25 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Se nos rompió el dios que tanto amamos.

19 de abril de 2020
Por Celmira Toro
Por Celmira Toro
19 de abril de 2020

Hemos sido idólatras del dios representado en nuestro  ego, en lo que somos y tenemos,en lo que sabemos,  y disfrutamos.

Nuestros logros son nuestra carta de presentación y los demás nos valoran por lo que tenemos, esta es la realidad social en la que vivimos.

Claro que nuestro orgullo es tan intenso, y está tan arraigado en nuestro pensamiento y en nuestro corazón que así no podamos ostentar nada, èste surge como un monstruo implacable que nos hace soberbios, amargados , envidiosos por no tener lo que otros tienen, por no disfrutar lo que anhelamos y queremos.

Nuestra autoestima pierde valor  cuando nos comparamos con los demás y  dejamos que ese sentimiento de resentimiento acabe con amargar nuestra vida y entonces, nos alejamos de los demás, no queremos compartir y  departir con nadie y decidimos encerrarnos solos con el dios egoísta que hemos alimentado sin descanso.

Ahora , cuando el mundo se enfrenta a una de las crisis más grandes  ese dios del egoísmo, del yo primero, del yo por encima de los demás  se rompió en pedazos cuando nos dimos cuenta  que de tanto idolatrarnos nos olvidamos de vivir lo esencial, lo urgente, lo necesario, lo que colma el alma, lo que llena el espíritu, y hemos tenido que reconocer que este Yo  sin  el Nosotros no existe, que lo que tenemos y defendemos como fieras no lo podemos disfrutar solos  y que estamos destinados a un refugio donde el poder tampoco existe ; el ego desapareció y el dinero entronizado en nuestro diario vivir està irremediablemente dejando espacio sin límites  a la vida, a la supervivencia, al encuentro con los nuestros en una soledad que nos tiene cerca pero distantes del afecto expresado en abrazos, en besos, en apretones de mano y en palmaditas de apoyo y de cariño.

Nuestros dioses se quebraron y restaurar lo quebrado es tarea difícil, nos toca volver a empezar una nueva versión de ser humano, no tan centrado en sí mismo sino en la corresponsabilidad que tenemos con el planeta, con los otros,con los niños y niñas donde reposa la semilla de ciudadanía que anhelamos, con los adultos mayores gestores de nuestras raíces , con el obrero, el trabajador informal   que produce la riqueza que los capitalistas le pagan  con migajas  mientras  ellos se quedan con las ganancias  que los hacen los dueños  del mundo.

¿Que podrá pasar entonces en el mundo, cuando quienes generan riqueza están  en una cuarentena sin fin? ¿qué harán los industriales, sin la mano de obra generosa y constante  de tantos empleados, de obreros ,qué haremos todos sin las mujeres que desempeñan oficios varios ,sin  los que andando las calles de sol a sol nos proveían de tantos bienes y servicios?

¿Se detendrá la economía, se detendrá el incalculable ingreso de los pocos privilegiados dueños de la economía del país,del pequeño grupo  que ostenta grandes riquezas frente al gran porcentaje de ciudadanos guerreando solos y desprotegidos su diario vivir.?

Se nos quebró el dios de nuestro egoísmo, del poder, del dinero.

Se avisora una realidad que no queremos entender, los unos por pobres y marginados, otros por indiferentes  a los problemas que conocemos y dejamos pasar sin solución ni respuesta, por no sentar nuestra voz de protesta ante tantos desmanes y abusos de la clase  dirigente amparados en la emergencia que afrontamos y unos pocos acomodados en su  superávit , poderosos e indolentes.

Solo nos queda el verdadero Dios  quien puede darnos luz y esperanza en medio de tanta oscuridad e incertidumbre.