17 de septiembre de 2021
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El partido mayoritario

26 de febrero de 2020
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
26 de febrero de 2020

«Qué bueno ser mayoría que bueno ser liberal», decían los derivados del Santanderismo, mientras que sus opositores azules replicaban » Que viva el glorioso partido conservador». En otras partes, llámense demócratas o republicanos, o quizás laboristas, o social cristianos, ninguno, y mucho menos los de izquierda o derecha radicales, se pueden dar el lujo de ostentar una mayoría tan significativa como lo es la que acarrea la ambición excesiva y desbocada, acompañada de la avaricia.

El ambicioso obsesivo no tiene partido, pues su verdadero «dios» y color político es solamente el dinero, y con el intenta por todos los medios ganar a cualquier precio, apoyando precisamente solo a aquel que se adapte a su modelo de acaparamiento. Uno de sus acompañantes predilectos es la corrupción, uno de los males que hoy por hoy afecta inmisericordemente a la sociedad y a sus instituciones.

Frente a ese partido solo existe una alternativa para derrotarlo y ella está directamente relacionada con la educación y la reunificación de la familia, en un proceso que aunque tarde muchos años, restaurará los pilares de moral, ética, y civismo tan necesitados en los tiempos actuales.