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Testimonio El covid-19 lo obligó a vender bolsas para cadáveres

12 de abril de 2020
12 de abril de 2020

Por: Carlos Mario Vallejo

Tras la determinación del Consejo Superior de la Judicatura de suspender los procesos judiciales en el país, medida que rige desde el pasado 19 de marzo, miles de profesionales de esta rama han tenido que apelar a nuevas maneras de ganarse la vida.

Es el caso de Abelardo Palacioos* (A.P.), abogado litigante barranquillero que presta sus servicios en Bogotá. El legista ha tenido que pasar de los estrados judiciales a un negocio bastante escatológico: la venta de bolsas para cadáveres.

Historias de cuarentena (H.C.) se entrevistó con el jurista para conocer de cerca la historia.

  1. C.: ¿Cómo le llega la opción, a un abogado prestante como usted, de vender bolsas para cadáveres?

A.P. La opción me llega porque dentro de mis clientes existe uno que se dedica al suministro de insumos hospitalarios y este me ofreció comisiones si lo ayudaba a vender tapabocas en grandes cantidades. De manera que busqué dentro de mis conocidos y di con unos cuantos que trabajan en el sector de la salud y les vendí tabacocas y vestidos antifluidos. Uno de estos amigos después me solicito bolsas para cadáver.

  1. C.: Me imagino que al principio fue complicado … todo este tema de la muerte y más en esta coyuntura…

A.P. Fue un impacto fuerte ver que existe un mercado para estos productos y máxime en esta coyuntura, pues me puso de frente la posibilidad que existe de que el virus este nos mate y mate a mucha gente. Me hizo sentir la problemática como algo cercano y real y no algo de una noticia de un país o una ciudad lejana.

  1. C.: ¿Cómo es el día a día en un negocio de estos?

A.P. Un día en este negocio, después de asimilar la realidad y sus dolorosas implicaciones, es un día de trabajo como cualquier otro de cualquier negocio; organizar una estrategia o plan de negocios y ejecutarlo de mejor manera posible. Sin embargo, no deja de ser un tanto bizarro cotizar volúmenes de bolsas de este tipo, porque no se me olvida que la usarán para personas fallecidas. No deja de ser inquietante.

  1. C.: ¿Cómo ha sido la reacción de las personas cercanas con este nuevo oficio mortuorio?

A.P. Las personas cercanas en general se sorprenden y exclaman expresiones de asombro, miedo y hasta asco. Algunos hacen bromas y todos se ponen un tanto nerviosos.

  1. C.: Una vez termine la cuarentena, ¿seguirá en el negocio o se dedicará por completo a los tribunales y los casos legales habituales?

A.P. Creo que después de esta crisis seguiré en mis asuntos jurídicos y creo que tendré una perspectiva distinta sobre la vida y la muerte.

  1. C.: ¿Ha imaginado su propio cadáver en una de esas bolsas?

A.P. No me he visto dentro de una bolsa como cadáver, pero sí he llegado a creer que sería útil tener una en casa y meterme dentro, sobre todo cuando por alguna frustración pretenda desdeñar del valor precioso de mi vida y se me olvide agradecer por ella.

  1. C.: Esto no suena muy ético, pero digamos que a usted le conviene la pandemia. Igual, siguen las funerarias y todo el círculo comercial alrededor de la muerte y alguien tiene que vender estas bolsas eh…

A.P. Pues es muy curioso y cuestiona algunas bases éticas y espirituales, porque la prosperidad del negocio quizás dependa de la desgracia de otros. Pero como siempre, alguien tiene que hacerlo y siempre habrá quien lo haga. Esta vez me tocó a mí.

*Nombre modificado a petición de la fuente.

Foto: Canva Pro – libre de derechos