19 de agosto de 2022
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

ABRAZOS

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
3 de abril de 2020
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
3 de abril de 2020

Nadia recuerda el primero que le dieron. Fue hace mucho tiempo. Pero  tampoco nadie recuerda, así sea reciente, el último que dio o le dieron, era que no sabía que era el último y por lo tanto no lo resaltó de tal forma que lo pudiera guardar de manera especial.

El primero  es lejano,  se lo dieron y lo dio hace mucho tiempo. No importa que se trate de personas jóvenes. Ya ha pasado el tiempo, porque jamás se detiene. Sólo que a veces deja la sensación de detenerse, pero no es cierto. Sigue corriendo  sin que nada se lo pueda impedir.

Son muy pocos los que pueden decir que han recibido muy contados o que han ofrecido  unos tantos que no son representativos. Lo normal es que sean muchos. En la cuenta de cada quien, tanto los que ha dado, como los que ha recibido.  Y que todos sean representativos de momentos, de espacios, de sucesos, de emociones, de afectos determinados, siempre en lo positivo. En la creación de unidad.

Todos han sentido alguna vez la necesidad de  recibir uno, de alguien que ojalá sea cercano, pero en el peor de los casos de alguien, con tal de que se pueda percibir esa grata sensación de protección que siempre genera.

Muchas veces en la angustia de la soledad, se ha esperado uno de alguien, de cualesquiera, con tal de sentir un tanto de amparo, de compañía, de afecto, así sea instantáneo.

Se reciben en los mejores momentos de la vida. También se reciben en los peores instantes, cuando el mundo pareciera abrirse debajo de los  pies  y solamente se tienen ganas de no tener ganas de nada.

Se reciben como el primer paso hacia el nacimiento de un amor, de una gran amistad, de un reencuentro, de un éxito, de un fracaso, de una tristeza, de un dolor, de muchas cosas que le pasan en la vida a la gente.

También  se reciben cuando un amor se acaba o se va o se debe ir. Si todo se acaba con un abrazo, allí queda al menos un recuerdo delicado y será el muro de contención para que ni los resentimientos, ni los reclamos lleguen cuando no deben aparecer.  Además es el mejor antídoto para el olvido. Quien abraza, a quien abrazan, nunca se olvida.

Los abrazos  son el lenguaje de los seres humanos. El lenguaje emocional. Este va contenido en todas aquellas actitudes  que permiten el contacto con los demás. Al fin y al cabo la primera comunicación, desde siempre, del ser humano, es la dérmica, aquella que admite la piel con piel.

Se trata de sentir al otro. De que el otro te sienta. De sentirse los dos, saber de la calidez de su piel y de los ánimos del cuerpo.

Esa comunicación de contacto afectivo que es de la propia naturaleza del ser humano, por tanto nace con él, comienza por ese reconocimiento tácito que se tiene de aquella mujer en la que se mantuvo la procreación durante un largo período de nueve meses, que puede convertirse en mucho más notorio si no  transcurre dentro  de condiciones normales, sino con afectaciones de salud de la madre.

Es que si piensa mejor, el primer abrazo del ser humano dura nueve meses. Es el abrazo constante de un vientre en el que es posible encontrar todo lo necesario para el desarrollo, el crecimiento y la formación de un cuerpo que habrá de nacer,  crecer y ser alguien. Es un abrazo que todos han olvidado, pero que necesariamente todos han vivido. No es posible nacer sin ese abrazo oscuro y líquido, que externamente se va convirtiendo poco a poco en un abultamiento  de la parte delantera de la mujer.

Nadie se pregunta cuando, donde y quien inventó el abrazo. Es que se trata de algo tan natural  que no admite muchos interrogantes. Es algo que se vive todos los días. Y lo que se siente en casi todas las veces no se racionaliza hasta el punto de llegar, o tratar de alcanzar a sus últimas explicaciones.

Es común  que se conozca a alguien a quien nunca se ha visto, pero cuyas referencias constantes en boca de terceros, van dando una imagen precisa de quien se trata. Existe el momento en que puede darse el conocimiento directo de esa persona, a quien ya se conoce tanto, que no habrá un saludo protocolar, educado, común y corriente. No. Se responde es con un abrazo, un fuerte abrazo que consolida una relación que apenas comienza en verdad.

