26 de febrero de 2021
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Risaralda: un aniversario entre pobreza, desigualdad y droga

31 de enero de 2020
31 de enero de 2020

El susurro de la corrupción

-La guerra por el poder ambiental

-Territorio oscuro y de bandas

-El estornudo gremial

-No somos nada en el PIB nacional

Por Álvaro Rodríguez Hernández

Risaralda pese al auge y al avance en muchos sectores, carga una pesada cruz: el lastre por el auge del consumo desmesurado de sustancias psicoactivas y alcoholismo, entre su población joven, las repetidas amenazas a líderes  sociales, anarquía de su dirigencia, obras inconclusas cuyos contratos están por estallar, malas vías en sus 14 municipios y una crisis institucional de los partidos políticos.

Su bandera ya no es lo que representaba como Verde y emprendedora por la parcela de su territorio y el auge de la minería ilegal. Su escudo, ni abejas ni piñas, sacuden la naturaleza.

La conmemoración saca a relucir una realidad: un eslabón moreno de la trietnia que somos abandonada. Risaralda, como lo expresa siempre el gobernador del Risaralda, Victor Manuel Tamayo Vargas, con firmeza, existen dos Risaralda.

Por eso es el tour o la gira de la Risaralda confusa, desigual y abandonada. Sin acueducto, alcantarillado y con obras abandonadas por contratistas ladrones.

ESTUPEFACIENTES Y POBREZA

Hoy otra: la abandonada entre excesivos indicadores de consumo de estupefacientes y pobreza. Eso la hace hoy diferente. Le acompaña la inseguridad escondida que poco a poco, sale a flote.

Las cifras son de temor y llama hoy a las prioridades de la Risaralda profunda. Pueblo Rico, tiene 16 mil habitantes….

Santa Cecilia, es una parada obligada de la ilegalidad que trata de meterse entre la pobreza y el hambre.

TERRITORIO DESIGUAL

A ello, se le debe sumar su creciente desigualdad. No es un secreto decir que Risaralda respira corrupción. El variado surtido de escándalos la incluyen en un top 10 de departamentos que afrontan  crisis ética y moral. El salpique ha golpeado a diversos sectores banderizos y nada pasa.

Incluso, las bandas criminales crecen entre la expectativa de la inseguridad y lo ilegal.

Son 14 municipios que decaen en población e ingresos. Cada vez son menos, gran parte de ellos. No tienen credenciales.

LA GUERRA AMBIENTAL

Hasta la guerra por lo ambiental sacude su geografía. Poderes nefastos viven un encarnizado panorama para hacer uno de los últimos bastiones que había estado alejado de la tenebrosa puja por la sabrosura de sus contratos y de su mayor capital: el humano.

Este primero de febrero, entonces, el gobernador Víctor Manuel Tamayo Vargas,   quien repite cargo – antes lo había hecho por el conservatismo que para la segunda vez le negó el apoyo –  que conoce bien el territorio, decidió conmemorar este aniversario desde la Risaralda profunda y  siempre olvidada: el corregimiento de Santa Cecilia, al occidente del departamento. La vía sigue abandonada. Territorio de enigma. Sus lìmites como en el resto del departamento, los agobian el desempleo, la la pobreza, daño en la estructura social.

MIGRANTES

No hay peores daños por el ingreso de divisas provenientes de otro daño humano: las personas que abandonan el territorio en la búsqueda “de nuevos horizontes” que deslegitiman sin salidas. Son una especie de trampa humana: los abuelos cuidan de sus nietos. Hombres y mujeres, encarrilan senderos de esperanza.

Leonardo Fabio Siágama, no desconoce la feria de contratos que no se entregan en obras vitales y en la Santa Cecilia, que limita con Chocó, sumida en una pobreza y hambruna. Allí se ven negros e indígenas. Igual mestizos que huyen muchas veces del asedio del cruce de grupos ilegales.

Los últimos gobiernos poco son dados a aceptar la existencia de éstos.

EL SUSURRO DE LA CORRUPCIÒN

El inventario va en camino. A flote, apenas empieza el susurro desde los municipios de proyectos viales que no concluyen, obras deportivas que no se entregan y comunidades al garete por ausencia de Estado.

Pese a todo, Risaralda, se revuelca entre unos empobrecidos municipios que apenas se mueven en busca de salida a su crisis derivada por la falta de generación de recursos propios y al excesivo centralismo.

TERRITORIO OSCURO 

El territorio tiene límites como problemas. Nadie atina a decir cuántos son de verdad sus habitantes dentro de la mentira oficial repetida.

Mucho menos lo que representa su Área Metropolitana con la crecida de sus construcciones. Igual, que Santa Rosa, donde ruge la corrupción y tiene un alcalde que hizo sonar las alarmas para depurar viejos poderes y lumbre la justicia.

Dosquebradas está en una terrible encrucijada. En un laberinto y en un manto espeso de gobernabilidad. Pero eso no parece interesar a nadie.

Su caparazón cartográfico emerge entre uno de los 32 departamentos de Colombia.

Es un departamento pequeño -4140 kms2- que entró a forma parte de la Región Administrativa de la otrora mariposa verde.

CADA VEZ MENOS VERDES

En sus 365.300 hectáreas, desaparece el verde de los cafetales. Risaralda da un giro en el uso de suelos. Cada vez más árboles son talados y hay extensiones de tierra que ceden a la industrialización. De la anarquía del territorio que ve más aguas sucias, menos control al territorio y un quiebre significativo a lo que en otrora fuese considerado como un verdadero paisaje cultural cafetero.

Su territorio, apretado por las cordilleras central y occidental,  es un punto verde en el mapa nacional que poco o nada significa en el PIB.

En síntesis: por su territorio desde 1095 pertenece a caldas y ya en el 1966 creado como departamento. Lo político y lo administrativo, fueron una cacería de viejos gamonales y èlites encumbradas que querían su pedazo. El Antiguo Caldas, quedó mal repartido. Lleno de exabruptos geográficos y de cupos clientelares a su favor.

Risaralda vive en gran parte de lo que le despacha el poder central capitalino.

EL ESTORNUDO FINANCIERO

Es un estornudo en la armadura de capital. De lejos nos ven desde Bogotá.

Pero hoy, la integración se vive no de una forma real pese a lo que se quiere hacer figurar y a los amagos fuertes de proyectos que buscan desarrollo individual.

La movilización social es imperceptible, pese a los diversos tonos políticos que la acompañan en esa policromía de poder, esparcida en no menos de 14 directorios políticos y movimientos express de causas perdidas.

La descentralización es una espuma sin molde dentro de la oficialidad conspicua.

CRISIS GREMIAL

El poder sigue enquistado en manos de los de siempre. Pero eso no es lo peor: respira, palpita, en liderazgos no sólidos ni creíbles. Poca confianza generan en la lupa ciudadana.

Hasta el punto que su liderazgo está en entredicho. Los emergentes, jóvenes, no emergen.  Fosilizados.

No generan entusiasmo. Muchos de representativos gremios han perdido vigencia. No lideran, no capotean la tormenta por regir o direccionar un nuevo Risaralda.

Cerca de 30 gremios que cada vez se reducen en su papel de entregar insumos para un desarrollo apropiado en medio del debate político y la encrucijada administrativa.

No se pronuncian sobre los destinos de la ciudad. No se apartan de sus rígidos intereses.

Ya quizás, no exista la “recia fusión poderosa de civismo, de brazo y montaña”.

No es cierto que existan hoy “inmortales perfiles de estatua”.