27 de febrero de 2021
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Dos clases de demócratas (II)

22 de abril de 2020
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
22 de abril de 2020

Especial para Eje21

Estos días de reclusión también sirven para anunciar o hacer debates sobre temas comunes y actuales. Una de estas tardes, enfrascado en el contenido de la democracia, se nos ocurrió pensar que ella no es solamente una ideología, nacida en el ágora de los griegos, sino también una forma de comportamiento de los ciudadanos. Fue así como evoqué y quiero repetir una antigua percepción sobre la manera como es la conducta de los individuos.

Hay dos clases de demócratas, digo: los demócratas X que hablan de los derechos humanos, del respeto a los demás, de las conciencias libres, de la tolerancia…pero, después de que han hablado de eso con sobrada elocuencia, los vemos actuar en forma contraria: son mandones, regañones, incapaces de aceptar que existan otros pensamientos, y dispuestos a prender sus antorchas para calentar a los que no piensan como ellos. La intolerancia es el nombre de su juego.

“Qué buena es la democracia, hijo, hay que permitir las opiniones ajenas” dice un padre a su hijo con la elocuencia del que dicta cátedra. El chico contesta: “Papá, mi amigo Fernando del colegio opina que ser gay no es dañino”. Refuta el padre: “¡Cómo te atreves a decir eso; ser gay es una vergüenza, no debes opinar igual a Fernando! Te prohíbo juntarte con él, es un depravado”.

En sentido contrario existe el demócrata Y:  este personaje habla de la democracia como el más alto grado de la tolerancia; no finge, piensa y actúa de la misma forma; en fin, su corazón está en consonancia con su comportamiento. No regaña a su pareja, ni le responde en forma altanera sino que elige el dialogo para mantener la armonía sin que uno y otra renuncien a sus ideas y creencias. El demócrata Y no trata de modificar el pensamiento ajeno, sino comprenderlo. El X dice que todas las ideas creativas pertenecen a unos pocos; el Y dice que la creatividad está esparcida por igual entre los seres humanos. El X le niega la remuneración legal a su empleada y encuentra subterfugios para ocultarlo; el Y no solamente la respeta como ser humano sino que le paga todo el salario y le reconoce la seguridad social. El X es feliz cuando añora a los déspotas, el Y los combate.

Cientos de demócratas (los conocemos en el día a día, tomamos café con ellos) se autoproclaman con los atributos del Y. Pero, saliendo de su discurso, son unos X insoportables que llegan a su casa a ponerse la máscara dura con la cual infunden miedo a su pareja y a los suyos. Por eso existe aún la nostalgia de un Presidente “demócrata” que nos mandaba a acostar temprano, y la añoranza de ese día todavía se anhela en muchas conversaciones.

Estamos plagados de X , de personas que piensan una cosa y actúan de modo diferente sin que les importe un bledo ese súbito cambio en sus procederes. Hay también muchos que añoran la disciplina para perros para tener mayor seguridad en el mundo de tal modo que nadie los contradiga; les encanta ser sumisos para no tener que pensar y que otros piensen por ellos. Les encanta dar consejos pero rechazan la posibilidad de enseñar a pescar.

Como los demócratas Y son contados con los dedos de una mano –yo mismo estoy tratando hace mucho tiempo de serlo–, ahí está el desafío de los próximos años. Y el que no quiera ese cambio ahora, con los aires del postconflicto, mejor quédese callado y rumiando sus propias vergüenzas. Eso sí, la democracia no es la de Trump sino la de Biden-Sanders que juegan a ser Y en un país que se niega a verse reconvenido por el autócrata de todos los días.