9 de marzo de 2021
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Liderazgo con valores (2)

6 de abril de 2020
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
6 de abril de 2020

“El que escucha mis palabras y las practica es como un hombre inteligente que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia a torrentes, sopló el viento huracanado contra la casa, pero la casa no se derrumbó porque tenía los cimientos sobre la roca.

En cambio, el que oye estas palabras sin ponerlas en práctica es como el que no piensa y construye su casa sobre la arena. Cayó la lluvia a torrentes, soplaron los vientos contra la casa, y ésta se derrumbó con gran estrépito” (Mt 7, 24-27). 

En este pasaje evangélico encontramos de nuevo la tácita alusión al liderazgo o, mejor, al líder: ya no es sólo la ciudad edificada sobre un cerro, que se destaca en su entorno, sino la casa construida sobre la roca, la cual es firme, imbatible, por sus sólidos cimientos que son precisamente los valores espirituales y morales.

Pero, vamos por partes. La parábola describe, en forma sencilla, a dos hombres: uno es previsivo, inteligente, y decide construir su casa sobre un suelo rocoso, asumiendo quizás un elevado costo en la obra; el otro, por el contrario, levanta la suya sobre la arena, cosa que puede hacer con facilidad, sin mayores gastos y esfuerzos. Al principio, el segundo parece haber actuado de manera más lógica que el primero, quien habrá tardado bastante en hacer su vivienda. Romper la roca para poner los cimientos no es tarea fácil, como se sabe.

Sin embargo, el tiempo -continúa la historia- no se detiene. Es cuando aparecen las dificultades, los problemas, al llegar precisamente el mal tiempo: los fuertes vientos, con intensas lluvias que se transforman en huracanes, golpean con furia a las dos casas. Al final, la casa sobre la roca, precisamente por sus firmes cimientos, se sostiene mientras la que se levantó sobre la arena cae en medio de un enorme estruendo, dadas sus bases endebles, movedizas, que costaron tan poco. “Lo barato sale caro”, según suele decirse.

Lección de liderazgo

De nuevo, la lección es evidente: quien escucha la Palabra de Dios y la practica es como el hombre inteligente de la parábola, cuyos valores son la roca que le permiten salir bien librado de sus problemas; en cambio, quien la oye y no la pone en práctica se parece al que construyó la casa sobre la arena y, ante la menor dificultad, se va al suelo por su falta de valores, de principios o, si se quiere, de carácter.

El líder, en síntesis, se caracteriza por la solidez de sus principios, de sus valores, los cuales equivalen a la roca firme del evangelio. Esa roca finalmente es Dios, como tanto nos repiten numerosos salmos que exaltan y agradecen la protección, el refugio y la salvación que Él representa, según podemos dar constancia a través de múltiples experiencias en nuestras vidas.

Debemos, pues, asumir los valores espirituales y morales, incluso para nuestro beneficio personal y en ocasiones hasta para proteger la propia existencia, de modo que nuestra casa (cada uno de nosotros) se sostenga y no se derrumbe ante la adversidad. Basta efectuar un ligero cálculo de costo-beneficio para saber cuán excelente negocio es actuar en forma adecuada, sana, buena, realizando “buenas obras”, como vimos ayer.

Vistazo a la realidad

Ahora miremos la realidad concreta, en nuestra vida cotidiana. Los problemas o dificultades son demasiado comunes, habituales. Aún suelen serlo en mayor grado cuando se ocupan puestos de liderazgo, responsabilidad o dirección en los sectores público, privado, académico, social y familiar.

Un líder con valores, igual que la casa levantada en suelo firme, puede enfrentar las críticas circunstancias y superarlas, siempre aferrado a la mano de Dios, que es su roca. Y si por algún motivo fracasa en su intento, no lo tomará como un fracaso sino como una oportunidad más para corregir y seguir adelante, aceptando en todo momento la voluntad divina.

En la presente situación, no son pocos los líderes que caen, en ocasiones por su edad avanzada, la enfermedad, un revés de fortuna que llaman, o simplemente porque esa es la ley de la vida, con mayor razón en una época signada por los cambios constantes, a los que nadie es ajeno.

¿Cómo actuar al respecto? Una vez más, la parábola citada nos lo dice: el hombre sin valores se desploma, víctima de la desesperación que puede llevarlo al suicidio, mientras el hombre con valores no pierde la esperanza, la fe, y asume el sufrimiento como la cruz que debe cargar, según el célebre mandato de El Maestro.

Más allá de las apariencias

Poner en práctica los valores cristianos -digamos hasta la saciedad- es clave por excelencia del liderazgo, de un liderazgo auténtico, al servicio de los demás, de nuestras familias y demás organizaciones sociales a que pertenecemos, incluso para beneficio personal, individual, de cada uno de nosotros.

No podemos, por ende, quedarnos en el mero conocimiento y la proclamación de dichos valores, lo cual de nada sirve si estos  no se hacen efectivos, no se practican y, en definitiva, no se viven. El cura predica pero no aplica, que es una máxima popular de vieja data, expresa a cabalidad lo que debemos evitar a toda costa, sin asemejarnos a los fariseos hipócritas que Jesús condenó en repetidas oportunidades.

El hábito no hace al monje, además. Las apariencias engañan

(*) Autor del libro “Liderazgo con valores”, publicado por la editorial española Digital Reasons (www.digitalreasons.es)