 26.000 soldados de las unidades de élite. De este modo el gobierno estadounidense se tomó otra “República Banana”; parte de la guerra se gana ante los medios, para asegurar el respaldo de la opinión pública.

Hoy la situación es diferente: Venezuela no es Panamá, ni Maduro es Noriega; además Estados Unidos vive una tremenda crisis económica a causa del Covid-19. Entonces ¿Por qué Trump le muestra los dientes a Maduro? Porque está en campaña por la reelección y como la prosperidad económica se le vino al piso necesita enarbolar la bandera de la guerra. Este sistema les funciona a los líderes de Estados Unidos; George W. Bush se inventó aquello de las armas de destrucción masiva para invadir Irak y capturar a Sadam Hussein; pero asaltar a Venezuela es un tremendo problema geopolítico, por la estrecha relación de Maduro con las grandes potencias del mundo, como son China y Rusia.