26 de junio de 2022
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Deliberancia, acecho, mora, profeta-profetisa

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
25 de febrero de 2020
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
25 de febrero de 2020

Quisquillas de alguna importancia

¿Por qué, no, don Eduardo, “de toda clase de plagas, incluidas las humanas”

Del mismo autor, dos citas con la misma imprecisión: “En mi caso manifestaba la importancia  de fomentar escenarios de deliberancia…”. “…Samuel Ángel a quien le envié una cordial invitación (…) ofreciéndole un espacio de deliberancia”.  (LA PATRIA, Francisco J. González S., 11/2/2020). Este columnista inventó la palabra ‘deliberancia’, que, aunque bien formada, pues se basa en el participio presente del verbo ‘deliberar’ (‘deliberante’), aún no ha recibido la bendición de la Academia, quizás porque ya tenemos el sustantivo ‘deliberación’ (‘acción de deliberar, conversar, discutir’; ‘acción de dar la libertad’), y, antiguamente, ‘deliberamiento’ (con el segundo significado), entrada borrada de la vigésima segunda edición de El Diccionario (2001). En castellano son innumerables los sustantivos abstractos femeninos que terminan en ‘-ncia’ (‘-ancia’, ‘-encia’), cuyo significado depende de la base de la cual se derivan, por ejemplo, ‘benevolencia’, de ‘benevolente’; ‘paciencia’, de ‘paciente’; ‘tenencia’, de ‘teniente’, etc. Algunos de esos nombres son de ‘cualidades, virtudes’, por ejemplo, ‘prudencia’; de ‘actitudes’, verbigracia, ‘beligerancia, arrogancia’, y de ‘conocimientos’, como ‘ciencia’: enumeración esta que no agota su clasificación. En fin, lo que quiero decir es que un nombre con las desinencias expuestas no expresa lo mismo que uno terminado en ‘-ción’, desinencia que “forma sustantivos verbales, que expresan acción y efecto”, como ‘deliberación’, ejercicio en que participan ‘activamente’ los asistentes. ***

De acuerdo con su definición, la acción del verbo ‘acechar’ (“Observar, aguardar cautelosamente con algún propósito”) solamente la pueden ejecutar los ‘animales racionales’, aunque los irracionales también lo hacen por instinto. Por esto, me parece impreciso el uso de ‘acechos’ en la siguiente afirmación: “…todos aquellos que no cuidan los árboles de su entorno y los dejan atacar de toda clase de acechos” (LA PATRIA, Eduardo Durán Gómez, 15/2/2020). ¿Por qué, no, don Eduardo, “de toda clase de plagas, incluidas las humanas”? ***

Con frecuencia me he referido al empleo apropiado de las preposiciones en la redacción. En una de sus cartas a Juan José, el Fraile escribió: “Yo creo que los aficionados a la Fiesta Brava están a mora de salir a defender públicamente esta actividad…” (LA PATRIA, 16/2/2020). La locución correcta es ‘estar en mora’, que implica ‘estabilidad’, no ‘movimiento’, que es lo que generalmente significa la preposición ‘a’. Y el redactor de la nota sobre el robo al Banco de Colombia de la Avenida Santander escribió: “…la defensa de los señalados puso en duda la procedencia de la botella y la aparición de esta a la escena del crimen” (Ibídem, Sucesos, 19/2/2020). “…la aparición de esta en  la escena del crimen”, porque la bendita botella ‘estaba’ ahí después del robo: ahí se le quedó al sediento. O también, y con la preposición ‘a’, “y la llegada de ésta a la escena de crimen”, es decir, cómo llegó y quién la llevó. ***

Refiriéndose a la adolescente Greta Thunberg, el periodista Jorge A. García Ramírez escribió: “Donald Trump la etiquetó como una profeta del pesimismo y una alarmista” (LA PATRIA, 18/2/2020). Hasta la arriba citada edición de El Diccionario, el femenino de ‘profeta’ era ‘profetisa’, con la acepción de “mujer que posee el don de profecía”. ‘Profeta’ designaba sólo a los hombres que poseían el mismo don, a los videntes y adivinadores. Y así debería ser, como los términos ‘poeta’ y poetisa’. ¿Qué necesidad había de cambiar esto? No se remienda lo que no está roto. Pero la Academia de la Lengua hizo en la última edición de su diccionario (XXIII, 2014) esta variación: Profeta, isa. (Del latín propheta). m. y f. 1. Persona que posee el don de profecía. // 2. Persona que por señales o cálculos hechos previamente, conjetura y predice acontecimientos futuros”. El mismo cambio lo hizo para ‘poeta’ y ‘poetisa’. ¿Por qué no, mejor, eliminar de una vez las respectivas voces femeninas, que tanto detestan algunos y que muchos escriben con zeta? Y hacer de los masculinos, términos ambiguos. Como hizo el famoso aquel con el ‘nudo gordiano’. Amén.

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