13 de junio de 2024

La peste

29 de marzo de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
29 de marzo de 2020

En los días que vivimos, la mayoría de nosotros mira a su rededor con cierto temor por lo que el tal virus representa como peligro para nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Tomamos las mayores precauciones posibles para evitar ser contaminados o para no llevar el virus a nuestras casas y, en tanto protegemos determinadas actividades nuestras, abrimos de par en par otras por las que, sin más y sin menos, puede colarse el mal. Esto nos lleva gran parte de nuestro día, pues estamos en guardia permanentemente.

Sí, hay que cuidarse del contagio del virus. No cabe duda. No obstante, otro tipo de virus merodea por nuestro rededor carcomiendo nuestra existencia poco a poco sin que nos enteremos que progresivamente invade nuestro ser y destruye lo que somos como seres humanos y nos incita a actuar de manera equívoca; errada. Se trata de la información que recibimos por los diversos medios que llegan a nuestras manos. Las redes se encuentran invadidas por correos o chats con mensajes de médicos, de especialistas en epidemiología, por otros que dicen saber cómo se debe enfrentar una crisis de esta naturaleza.  Otros nos cuentan uno por uno los muertos en otras latitudes, en tanto nos indican que para nosotros lo peor está por venir. Un tanto más allá, se aparecen los que magistralmente consideran que la pandemia nada nos trae de nuevo, ya que se trata de una gripa a la que hay que ponerle el cuidado debido y nada más. No faltan los que dedican su tiempo y su mayor esfuerzo a criticar lo que el gobernante hace para incitar a los ciudadanos a guarecerse y de paso impedir la propagación del mal obligando a permanecer en casa. Tampoco se detiene este tipo de sujetos a manifestar la forma en la que el gobierno, y la sociedad toda, debe atender a los que carecen de lo necesario para pasar esta etapa y contingencia. Ellos dicen saberlo todo y conocen mejor que nadie la oportunidad para hacerlo. Mañana saldrán a cobrar por lo que han dicho y no se les ha obedecido. Ya veremos.

Desde luego aparecen los que desde sus madrigueras elaboran toda una historia mediante la cual algunos seres humanos se han reunido con el fin de crear el virus que hoy nos ataca y señalan las patentes mediante las cuales protegen su diabólica invención. De paso, aseguran que la vacuna para contrarrestar el mal la tienen a buen recaudo y la pondrán al mercado en el momento en el cual la humanidad toda, rendida sus pies, implore por el remedio a su mal y pague lo que se le exija por él, con lo que aumentarán su riqueza a niveles nunca sospechados, a la par que podrán “eliminar” una buena parte de esa humanidad que de una u otra forma, desconocida para el común de los mortales, les estorba.

Así, se conforma toda una novela fundamentada en lo que algún escritor plasmó en una historia que creó para vender su libro. Igualmente, se alimenta en el argumento de una película truculenta que paralizó a los espectadores en alguna época. Se trae a colación el siempre presente vidente de desgracias para la humanidad, Nostradamus, adaptado al momento. Y como de fortalecer los argumentos se trata, hasta los Simpson, la caricatura, ha hecho referencia a un diabólico plan que refuerza lo que nos quieren vender.

Toda esa parafernalia que nos traen las redes, reforzada por los comentarios y prevenciones de los especialistas de todos los pelambres, se constituyen en el otro virus que corroe la estabilidad emocional de los ciudadanos. Estabilidad que de perderse nos llevará, ya no a enfrentar el virus, sino, a enfrentarnos entre nosotros en la locura generalizada.

Ya vemos algunas expresiones de esta naturaleza.

Manizales, marzo 29 del año del virus.