12 de agosto de 2022
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La vida después del virus

31 de marzo de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
31 de marzo de 2020

Desde luego el virus pasará, pero nadie duda que dejará muchas consecuencias que la sociedad tendrá que asimilar en un período más o menos corto. Consecuencias económicas y sociales.  Después de este período llegarán nuevas modalidades para las relaciones en la sociedad y la misma democracia se verá cuestionada y también suplantada por nuevas formas de sometimiento social que considerarán lo que hemos vivido en estos días de pandemia, amenaza, encierro, escasez, olvido,  atención, solidaridad. Tantas cosas diferentes llevadas desde los diferentes estados en los que debimos afrontar la amenaza o la misma enfermedad.

Quizás, y como una primera consecuencia social, el trabajo será el que reciba una nueva noción de cómo desempeñarse de manera no presencial. De hecho, ya muchas personas realizan sus tareas desde sus residencias y cumplen a cabalidad con lo que a su cargo se encomienda. Es muy posible que muchos de estos funcionarios estén cumpliendo tareas que antes no se les encargaban, como también es posible que se les vigilen sus aptitudes y rendimientos frente a las tareas hoy a cargo, tareas que antes se cumplían de manera conjunta y, en donde, como es usual, unos trabajan más que otros y esos otros se camuflan tras lo realizado comunitariamente.  De esto, ya podemos observar que un nuevo cargo cae sobre los empleados, como es la valoración del desempeño, lo que será computable.

Otra consecuencia sobre el trabajo es la que por días se ha venido discutiendo entre nosotros y que muchos no aceptan por considerar que degrada la función de quien presta sus servicios y se le paga por horas. En este aspecto es necesario asegurar los aportes por parafiscales conlleven a que, quien bajo esa modalidad preste sus servicios, alcance la protección de salud y de pensión correspondiente.

Este cambio en la contratación laboral, llamémosla burocrática, muy seguramente tendrá también efectos en otras labores de carácter presencial, como es la de los operarios en su puesto de trabajo, máxime cuando los equipos automáticos tendrán mayor aceptación en los procesos fabriles. De estos procesos tendremos que la máquina trabajará a un ritmo tal que, el operario que la alimenta o ve por su eficaz desempeño, tendrá en el robot un guardia implacable sobre su labor, lo que hará obligatoria la productividad para todos en donde quiera que desempeñen su labor, obligando de esta manera a un ritmo de trabajo y borrando la diferencia de productividad entre los operarios de un país a otro.

Pero en otras áreas no podremos escapar a las nuevas tecnologías, tecnologías que ya nos acompañan con los celulares, equipos estos con los que es posible determinar la ubicación en la que nos encontramos en todo momento. Inclusive, es posible determinar lo que decimos, lo que escribimos y cómo pensamos.

Los días que vivimos están mostrando, inclusive a los más escépticos, que el trabajo desde la casa es una realidad. Que el trabajo por horas será ineludible.

Y, como si fuera poco, los jóvenes ya están en el proceso del estudio vía virtual. Los educadores también, y de ellos se tendrá conocimiento de la forma, el modo y la calidad de lo que transmiten a sus educandos. De tal manera que ya no habrá escudo en la labor de los educadores para ocultar lo que en sus deberes se incumplió.

Muchas otras cosas tendremos en los años por venir, después del virus, que marcarán nuestras vidas. Luego hablaremos de lo que se viene para la economía y para la democracia cuando, como vemos, será posible vigilar el quehacer de los ciudadanos, lo que llevará a ponerla en un mismo plano con sistemas políticos que ya controlan a sus ciudadanos y sobre ellos imponen vigilancias extremas, delatoras, que los divulgan en caso de no aceptar sus mandatos.

Manizales, 31 de marzo del año del virus.