5 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El Olfato

27 de abril de 2020

Ya llegaron los primeros recibos de servicios públicos. Energía, después del arribo de la pandemia del Covid-19 a Colombia. Aunque salieron promesas presidenciales sobre un alivio en sus pagos, lo cierto es que por, lo menos, en cuestión de energía, la factura viene con un incremento considerable.

Los informantes de las empresas aducen que todo obedece a que hay más gasto porque hay más personas y más tiempo de gasto. No es tan cierto. Desde hace un año, estas entidades vienen incrementando los costos del kilowatio sin ninguna explicación. La Superintendencia de servicios públicos no se ha pronunciado y habrá que esperar unos largos meses para conocer un concepto de esta paquidérmica entidad.

A LA ESPERA DEL GOLPE BANCARIO

En un mes, más o menos, comenzarán a llegar las cuentas por el uso de las tarjetas y por los créditos personales que se tienen con los bancos.

Serán otros momentos ingratos para los clientes y usuarios. Los bancos no rebajan nada. No hay una sola ventaja, siguen cobrando el uso de la tarjeta y hasta por pisar una sede bancaria. Los bancarios se asemejan a los buitres que rondan a sus presas pacientemente.

Ellos saben, eso sí, que en el infierno estarán rodeados de miles y miles de millones de dólares, pesos, obras de artes, casas, apartamentos, carros y todo lo que les han quitado a sus clientes con sus préstamos con intereses de usura.

Lamentables los suicidios que han ocasionado por sus negligencias y su voraz apetito económico.

¿YA HICIERON MERCADO?

Atérrense. Los precios de los alimentos de la canasta familiar se incrementaron de manera asombrosa. Lo que se compraba hace un mes con 100 mil pesos, por ejemplo, ahora cuesta 113 mil.

Arroz, café, chocolate, enlatados, granos están escasos en las estanterías, pero, además, con incrementos desaforados.

La escasez obedece a que los están vendiendo, a precios mayores, para los mercados que están repartiendo en los barrios y ciudades del país.

ESE SEMESTRE SE PERDIÓ

Las universidades están con doble angustia. No saben cómo terminarán este año con sus clases vía internet. Muchos estudiantes desconsolados, profesores no preparados para el tema, desactualizados los pensum y con déficit en sus balances.

Para el segundo semestre la situación no es muy halagüeña. Los jóvenes se han dado cuenta que no es negocio ir a una universidad donde les hacen perder tiempo. Tienen una clase a las siete de la mañana, otra a las once y una más a las 4 de la tarde.

Resumiendo: tambalea el segundo semestre universitario y la desbandada estudiantil será la más alta de la historia.

NO PARAN LOS ROBOS CON LOS MERCADOS

Esos mercados que está dando el gobierno nacional, con el presupuesto de los colombianos, serán los más costosos del mundo.

Además de la bulla de la Procuraduría, Contraloría y Fiscalía de abrir investigaciones y luego castigar con tres meses a los implicados, no deja de ser un chiste. Claro, además, las acusaciones recaen a los mandatarios de los pueblos más perdidos del país.

Pero los grandes robos que se cometen, en las propias narices del presidente, no se dice nada. Hasta el momento no se conoce la primera reacción presidencial por lo que ha ocurrido en el Ministerio de Agricultura ni en la oficina de su amigazo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.

Gracias al empuje de Julio Sánchez Cristo y de la W se han conocido algunos detalles del tremendo escándalo que han hecho allí con las compras de los mercados, con el silencio absoluto de las famosas ías.

VIDA TRISTE LA DE LOS POBRES ARTISTAS

Ser cantante y compositor en Colombia es una tristeza. Lo que debería ser un orgullo nacional es un punto para la explotación y el robo de manera escandalosa.

Cuando un compositor escribe un tema lo debe inscribir en una editora, esta empresa, de propiedad privada, de oscuros personajes le cobra un 30 % por administrarle la obra. Luego la debe registrar en Sayco, donde le cobran entre un 20 y un 30 % por hacerle los cobros. Debe pagar los registros de propiedad intelectual, las partituras y los impuestos del caso. En total, al que se gastó el cerebro en un tema, sólo se queda con un 10 por ciento de su producido.

Si interpreta la canción, Acinpro le cobra un 30 % por administrar su obra, la editora otro tanto, debe pagar la payola –dinero que se les da a directores de emisoras—para que pueda sonar su canción y hacer inversiones en fotos, videos, propaganda, redes sociales, vestidos, uniformes para su grupo, pagos de sueldos, etc.

Tener una vida de cantante es para pensarlo dos veces.