Y también sucede que cuando un ser querido abandona el mundo físico en el que todos tienen contacto, lo que más se extrañe sean los abrazos.

Cuando la distancia se hace grandes, cuando las voces se oyen lejos, cuando  ver al otro es tan difícil, siempre habrá el oportuno  envío de un abrazo.

Los abrazos distantes no dejan de ser abrazos. Por eso siempre se reciben de la mejor manera.

A todos les dieron abrazos para que aprendieran a abrazar. Y todos abrazan a su manera. Y cada abrazo tiene un significado diferente.

Es claro que no se abraza a todos. Se abraza solamente a aquellos a los que se quiere abrazar. Solamente se abraza a quien se le quiere transmitir un sentimiento determinado. Ese pasar los brazos por el cuello del otro, golpeando un poco su espalda, es un lenguaje mucho más profundo  que el de las palabras, por muy rico que sea  el idioma en que se hable.

Un reencuentro con alguien a quien se ha querido y se ha dejado de ver por mucho tiempo, no requiere de la preparación de saludos especiales (como debería ser), sencillamente las personas se dejan llevar de sus cuerpos y se abrazan y no es necesario decir nada. Es que la piel comunica mucho más que el verbo. Los abrazos en si, nunca  son de silencio.

Cuando el abrazo ha transcurrido, sin que ninguno de los dos tenga capacidad de determinar  su duración, se miran a la cara y es como si nunca se hubiesen dejado de ver. El abrazo es capaz de restituir el tiempo y restablecer las distancias.

A veces  no se es capaz de pedir perdón o presentar excusas, cuando se llega a la convicción del error conductual en que se ha incurrido. Se buscan muchas palabras que sean convincentes para que el otro entienda  que se lamenta. Todos los vocablos terminan siendo insuficientes. Pero hay una solución que se adopta sin que nadie se lo proponga: se confunden en un abrazo y allí se siente completamente lo que se quiere expresar, de tal manera que la reconstrucción del tejido afectivo se haga posible.

Tantas veces sucede que la ausencia de un ser cercano a alguien a quien se tiene especial afecto, no posee las expresiones necesarias para hacerle saber que se comparte esa ausencia y se tiene la necesaria solidaridad ante el hecho. Es mejor guardar silencio y entregar un fuerte abrazo, en el que se pueden transmitir todas esas emociones que de alguna manera pueden ayudar al alivio de lo que no tiene alivio.

Desde siempre enseñaron a abrazar. Todos aprendieron. Unos mejor que otros, aquellos que son más expresivos en su manera de ser. Otros no aprendieron o no quisieron aprender, porque consideraron que las distancias permiten mejor la observación del otro. Son maneras de ser. Lo normal, lo general, es que todos  son capaces de abrazar.

A nadie le enseñaron a no abrazar. A dejar de abrazar. A todos  les dijeron que el contacto constante con los otros era muy importante para la convivencia  entre todos, de la mejor manera.

Y un dia se aparece un virus en tierras lejanas y se va expandiendo por el mundo entero, dando pie a todas las especulaciones del mundo, al punto de que algunos no lo tomaron en serio y padecen las consecuencias. Y es un virus que llegó a atacar de frente  los abrazos. Es un virus de transmisión por contacto.  Se prohibieron los abrazos. Se ordenó alejarse de todos  y se pidió que ese contacto humano que  no fue fácil de aprender para vivir en socidad, se abandonara por una temporada, a la que le dieron el feo nombre de cuarentena, en la que nos encontramos los colombianos en este momento, pues se trata de combatir un mal general, con una conducta general. Es la solución que sólo producirá efectos en  la medida en que sea atendida por todos.

Quitaron  los abrazos, que tanto habían unido. Prohibieron los abrazos sin necesidad de aducir razones morales, ni desafectivas. Bastó una razón de salubridad para decir que por primera vez los abrazos podían ser muy dañinos.

Tantos años aprendiendo a abrazar, para de un momento a otro dejar de hacerlo y además  tenerlo como una limitante, para no correr riesgos  de ninguna naturaleza. Tanto como decir que ahora los abrazos son sumamente peligrosos. Peligro que nadie debe correr, por motivo alguno.

