2 de marzo de 2021
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Jorge E. Sierra Introducción a las ideas políticas de Gaitán

17 de abril de 2020
17 de abril de 2020

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

¿Podrá alguien negar la importancia de Gaitán en la política colombiana? Difícil creerlo. No sólo vivió uno de los períodos más inquietantes de nuestra historia, aquel que atraviesa la larga Hegemonía Conservadora y llega hasta la República Liberal, en el cual desempeñó un papel de primer orden (por lo menos desde 1929), sino que su trágica e inesperada muerte provocó los acontecimientos del ya célebre 9 de abril de 1948 y fue un estímulo decisivo para el proceso de violencia que se había desatado en el país, cuyas graves consecuencias todavía estamos padeciendo.

Para sus críticos, sin embargo, Gaitán carecía de un pensamiento político relevante y más bien se caracterizaba por la superficialidad de sus criterios, ser un orador exaltado y no un sereno pensador, recurrir a tesis demagógicas sin mayor respaldo intelectual y ser vocero, ante todo, de ignorantes sectores populares, los mismos que estaban en capacidad de entenderlo y dejarse impresionar por la facilidad verbal del tribuno.

Quienes así piensan no son pocos y afirmaciones como las anteriores se escuchan a cada momento, aún en labios de personas que deberían ser más prudentes en sus juicios; otros, por su parte, se niegan a aceptar que haya tenido un pensamiento político definido, siendo por eso que lo tildan de socialista, cuando no de liberal a secas, comunista o fascista.

Han pasado más 72 años desde su desaparición y, al parecer, aún es válida su expresión en el sentido de que sus enemigos de la izquierda lo veían en la derecha, y los de la derecha, en la izquierda.

Ideas en el olvido

Las posiciones anteriores son comunes entre quienes opinan sin conocimiento de causa y están guiados por prejuicios y fanatismos políticos, razón por la cual no deben siquiera tenerse en cuenta. En cambio, los conocedores de su obra, cuyas voces son más autorizadas, coinciden en reconocer la existencia de ese pensamiento político, señalar su profundidad e incluso su unidad, y enunciar, a modo de pruebas, las ideas centrales o motoras del pensamiento gaitanista, las mismas que él mantuvo y desarrolló a lo largo de su agitada vida pública.

No obstante, de la mera enunciación de algunas tesis tampoco se pasa, convirtiéndose la presunta unidad en un axioma o lugar común, al que generalmente se recurre para contribuir a la exaltación del líder y levantar aún más el pedestal mítico que se ha venido erigiendo en su memoria.

A decir verdad, abundan los estudios detallados sobre El Bogotazo, sobre su vida apasionante y su trayectoria política o una que otra interpretación de esa carrera, pero pareciera que lo básico, el punto de partida inevitable, lo fundamental, se hubiera olvidado.

Ciertamente en estos tiempos no somos muy dados a ese tipo de investigación teórica y preferimos lo que nos cause impacto, lo sensacional, lo anecdótico, lo que es más propicio para el consumo, todo ello favorecido por las proporciones de leyenda que fue tomando el jefe liberal desde el instante mismo de su asesinato.

Lo ideológico, en fin, ha pasado a un segundo plano, cediendo su lugar al mártir o héroe en sus múltiples variaciones.

Reto a la vista

Gaitán -recordemos- tenía una amplia formación intelectual y, aunque huía de la vana especulación, daba a la teoría un lugar prioritario frente a la praxis, así fuera la realidad el criterio de verdad en todo momento.

Buscó, asimismo, que el debate político entre nuestros partidos se planteara en el terreno ideológico,  enorgulleciéndose de mover ideas, sin quedarse en lo emocional o afectivo, mientras tenía una fe profunda, acaso ciega, en la capacidad del pueblo colombiano para adquirir plena conciencia democrática, o sea, plena conciencia de sus derechos.

No sólo eso. Fue él mismo quien más insistió en la unidad de su pensamiento político, en la lealtad a sus tesis. ¿Qué ha sucedido, entonces? ¿Por qué los muchos estudiosos no han superado lo biográfico y por qué su historia intelectual, por llamarla así, no ha sido tomada como un reto? Hay intentos, es cierto, pero pecan por parciales o parcializados.  O por ambas cosas.

