4 de marzo de 2021
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¡Que “berraco” duque!

16 de abril de 2020
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
16 de abril de 2020

Gobernar no es fácil. Quien ostenta posiciones de mando se somete inexorablemente al examen popular. Algunas mañanas su percepción aumenta como producto de un evento fortuito que le resulta favorable o como producto de un arduo esfuerzo que da réditos. En otras ocasiones, que son mayoría, su imagen cae estrepitosamente por errores acumulados que le pasan factura. Navegar en el remolino del escrutinio público es una osadía, pero gobernar para las encuestas es un error.

No trabajo ni poseo contratos con este gobierno, ni me encuentro vinculado de forma alguna a la administración nacional. Soy como la mayoría, un ciudadano de a pie que debe batirse cada día para superar las dificultades que se suscitan. Sin embargo, el trago amargo que ahora bebemos con ocasión de la tragedia global del covid-19 no impide destacar las habilidades que ha demostrado el Jefe de Estado.

Mucho se ha criticado a Iván Duque por su filiación política. Se exponen sus ideales como anclas que lo limitan, se le increpa por la selección de sus colaboradores y se le endilga falta de capacidad en la toma de decisiones. Pero en la actual circunstancia ha demostrado todo lo contrario y ha probado su talante. Muchas cualidades se resaltan en su figura como presidente de Colombia. De hecho, algunos de sus contradictores más férreos le reconocen varias de ellas. Es un líder conciliador, de trato fácil, inteligente, coherente en sus discursos y que asume la gerencia pública con vocación tecnócrata. Se pueden compartir sus argumentos o reprobarlos con vehemencia, empero es innegable su osadía y sentido de responsabilidad histórica en el cumplimiento de su deber durante la actual pandemia.

A Iván Duque no le ha temblado el pulso como primer mandatario para dictar todas las medidas necesarias para paliar los graves efectos del coronavirus en nuestro país. Al 14 de abril el ejecutivo nacional contabilizaba 121 decretos dictados con este propósito, de los cuales 113 se han expedido durante el estado de emergencia económica, social y ecológica en todo el territorio colombiano de conformidad con lo preceptuado por el artículo 215 de la Constitución Política. Semejante producción normativa en un periodo de 30 días no tiene precedentes y ha dejado la ortodoxia atrás para abarcar la mayor cantidad de asuntos posibles: hacinamiento carcelario, economía, tributos, contratación estatal, reglamentación laboral, orden público, seguridad, protección a la red hospitalaria, subsidios para la población más vulnerable, devolución de IVA, regulaciones mercantiles, comercio exterior, servicios públicos, creación del “Fondo de Mitigación de Emergencias – FOME –”, abastecimiento de productos básicos, fomento y apoyo a la industria nacional, protección de empleo y asignación de líneas de crédito para auspiciar medianas, pequeñas y microempresas. Y la cuenta sigue. La actual administración ha pretendido abarcar la mayor cantidad de áreas posibles para establecer una normatividad coherente que proteja la vida y la integridad de los colombianos desde una perspectiva holística.

Pero el presidente ha ido mas allá. No ha permanecido en la sobra mientras su rúbrica se plasma en documentos oficiales. Ha pasado de la retaguardia al ataque para ser el primer vocero de las medidas acogidas. Falta mucho. Las decisiones que ha adoptado no son perfectas y pueden abrir un espacio enorme para que avivatos, estafadores y malandrines de cuello blanco quieran hacer su agosto a expensas del dolor nacional. Corresponde a los órganos de control extremar sus ejecutorias para salvaguardar el bien público y proteger el erario de manos inescrupulosas.

Iván Duque tiene la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las promesas que ha hecho para poder decir sin eufemismos que es un “berraco”.

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