Los abrazos han sido tan importantes en el ser  humano, es que es uno de los temas recurrentes en el más delicado de los lenguajes, que es el de la poesía.

Los poetas son quienes mejor han podido describir los abrazos y de ellos en más de una ocasión, se aprende a abrazar. Como cuando Joan Mengual nos canta:

Un abrazo tuyo,

de un dia cualquiera

alegra mi vida entera.

 

Un abrazo tuyo,

con un beso ardiente

es vital como el agua al torrente.

 

Un abrazo tuyo,

de esos que añoro

y que para mi son un tesoro.

 

Un abrazo tuyo,

lleno de canciones

hace que me llene de emociones.

 

Un abrazo tuyo,

que llene mi corazón

amoroso y lleno de pasión.

 

Un abrazo tuyo,

dámelo si te parece

porque se que me pertenece. 

La poesía entiende perfectamente el lenguaje de los abrazos y por eso en  los versos se pueden plasmar tantos, con todos los contenidos emocionales que se les quieran dar. Los abrazos y la poesía son de la misma familia.

En los abrazos se han inspirado desde siempre los mejores poetas. Muchos abrazos  son posibles de enriquecer si al momento en  que se entregan, cuando las cabezas están unidas de costado, se canta al oído del otro (a) un verso que le llene la totalidad de los sentidos.

“El más grande poeta del Siglo XX en todos los idiomas!”, al decir del maestro Gabriel García Márquez,  ha sido  Pablo Neruda, también, en muchas ocasiones, le cantó al abrazo y a los abrazo.

El novelista colombiano dijo esto del poeta chileno en Paris, en 1971, año en que Neruda fue declarado ganador del Premio Nobel de Literatura, por el conjunto de su obra poética.  Organizó una comida donde quería estar con sua amigos predilectos y uno de ellos el cataquero. Tuvieron varias entrevistas, hablaron de todo. Un canal de televisión chileno, Telesur, quiso que grabaran una charla para divulgarla masivamente. Con no poca reticencia aceptaron hacerlo. Durante  varios minutos hablaron de literatura, de poesía, de ficción, de realidad, de estilos de cada quien. García Márquez no se ahorró en elogios hacia Neruda e incluso en medio de la charla se atrevió a decir que todos los escritores  pueden ser ganadores del Nobel, sean  poetas o novelistas y que estaba complacido con esa distinción a su amigo y más lo estaría “cuando yo me gane el Nobel”, en una especie de premonición que se hizo realidad en 1982.

Neruda en sus Veinte Sonetos de Amor, en repetidas ocasiones tiene el abrazo, los abrazos, como un referente del lenguaje de los enamorados. Neruda en uno de esos bellos sonetos de amor, dijo algo contundente en cuanto al abrazo. Es mejor leerlo que referirlo.

 Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,

de dia con arcilla,con trabajo, con fuego,

y aprisionada tienes la agilidad del aire,

si no fuera  porque eres una semana de ambar,

 

Si no fuera porue eres el momento amarillo

en que el otoño sube por las enrredaderas

y eres aún el pan que la luna fragante

elabora pasando su harina por el cielo,

 

Oh, bienamada, yo no te amaría.

En tu abrazo yo abrazo lo que existe,

la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,

 

y todo vive para que yo viva,

sin ir tan lejos puedo verlo todo:

veo en tu vida todo lo viviente.

 

Con un abrazo que se le entrega a un ser amado, es posible que se abrace a todos. El poeta lo dice con exquisitez: es como abrazar al mundo, cuando se abraza con el gusto del amor. Un canto a una de las exoresiones mas completas que tiene el ser humano, como es el abrazo.

Ahora no podemos abrazar. Es por el bien de todos. Es la única vez, hasta ahora, que privarse de los abrazos es beneficioso para el colectivo.

Pero eso no significa, no puede significar que se olviden los abrazos. Jamás. Todos los abrazos que se quieren dar por estos días de aislamiento convenido, se deben ahorrar y cuando todo haya pasado, se deben entregar como deuda cierta. Los seres humanos en estos días se están debiendo muchos abrazos. Ya llegará el momento de darlos y recibirlos todos de contado, o poco a poco, como mejor se disfruten.   

Un abrazo siempre dirá tanto. Por eso deben recibir muchos, de contado  o a cómodas cuotas afectivas.