20 de enero de 2022
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Marchas de marchas

31 de enero de 2020
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
31 de enero de 2020

Ya estamos saturados de marchas y cacerolazos orquestados por los amigos del desorden y dirigidos, o mal orientados, por los fracasados dirigentes sindicales, los que han llevado un movimiento que en esencia es bueno, por los senderos de lo que siempre han sabido hacer, que no es otra cosa que agregarle a las razones iniciales, cuanto perendengue se les antoja en procura de sumar adeptos y simpatizantes, pero que llevan a que se pierda la motivación central y lo que en esencia es fundamental.

Pienso que a la gran mayoría de los marchantes les importa un bledo la OCDE y que Colombia esté allí o no. De igual manera poco más les da que Ecopetrol tenga socios particulares. Menos les interesa que el Estado Colombiano cree un Holding para que allí se centren las inversiones del estado en cuanta empresa tiene, cosa que creo que ni los mismos ministros tienen al tanto. Empiezo por creer que la gran mayoría no entiende ni sabe que es un Holding ni para qué sirve.  En cuanto a temas tributarios, una encuesta seria nos diría que, de los marchantes, la inmensa mayoría no tiene obligación de declarar renta, razón por la cual nada sabe sobre el tema. Podría seguir enumerando temas que si bien importan a algunos, en nada tienen referencia con lo que otros aspiran a conseguir. Allí, en ese maremágnum, al que han expandido los 13 puntos iniciales, se han ahogado las mejores razones para la protesta y se han diluido los esfuerzos para conseguir algo.

Lo cierto es que, de entre todo ese berenjenal que han venido desarrollando, de lo poco que es rescatable es el tema de la educación. Más, sobre el fondo de la misma, nada se ha dicho o tratado, como si lo único importante y para resaltar, fuera el presupuesto asignado a ella. Desde luego el presupuesto es importante y hay que destacar que el Estado ha destinado más recursos que nunca a este desarrollo para el año 2.020. Pero hasta allí se ha llegado.

Resulta raro, por no decir que absurdo, que nadie haya reclamado por la calidad de esa educación. Quizás porque dentro de los que han llamado a las marchas se encuentra FECODE, entidad sindical que dice aglutinar a los educadores. Y digo que es absurdo que no se hable, no se cuestione, no se exija calidad en la educación que viene entregándose a los colombianos. ¿Será que creemos que repitiendo lo mismo vamos a conseguir resultados diferentes? ¿Será que no nos llama la atención que en las pruebas PISA ocupamos los últimos lugares en comprensión de lectura, en matemáticas y en otras áreas del saber? ¿Y no nos preguntamos quienes están atrás de la mejora en la educación, en su desarrollo?  ¿Podremos achacarle la responsabilidad a ese fracaso a los políticos, a los obreros, a los empresarios, a los policías, a las amas de casa? Y, lo que es peor, casi el sumun del despropósito, es que los estudiantes, los directamente afectados, los que son el resultado de ese desgaire, de esa mala educación, salen calán, calán,  a apoyar a quienes los tienen en ese atraso y son responsables de ello. Responsables de su atraso mental y de desarrollo, lo que les recorta las oportunidades de progreso y competencias.

Y los ciudadanos del común también estamos obligados a llamar la atención sobre este problema de la educación, como quiera que los recursos que se destinan a ella provienen de nuestros impuestos. La exigencia desde la sociedad tiene que ser real y permanente. No podemos permitir que lo que se entrega como educación a los niños y jóvenes sea de cualquier naturaleza., tal y como se hace hoy, cuando los que dicen ser educadores poco interés muestran en sus educandos. Cuando la repetición de la repetidera es lo común. Cuando se llenan horas de tiza – lengua – y tablero como si con ello bastara para que los jóvenes entiendan lo que leen, analicen los procesos matemáticos con agilidad y entendimiento. Cuando el afán por hacer de ellos mejores y más competentes ciudadanos no existe. Como si el ejemplo que de ellos emana no tuviera importancia.

El buen uso de los recursos destinados a la educación es esencial en todos los órdenes. No sólo en la formación preuniversitaria. También los es en la universidad, y allí con mayores veras, pues en los desarrollos que en ella se dan, la evaluación que se haga debe llegar a retroalimentar lo que se hace en los primeros años. Pero no, lo que en la universidad se da, no tiene comunicación con los años superados, quizás porque los que en la universidad educan traen la mediocridad que sobre ellos se engendró.

¿Y los jóvenes en que piensan ahora que se encuentran activos y con interés en lo que se les viene encima con las nuevas tecnologías y las nuevas formas de trabajo? ¿Seguirán como vienen?

Aquí hay tela de donde cortar.

Manizales, enero 31 de 2.020.