24 de febrero de 2021
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Carlos Pizarro y la lucha por la paz

27 de abril de 2020
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
27 de abril de 2020

Después de las dramáticas elecciones del 19 de abril de 1970 el pueblo decía que el ganador era Rojas Pinilla pero que se había posesionado Misael Pastrana; quedó la sensación del fraude y se creó el clima adecuado para la llegada del Movimiento 19 de abril. Entre los fundadores del grupo guerrillero se destacaron Jaime Bateman, Álvaro Fayad, Carlos Toledo Plata, Israel Santamaría, Carlos Pizarro e Iván Marino Ospina, quienes anunciaron su nacimiento con una llamativa campaña publicitaria contra las plagas y los parásitos. Se lanzaron a la vida política en 1974 como una guerrilla urbana, con acciones espectaculares y con un discurso nacionalista, para las condiciones de Colombia, lo que les permitió crecer entre los grupos de izquierda y atraer a estudiantes e intelectuales.

El ambiente político

Una coyuntura propicia se presentó durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982), cuando sectores de la mafia se fueron apoderando del Estado y el clientelismo y la corrupción se instalaron en el poder. En este punto el presidente Turbay lanzó la célebre frase de reducir la corrupción a sus “justas proporciones”. Ante el desprestigio de la administración los grupos guerrilleros fueron conquistando nuevos espacios del territorio nacional y el M-19 se dedicó a lanzar golpes espectaculares para ganar visibilidad; el más contundente fue el robo de 4.500 fusiles, a la guarnición militar del Cantón Norte de Bogotá, en enero de 1979. Pero los guerrilleros dejaron muchas pistas lo que le permitió al gobierno devolver el golpe.

La administración de Turbay respondió con fuertes medidas por medio del Estatuto de Seguridad, para controlar la actividad de los grupos de izquierda. Pero en esta oleada de represión fueron involucrados prestigiosos escritores, periodistas y dirigentes políticos de oposición. Terminando el año, el Ejército confirmaba que pasaban de 300 las personas detenidas por el robo de las armas, incluyendo a los principales comandantes.

Mientras tanto el Estatuto de Seguridad seguía dejando víctimas porque la simple sospecha implicaba tortura y cárcel, como sucedió con la artista Feliza Bursztyn y con el escritor Luis Vidales, quienes fueron detenidos y torturados, acusados de tener vínculos con el M-19. En estos hechos el ministro de Defensa, general Luis Carlos Camacho Leyva, también involucró al escritor Gabriel García Márquez; pero el novelista recibió información y algunas llamadas anónimas que le advertían “Tenga cuidado. Están convencidos de que usted está enredado con el lío de las armas del M-19”. Además, varias fuentes le advirtieron sobre su posible asesinato. Ante el inminente peligro el escritor voló a México protegido por la embajadora, María Antonia Sánchez.

En medio del desgobierno dijo el general José Joaquín Matallana que el país se encontraba ante una “guerra podrida” y que “ni la fuerza pública por sí sola puede liquidar el problema de la violencia revolucionaria, ni los grupos armados que buscan el poder pueden lograrlo por la fuerza”. Esto lo entendió muy bien el candidato presidencial Belisario Betancur quien prometió buscar una solución política y no exclusivamente militar para la interminable violencia que padecía el país; con la bandera del “sí se puede” derrotó a su contrincante Alfonso López Michelsen y alcanzó la mayor votación en la historia del país. Tan pronto se posesionó desarrolló su política de paz; así, el 19 de septiembre de 1982 constituyó la Comisión de Paz, integrada por 39 personas y presidida por Carlos Lleras Restrepo, a quien luego reemplazó Otto Morales Benítez.

En un contundente gesto de buena voluntad, dirigido a los grupos guerrilleros, el Congreso aprobó la Ley de Amnistía, el 19 de noviembre de 1982, que benefició “a los autores, cómplices o encubridores de hechos constitutivos de delitos políticos, cometidos antes de la vigencia de la presente ley”. El país acogió con entusiasmo la amnistía y salieron de las cárceles 535 presos políticos: 417 del M-19, 23 del ELN, 60 de las FARC, 31 del comando Pedro León Arboleda y 4 de Autodefensa Obrera.

Después llegaron algunos actos siniestros y lamentables cometidos por el M-19, como el asalto al Palacio de Justicia, en noviembre de 1985, que terminó en tragedia nacional. Esta tapa culminó con el desprestigio de la lucha armada como alternativa política.

El protagonismo de Carlos Pizarro

Nació en Cartagena el 6 de junio de 1951, militó en las juventudes comunistas y vivió de cerca el drama de las elecciones del 19 de abril de 1970. La duda sobre el robo de las elecciones lo motivó a participar en la creación del Movimiento M-19 y en 1978 hacía parte del comando superior de la guerrilla. Saboreó algunos éxitos, pero también fue detenido, permaneció en la base militar de Cimitarra y en La Picota. Quedó en libertad por la amnistía del presidente Belisario, diciembre de 1982, y se sumó a los esfuerzos colectivos por la paz. Pasó el tiempo y llegaron nuevas escaramuzas hasta que el 24 de agosto de 1984, en El Hobo (Huila) y en Corinto (Cauca), se firmó un acuerdo de cese al fuego. Sin embargo ese día resultó herido en un retén de la policía, cuando llegaba a Corinto. Después apareciron los “enemigos agazapados de la paz”, nuevas provocaciones y la catástrofe del Palacio de Justicia.

Carlos Pizarro ascendió en la jerarquía del M-19 por la muerte de los comandantes Álvaro Fayad y Gustavo Arias Londoño, llegó la época de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y nuevos avances y retrocesos. Un momento importante ocurrió el 29 de mayo de 1988 con el secuestro del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado lo que forzó nuevas conversaciones de paz que culminaron en el diálogo nacional. El M-19 de la mano del jefe máximo, Carlos Pizarro, recuperó protagonismo y se produjo la alianza con Álvaro Gómez. El 9 de marzo de 1990 el presidente Virgilio Barco y Carlos Pizarro firmaron en la Casa de Nariño el acuerdo para el desarme, la desmovilización y la reintegración de esta guerrilla a la vida legal.

El 8 de marzo el M-19 tomó la resolución de dejar la guerra. Este día en el campamento de Santo Domingo (Cauca) Pizarro tomó su pistola y dijo: “El M-19, en las manos de su comandante general, hace dejación pública de la última arma, por la paz y la dignidad de Colombia”. Esa misma semana Pizarro fue candidato a la alcaldía de Bogotá y luego a la Presidencia por la Alianza Democrática M-19. Sin embargo, fue asesinado el 26 de abril, cuando volaba en un avión de Avianca. Fue un asesinato cometido por orden de Carlos Castaño con la complicidad de agentes del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Otro crimen sin castigo.