9 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un museo es insuficiente para construir la memoria del conflicto

21 de enero de 2020
21 de enero de 2020

Por tener sus espacios ya delimitados y una función más ligada a la exposición y conservación de objetos, los museos se podrían quedar cortos ante la necesidad de construir memoria por parte de todos los actores del conflicto.

A esta conclusión llegó la diseñadora Viviana Marcela Rodríguez, magíster en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, después de adelantar un estudio de caso en el Museo Casa de la Memoria Medellín (MCMM), a partir del cual analiza y cuestiona la forma en que se transmite la construcción de memoria colectiva mediante dispositivos museísticos.

El trabajo se concentró en la Sala Central del Museo, la cual alberga la exposición principal “Medellín: memorias de violencia y resistencia”, y se complementó con entrevistas a funcionarios e investigadores que estuvieron presentes en la concepción de este espacio.

Su objetivo principal fue comprender los procesos de memoria colectiva que se narran a través de algunos artefactos del MCMM, para lo cual se dividió en tres fases: la primera sobre el proceso de origen y creación de la Casa Museo, la segunda sobre los dispositivos empleados en la investigación y la tercera sobre el estudio de públicos.

En la primera fase se detectó que no había documentación suficiente, lo que llevó a construirla a partir de entrevistas y diálogos con diferentes agentes. “Así mismo dejó entrever que las pugnas políticas, económicas y sociales que tuvo la creación de esta institución han ocasionado que los valores y objetivos enunciados dentro de su misión y visión no se cumplan, pues cuando se cambia de gobierno también se cambia la Dirección del museo y no es posible llevar una línea narrativa continua, lo que podría desembocar en la distorsión de episodios del conflicto y de sus actores”, advierte la diseñadora.

Para la segunda fase es importante recordar que estas exposiciones deben hacer evaluaciones cada 5 o 6 años para definir qué está funcionando y qué se debe cambiar.

Para ser relevantes, los dispositivos museísticos –que son representaciones artísticas de diferentes actores sobre distintos episodios del conflicto– deben tener tres características: sensibilidad, comunicabilidad y responsabilidad; para que estas se cumplan deben estar soportadas en tres cargas: narrativa, simbólica y metafórica.

“La carga narrativa abarca toda la investigación que se hace y el contenido del dispositivo; la simbólica obedece a la identificación del elemento con el que la mayoría de gente siente representado el mensaje; y la metafórica complementa la narrativa y la simbólica, pues ayuda a la transmisión semántica del mensaje que se quiere hacer llegar al público”, destacó la investigadora.

La tercera fase –estudio de públicos– se concentró en los tres dispositivos más elegidos por los usuarios, que son: los que hacen alusión a los campesinos; a la academia y los periodistas; y a la guerra y la vida.

Para la magíster Rodríguez, la intención de las encuestas era lograr un acercamiento con el público para saber qué está bien en los dispositivos, qué no está funcionando y qué están generando. “Aunque en el papel se puede plantear una cosa, en la realidad pasa otra, lo cual podría generar la aparición de memorias tóxicas, que lo único que hacen es recordarle a la víctima lo que pasó, pero no la ayudan a continuar con su duelo y seguir adelante”.

Las diversas respuestas llevaron a la investigadora a inferir que los dispositivos podrían no estar respondiendo a las necesidades de los visitantes ni generando las emociones o reacciones para los cuales fueron creados.

“Los asistentes a una exposición ya tienen ciertas cargas adquiridas de los hechos, y estos artefactos también deben permitirles tener distintas interpretaciones de lo que está pasando. Si la carga simbólica y metafórica es buena, aunque haya distintas interpretaciones esto se queda; esa es una de las complicaciones para desarrollar estos dispositivos: que se desconoce la carga del visitante”, explica la magíster.

Según estas condiciones, se deja abierto el debate sobre cuál sería la mejor opción para poder construir memoria: un museo, una casa museo o un centro de memoria.

“Un centro de memoria permite construcciones, exposiciones itinerantes y que la gente se encuentre en un punto para crear, en un país como el nuestro, que sigue en una situación de violencia y donde realmente no podemos quedarnos en hablar y no ayudar a construir, en el que necesitamos seguir adelante”, considera la magíster Rodríguez.

En ese sentido, para ella un centro es perfecto, porque permite tener mayor concentración de talleres y actividades que permiten confluir a la gente y sembrar esperanza.

El MCMM surgió gracias a la “Ley de víctimas y restitución de tierras” (1448 de 2011), la cual busca resarcir parte del daño ocasionado a las víctimas del conflicto armado mediante una reparación no solo material sino también simbólica, lo que ha generado que el Estado y la comunidad creen distintas entidades para las representaciones de la violencia y articulaciones sobre la visión de la memoria, entre las que se encuentran centros, museos y entidades culturales.

En consecuencia, en 2013 se creó el MCMM, único museo de la memoria con apoyo gubernamental del país, ubicado en Antioquia.

Con información de UN -Unimedios