25 de febrero de 2021
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«Aconteceres y nostalgias»

16 de abril de 2020
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
16 de abril de 2020

El título de esta columna es el mismo de un libro de poemas que una tarde de enero, mientras recorría la carrera 23 disfrutando la Feria de Manizales, un amigo me entregó para que, después de leerlo, valorara su contenido. “Léete este libro”, me dijo cuando lo puso en mis manos. Y agregó: “En estas páginas está la inspiración de un buen poeta”. Con esta recomendación, puse sobre mi mesa de trabajo, junto al computador donde doy forma a mis devaneos literarios, “Aconteceres y nostalgias”, escrito por Carlos Arturo Arbeláez Cano. El libro quedó en turno para leerlo. Aprovechando el confinamiento como consecuencia del coronavirus, lo he leído. Y, ¡oh, sorpresa! Me he encontrado con una voz nueva en la poesía caldense, que por su tono a ratos angustiado despierta interés.

Carlos Arturo Arbeláez Cano, un ingeniero manizaleño que muy niño fue llevado por su familia a vivir a Bogotá, exhibe en este libro una calidad poética sorprendente. Reconforta el alma encontrarse a un poeta que, si bien no sigue los cánones de la poesía clásica, en su intento por renovar las formas de expresión poética alcanza momentos deslumbrantes con su lenguaje. En la introducción al libro, en un texto denominado Umbral, el autor explica de qué se nutre su poesía cuando dice que no trata en sus versos “de celebrar la métrica y la preceptiva, sí las emociones y la nostalgia, que son repasos por el corazón”. Y emociones y nostalgias, angustias y desvaríos, exaltaciones de la existencia y actitudes de rebeldía, celebraciones al amor y exaltación a la palabra son constantes en sus versos.

“Aconteceres y nostalgias” es un libro donde sobresale la musicalidad, el encanto de la palabra hecha fuego, el tono desolado de algunos poemas, el desgarramiento interior del alma, la plenitud del encuentro amoroso, la fuerza cósmica de una voz que no se resiste a los requiebros tiernos y la expresión viva de la admiración por un cuerpo de mujer.  Miremos, como ejemplo, el poema “Paisaje”. Al llegar al título, después de haber leído 44 páginas donde fluye torrencial un lenguaje acariciante, el lector piensa que va a encontrar aquí una descripción vívida de la naturaleza. Pero la sorpresa es grande cuando descubre un poema de tono erótico que exalta el encuentro de dos cuerpos entregados a la pasión. El poeta dice que llegó a regodearse con la arquitectura de la desnudez de la amada.

Un verso del poeta Edgardo Escobar expresa con claridad cuál debe ser el efecto de la poesía en el lector. Es aquel que dice: “Hacer poemas es permitir que las palabras hagan hueco en nuestras vidas”. Yo agregaría, para enriquecerlo, que las palabras deben hacer hueco en las vidas ajenas. Porque el poeta debe tener la virtud de conmover el corazón del hombre. Pienso que Carlos Arturo Arbeláez Cano logra este propósito. Todo porque en su poesía hay un no sé qué seductor, un fuego que calcina el alma, un extraño viento que mueve los sentidos. En el poema “Pregunta” está explícita la inquietud del hombre frente a la existencia. Veámoslo: “¿Por qué ya no nos basta el temblor de la voz? ¿Por qué de tanto andar se nos pierde el camino? ¿Por qué de tanta luna se nos confunde el día?”.

Alguien que tiene la sensibilidad para decir: “¿Y en dónde estarás hoy?/ se pregunta mi anhelo/. Y mis manos se pierden en la búsqueda inútil/ bajo la blanca tela del tálamo vacío” es un ser humano que expresa la fragilidad del alma en frases con contenido estético. En este verso está la angustia del hombre al ver que la amada no está ahí, a su lado, para consentirla. Es cuando se pregunta: “Dónde tu dulce aroma se disipa?/ ¿En qué paraje de la melancolía?”. Hay aquí eso que Eduardo Carranza llamó en su momento “fina inspiración y delicado sentimiento”. Este lenguaje pleno de ternura lo reitera en otro poema cuando dice: “Del agua nace el pozo/ de la caricia mi mano/ de mi boca tus pechos/ del lecho la ternura”. Carlos Arturo Arbeláez Cano es un poeta en toda la dimensión de la palabra.

Cuando uno descubre un buen libro de poemas lo primero que quiere saber es quién lo escribió. Para mi alegría, el autor de “Aconteceres y nostalgias” se atravesó en mi camino. Me sorprendió que a su edad (68 años) este sea su primer libro. Que un hombre con un lenguaje tan depurado, con tanta fuerza poética, con tanta profundidad en el contenido apenas ahora publique un libro debe tener explicación. Y él me la dio: su inquietud literaria la expresó entre los años 1985-1991, cuando el destino lo trajo a Manizales como funcionario público. Ese regreso tardío a su tierra natal le sirvió para mostrarles a Mario Escobar Ortiz y a Oscar Jurado sus poemas. Ellos, asombrados de su calidad, le insistieron para que los recogiera en libro. Dos o tres se publicaron, por esa época, en La Patria. Solo ahora aparece el libro.