26 de junio de 2022
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En redes & Enredos

22 de febrero de 2020
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
22 de febrero de 2020
Pirámide de Chichén-Itzá

En reciente viaje a Chichén-Itzá (México), nuestro destino final era obviamente su famosa pirámide, una de las nuevas maravillas del mundo, pero tuvimos la grata sorpresa de descubrir en el trayecto a Valladolid, un pueblo colonial, así como el juego de la pelota y los cenotes en la ciudad sagrada, tras lo cual, al pasearnos por Yucatán, visitamos otros dos pueblos mayas que veremos en la próxima entrega.

Por ahora, hagamos un breve recorrido por Chichén-Itzá, desde el Museo Maya de Cancún, la moderna ciudad que es más, mucho más, que turismo de sol y playa, hoteles de lujo, centros comerciales y ventas a granel, donde las artesanías típicas llevan siempre las de ganar.   

Museo Maya de Cancún:

Al emprender el viaje por el fascinante mundo maya en Yucatán (México), cuyo destino principal es Chichén-Itzá, se recomienda ir primero al Museo Maya de Cancún, el cual se levanta sobre la vasta zona arqueológica cuyo principal atractivo es La Pirámide, una de las muchas que se encuentran en el vasto territorio habitado antes por aquel pueblo indígena y sus primos aztecas.

Museo Maya de Cancún

En este museo pueden apreciarse bellas figuras decorativas en las edificaciones, así como la representación de seres sobrenaturales y miembros de la Corte real, entre otros personajes que son claros exponentes de aquella extraordinaria cultura mesoamericana.

Abundan, además, los portaincensarios, objetos rituales donde se quemaban resinas vegetales en los braceros para las ceremonias religiosas. Allí aparecen también deidades cuyas imágenes, con el estilo propio de esa cultura, nos sorprenden todavía por su extraña y seductora dimensión artística.

Escala en Valladolid:

En un confortable bus de turismo, pintado con típicas imágenes mexicanas, salimos temprano rumbo a Chichén-Itzá.

Pero, antes de llegar a nuestro destino nos detuvimos en Valladolid, antiguo pueblo de origen colonial, que parecía esperarnos con su borrachito esculpido a la entrada de un almacén, su pequeña fuente en la plaza principal (que nos remontó de inmediato a los años de infancia) y su imponente iglesia, donde no podía faltar la Virgen de Guadalupe, acompañada por la bandera nacional, prueba cabal de la honda fe católica y el fuerte nacionalismo del país de los manitos.

Ya estábamos, pues, listos para lanzarnos, por fin, a la conquista de Chichén-Itzá.

El juego de la pelota:

La Pirámide de Chichén-Itzá es majestuosa, imponente, única. Todos los adjetivos se quedan cortos para exaltarla y describir la alegría y el asombro que sentimos al contemplarla por primera vez. Es, sin duda, la máxima expresión de la cultura maya, digna de su aún reciente proclamación como una de las nuevas siete maravillas del mundo. Su imagen, que encabeza el presente artículo, es apenas digna de verla y admirarla.

Chichén-Itzá, sin embargo, no es sólo la pirámide. Como ciudad sagrada, fuera de su templo está el igualmente célebre juego de la pelota o, mejor, la cancha donde los jugadores vencidos eran sacrificados en lo más alto de la Pirámide, derramando su sangre y ofrendando sus cuerpos como alimento a los dioses.

La cancha, a su vez, contiene los dos pequeños aros donde los equipos rivales debían introducir la pelota y las imágenes talladas en piedra de los sacrificios humanos con sus cráneos, exaltando a la muerte como prueba de heroísmo.

“Así como los dioses nos dieron su sangre al crearnos, hay que darla por ellos”, decían los mayas.

La magia de los cenotes:

Y están los cenotes, pozos amplios y profundos que los mayas consideraban sagrados no sólo por ser fuentes de agua que dan la vida sino como ventanas al inframundo de sus dioses.

Cenote en Chichén-Itzá

Son tan deslumbrantes como la Pirámide y el amplio escenario en que tenía lugar el juego de la pelota en Chichén-Itzá, donde se conservan tanto el de mayor importancia en la época precolombina como el que hoy es visitado por miles de turistas atraídos con la belleza espectacular de sus aguas mansas y transparentes, sobre las que cuelgan, en un vuelo surrealista, largas ramas suspendidas en el aire.

Turistas que, con sus inseparables cámaras fotográficas, disfrutan a sus anchas el ambiente mágico, como de cuento de hadas, que allí está presente.

(Próxima entrega: Despedida de Chichén-Itzá)

(*) Escritor y periodista – Ex director del periódico “La República” – [email protected]