20 de junio de 2024

Por fin: ¿emergencia carcelaria?

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
2 de abril de 2020
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
2 de abril de 2020

Comunidad y Desarrollo

Considero que el Plan Padrino de Descongestión Carcelaria, propuesto varias veces por el suscrito – columnista – continúa siendo la mejor opción para descongestionar las cárceles.

El proyecto: Plan Padrino de Descongestión Carcelaria, ha sido publicado por diferentes medios de comunicación, entre ellos el Espectador.com; debatido y puesto a consideración del Centro de Estudios Colombianos, C. E. E; y respetables juristas, que lo consideran viable.

Es confiable siempre y cuando la población carcelaria esté censada, de conformidad con la situación jurídica de los reclusos; valoración de la pena, puesto que en él se excluyen: delitos atroces, de lesa humanidad, feminicidios, violación de menores y casos de corrupción en sumo grado, entre otros.

La Resolución de emergencia carcelaria, expedida hace unos días con la firma de la señora Ministra de Justicia y del señor Director del Inpec, me parece que no es suficiente, ni tiene la fuerza de ley requerida, para solucionar el grave problema carcelario y penitenciario del País, que lleva décadas con agravantes permanentes.

Considero que se hizo más por presión social, que, por solución penitenciario y carcelario, es decir, algo muy a las volandas, para solucionar algunos problemas urgentes, pero de poca monta, que no son la solución definitiva del momento.

El vergonzoso hacinamiento carcelario, viene de años atrás y son varias las comisiones con presupuestos asignados, que se han designado, para solucionarlo, sin ningún resultado a la vista.

Hace unos años se trajo una comisión de exterior, para que evaluara la situación carcelaria de nuestro País, lo que considero fue algo tan traído de los cabellos, que fuera del enorme presupuesto asignado, no se llegó a ninguna conclusión, ni mucho menos solución.

Han sido varias las columnas enviadas por el suscrito al Espectador. Com y otros medios, advirtiendo sobre la gravedad del hacinamiento carcelario y las fatales consecuencias que se podrían presentar, sin que ninguna autoridad competente se hubiera interesado en ellas.

Pero, lo más grave, es que mientras subsista al interior del Inpec, 83 sindicatos, que se pelean entre sí, las supremacías y prebendas que otorga el Estado para atender la población carcelaria, el problema continuará igual o peor; la corrupción en muchos penales, se asoma por los barrotes de las prisiones, situación que es bien difícil de controlar, mientras existan las pugnas entre los mismos sindicatos.

Hemos propuesto en nuestras columnas se, aplicara el llamado: Plan Padrino de Descongestión Carcelaria, que, mediante decreto de emergencia, podría ser aplicado, permitiendo que los internos con buena conducta en los últimos seis meses, entraran a disfrutar de dicha prebenda, bajo la súper vigilancia de un padrino: pariente o amigo, – sin antecedentes judiciales-. Excluyendo desde luego, – repetimos- los casos de delitos: atroces, lesa humanidad, feminicidios, violación de menores y corrupción en sumo grado.

Pero tuvo que ocurrir la dolorosa catástrofe, con 25 muertos y casi un centenar de heridos, para que tímidamente se expidiera el decreto de emergencia carcelaria, que, si bien soluciona temporalmente algunos problemas, como la libertad de más de 10.000 reclusos de menor peligrosidad, para que terminen de pagar las codenas en sus residencias, la problemática carcelaria de nuestro País, continúa igual y últimamente con la pandemia del coronavirus, puede agravarse, si no se toman los correctivos inmediatos.

Sobre la población carcelaria en nuestro País, hemos dicho, que no todos los que se encuentran privados de la libertad, merecen estarlo, puesto que cientos de casos, ocurren por la morosidad de la justicia o la corrupción de muchos jueces, que actúan en contubernio con abogados delincuentes, especializados en empapelar inocentes.

Indudablemente que la población carcelaria requiere de un diagnóstico social, con el fin de conocer las habilidades de cada uno, donde muchos, desearían ocuparse en un oficio en los penales, de conformidad con los programas de rehabilitación y resocialización.

Lamentablemente, solo pocos establecimientos carcelarios, disponen de los medios necesarios, para poner en funcionamiento las microempresas, que tan buenos resultados están dando, en los pocos centros penitenciarios donde funcionan.

 

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