Es preciso, en consecuencia, verlo como a un pensador, teórico o ideólogo, y considerar que su ideario es, más que su vida y su muerte, ser expuesto, dejando en manos del lector aceptar o no su vigencia.

Al fin y al cabo él afrontó, como pocos políticos colombianos, los grandes temas de la sociedad, del hombre, de la política, y participó en la lucha por el predominio ideológico (mucho más que ideológico, por cierto) entre las principales corrientes del siglo XX hasta hoy -nazismo y fascismo, comunismo y democracia capitalista-, fijando claramente sus posiciones.

Todo ello lo hizo dentro de la mayor coherencia, entendida como fidelidad a sus arraigadas convicciones.

Historia política con objetividad

La tarea propuesta no es tarea fácil. Para empezar, en Colombia y América Latina son escasos los ensayos con características semejantes. Peor aún, carecemos de una verdadera historia de nuestras ideas políticas. ¿Por qué? Muchas razones podrían enunciarse: el citado desinterés por estos temas, el desprestigio de nuestra clase política y el consabido criterio de que la política nacional no mueve ideas en sus luchas partidistas, entre otras.

Carecemos, además, de una conciencia histórica en relación con nuestro pasado, como nos falta también una identidad propia, al tiempo que valoramos, en forma excesiva,  la cultura europea y los nuevos valores norteamericanos.

Lo nuestro,  en la mayoría de los casos, nos avergüenza y tendemos a rechazarlo, a ignorarlo o, cuando menos, a contemplarlo sin la menor objetividad, actitud negativa que explica, a su vez, la frustración de no pocas generaciones y no pocos talentos, condenados al marginamiento, la mofa pública o la desadaptación absoluta.

De otra parte, la historia política entre nosotros se suele abordar con criterios partidistas y sectarios, cuyo resultados saltan a la vista: una historia liberal; otra, conservadora; otra más, socialista o comunista, para no hablar de las nuevas facciones que han aparecido en los últimos años, tras promulgarse la Constitución nacional de 1991. Tenemos, pues, historias diferentes, marcadas por la filiación grupista de quienes la escriben.

De ahí la necesidad de abordar tales asuntos en forma objetiva e imparcial, no guiados ya por tales criterios sino por la objetividad propia de la Ciencia Política, contribuyendo así a la formación de una auténtica historia de las ideas políticas en Colombia y América Latina, similar a la desarrollada por autores como George Sabine y Jean Touchard.

Preguntas a granel

Son numerosos los interrogantes que un proyecto como éste debe responder. El principal, como es obvio, se refiere al problema planteado: ¿Tuvo Gaitán un pensamiento político determinado y, si lo tuvo, qué lo caracterizó? ¿Existe realmente la pretendida unidad de su pensamiento político o, por el contrario, no hay tal unidad y más bien se destacan diversas etapas, a veces con tesis opuestas, contradictorias?

¿Y en qué tendencia ideológica podemos ubicarlo? ¿En la izquierda radical o la moderada? ¿En la ortodoxia marxista o el socialismo? ¿En qué coincidió, a fin de cuentas, con el fascismo o el nazismo, y por qué propugnaba por políticas autoritarias desde el gobierno?

¿Qué tenía, en último término, de liberal? ¿Con qué tipo de liberalismo se identificaba? ¿A qué se debió, según eso, su afán de crear un tercer partido, yéndose en contra del bipartidismo tradicional? ¿Y cómo explicar sus críticas al llamado país político, lo que parecía desembocar en un movimiento popular suprapartidista, sin antecedentes en el país?

¿Era un demócrata? ¿Cómo concebía, entonces, la democracia? ¿Qué consideraba fundamental para que Colombia llegara a ser una democracia auténtica? ¿Qué papel concedía, dentro de ese esquema, a los militares, a la Iglesia, a los distintos sectores de la sociedad, y cuáles eran sus posiciones sobre los tres poderes del Estado, sobre el nacionalismo y el imperialismo?

Inquietudes como éstas se hacen públicas a cada momento. Y es innegable la importancia que tiene para la política colombiana resolverlas de una vez por todas.

(*) Autor del libro “Las ideas políticas de Jorge Eliécer Gaitán” (Amazon, 2020)